viernes, 22 de enero de 2010

Cuatro años


Cómo pasa el tiempo... Hace sólo unos días que empezó mi quinto año bloguero, y yo con estos pelos. ¿En qué se ha convertido esto? ¿Es lo que yo esperaba? ¿Es lo que quería? En realidad no me planteaba nada cuando colgué esa primera entrada simplona y vacía, pero aquí estamos. Mi marmotilla se hace mayor.

Hace ya bastante tiempo me entrevistaron para un reportaje de televisión. La periodista estaba empeñada en hacerme decir que un blog era como un diario personal en internet, algo que por supuesto me negué a pronunciar (por suerte había confianza). Ni creo que sea una buena definición ni quiero que esto, en concreto, se convierta en algo así. Pero está claro que en todo lo que escribes dejas algo de ti.

Repaso las entradas viejas y algunas me dan vergüenza. O por lo que expongo, o por las gilipolleces que suelto, o por lo mal construidas que están. Y todas dicen algo sobre lo que yo era en ese momento. Por alguna razón seguís viniendo, y a veces son las cosas que a mí me parecen más bobas las que más éxito tienen.

El sábado me voy de vacaciones y desapareceré durante unos días. No muchos. Gracias por estar ahí.

La imagen, otra vez, es de Locustone.

viernes, 15 de enero de 2010

A propósito de Haití



Prometo no volver a mencionar La carretera por muy sobrecogedoras que sean las informaciones que no parar de llegar desde Haití. En lugar de eso, citaré a Naomi Klein en La doctrina del shock, donde habla de la "recuperación" de Sri Lanka tras el tsunami que en 2004 arrasó la zona. Quizá sea un buen momento para recordarlo.

Parecía también que el país iba a poder contar con el apoyo internacional para su esfuerzo de recuperación. En un principio, la ayuda no provino de los gobiernos, que fueron muy lentos en su respuesta, sino de individuos que habían visto el desastre por televisión (...). En seis meses se recaudaron 13.000 millones de dólares, un récord mundial.

En los primeros meses, gran parte del dinero para la reconstrucción llegó a los receptores previstos: ONG y organismos de ayuda llevaron comida y agua de emergencia, tiendas de campaña y refugios temporales; los países ricos enviaron equipos médicos y suministros. (...) Pero cuando seis meses más tarde estuve en Sri Lanka, el progreso se había detenido. Apenas había casas permanentes y los campamentos estaban empezando a parecerse cada vez menos a refugios de emergencia y más a tugurios de chabolas consolidados. (...)

El ambicioso plan para rehacer Sri Lanka era dos años anterior al tsunami. (...) El gobierno de Estados Unidos estaba tan entusiasmado con el potencial de Sri Lanka como destino turístico de alto standing (...), que USAID [Agencia de Estados Unidos para el Desarollo Internacional] lanzó un programa con el fin de organizar la industria turística de Sri Lanka, (...).

Pero antes de que Sri Lanka pudiera cumplir con su destino como centro lúdico del grupo de la "plutonomía", existían algunas áreas que necesitaban mejoras drásticas de manera urgente. Lo primero que tenía que hacer el gobierno para atraer complejos turísticos de primera categoría era disminuir los obstáculos de la propiedad privada de la tierra (...). Necesitaba una legislación laboral más "flexible" (...). Igualmente, necesitaba modernizar sus infraestructuras (...). Los habituales acuerdos estaban encima de la mesa: préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional a cambio de acuerdos para abrir la economía a la privatizaciones (...).

Todos estos planes y condiciones se dispusieron cuidadosamente en el programa Regaining Sri Lanka (...).

Como todos los planes de terapia de shock, Regaining Sri Lanka exigía muchos sacrificios en nombre de una rápida reactivación del crecimiento económico. (...)

El problema para los partidarios de este plan era que, simplemente, muchos habitantes no creían que esos sacrificios valiesen la pena. Era el año 2003, y la fe ciega en la globalización hacía tiempo que se había extinguido, especialmente después de los horrores de la crisis económica asiática. El legado de la guerra resultó ser también un obstáculo. (...) Ahora que finalmente había llegado la paz, a los más pobres de entre los pobres se les pedía entregar sus pequeños terrenos y pertenencias (...) para que un Marrit o un Hilton pudiera construir un campo de golf (...). Parecía un pésimo trato, y los srilankeses respondieron consecuentemente.

En abril de 2004, los srilankeses derrotaron a todos los expertos extranjeros y empresarios locales votando una coalición de centro-izquierda autodenominada marxista que prometía abandonar el plan (...).

Ocho meses después de esas fatídicas elecciones golpeó el tsunami. (...) El gobierno recién elegido necesitaría miles de millones de los acreedores extranjeros para reconstruir hogares, carreteras, escuelas y vías de ferrocarril destruidos durante la tormenta. Y esos acreedores sabían bien que, cuando se enfrentan a una crisis devastadora, incluso los más comprometidos nacionalistas económicos se vuelven de manera repentina más flexibles. En cuanto a los granjeros más militantes y los pescadores que habían bloqueado calzadas y organizado reuniones masivas para desbaratar sus intentos previos a fin de salvar la tierra de la explotación, bien, en este momento, los aldeanos de Sri Lanka estaban ocupados en otro asunto.

La foto de Haití es de mizjellybean.

jueves, 14 de enero de 2010

Aquí, allí y en ningún sitio

Ten presente que las cosas que te metes en la cabeza están ahí para siempre, dijo. Quizás deberías pensar en eso.
Algunas cosas las olvidas, ¿no?
Sí. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar.



Bajas las escaleras de esa especie de cueva y ves a Paco, sentado desnudo y pensativo. Se apoya descuidadamente en la silla, pero parece preocupado por algo a lo que sabe que se tiene que resignar. De lejos, distante, Asun le observa. Está dolida, pero él no se da cuenta. Manuel está muy solo. Como la criatura agonizante en la arena. Como todos esos personajes que de lejos parecen niños y de cerca no son más que un grupo de seres abandonados con sus problemas que se ignoran los unos a los otros.

No sé si me pilló blandita o qué, pero hubo un momento de la visita al Torreón Fortea en el que pensé que me iba a sentar en medio de todas esas esculturas y me iba a poner a llorar. Esas figuras de resina tan humanas me hicieron volver a pensar en lo solitarios que son todos los individuos anónimos con los que nos cruzamos cada día, que cargan con su saco sin saber a dónde ir, como el padre y el hijo de La carretera. Ni te importan ni les importas, pero sus ojos están allí, mirándote fríamente y recordándote que no eres distinto a ellos.

Quería recomendaros la exposición de Steve Gibson y se me pasó. Terminó hace sólo unos días. Tampoco sé si os habría provocado la misma sensación que a mí, que se me clavó hasta el tuétano. Sólo puedo deciros que, de alguna manera extraña, volvió a recordarme al libro del que hablaba en la entrada anterior, del que sale la cita que encabeza esto. Ya os digo que me impresionó. Nada importa.

domingo, 10 de enero de 2010

Se va a morir

Solo tenía hambre, papá. Se va a morir.
Se morirá igualmente.
Está muy asustado.
El hombre se puso en cuclillas y le miró. Yo también estoy asustado, dijo. ¿Entiendes? Muy asustado.
El chico no replicó. Se quedó sentado con la cabeza gacha, sollozando.
Tú no eres el que ha de preocuparse por todo.
El chico dijo algo pero no pudo entenderlo. ¿Qué?, dijo.
Levantó la cara húmeda y tiznada. Sí que lo soy, dijo.


Creo que no he vuelto a ser la misma desde que leí La carretera. Como en El señor de las moscas o el Ensayo sobre la ceguera, la historia del ser humano en situaciones extremas resulta siempre desasosegante. Si además el único objetivo es seguir un camino que no lleva a ninguna parte, la cosa se convierte en insoportable.

Supongo que yo moriría en cuanto la temperatura bajase de 17 grados. Ya me estoy muriendo ahora, aquí en mi casa... O en cuanto llevase día y medio sin comer o cuatro caminando medio descalza. Sería mejor así, sin llegar a tener que enfrentarme a mis propios límites morales sin ni siquiera alguien a mi lado que me recordase que éstos existen. Y sin plantearme el sentido de seguir buscando la última lata de lentejas sobre el planeta.

En una de esas conversaciones que empiezan con comentarios de cine y acaban con reflexiones delirantes, hablaba hace unos días con Iñaky y Eduardo sobre el fin del mundo. Sobre cuánto tardaríamos en reconstruir la civilización si ésta fuera completamente arrasada.

¡Cientos de años! No, hombre, tanto no. ¿No ves que ya tenemos los conocimientos? Sólo tendríamos que volver a utilizarlos. ¿Estás seguro? ¿Sabes cómo se hace el plástico, cómo funciona un ordenador o cómo se extrae el carbón? La sociedad sabe mucho, pero ninguno de nosotros, como individuos, tenemos ni idea de casi nada.

Genial, lo llevamos claro. ¿Y en la película, qué pasaba? Que escogían a unos pocos elegidos sabios y útiles y se los llevaban en naves. Ya... Pues uno de publicidad, otro de audiovisuales y una periodista no iban a tener ni media posibilidad.

Ya tengo dos propósitos de año nuevo. Uno es imprimirme la lista de premios Pulitzer de novela y utilizarla como guía, visto lo muchísimo que me han gustado los que he leído hasta ahora. El otro es aprender a hacer fuego. Sólo por si acaso.

La foto es de Locustone, al que le gustan los árboles que dan miedo.

miércoles, 6 de enero de 2010

De traiciones y tradiciones



Ya sé que no es su culpa y que seguramente yo era igual, pero cada 5 de diciembre, cuando veo por la tele a los niños enumerando con voz chillona todos los regalos que quieren mientras sus padres les miran con cara babosa, me dan ganas de acabar con todos esos pequeños tiranos.

¿Sabéis? Descubrir que mis padres me habían mentido con lo de los Reyes Magos fue seguramente la mayor decepción de mi infancia. Yo era uno de esos críos inocentones que cuando escuchaban a sus compañeros decir que todo era una farsa, respondían: "no tenéis ni idea, mi papá y mi mamá nunca harían algo así". Me recuerdo sentada junto a la mesa de la cocina preguntando: "y entonces, ¿el ratoncito Pérez tampoco existe?". Pues no, el ratoncito Pérez tampoco.

Me quedé hundida, no entendía nada. No podía comprender que esas dos personas a las que yo quería más que a nada me estuvieran diciendo que llevaban años mintiéndome y que no pasaba nada. ¡Mintiéndome! ¿No se suponía que eso era algo muy malo que no se debía hacer? ¿Por qué era diferente ahora?

Años después, cuando mi madre ya había muerto y mi hermanita ya estaba entre nosotros, le conté a mi padre lo mucho que me había dolido todo el tema. Que la marmotita de ocho años confiaba ciegamente en sus papás y que el desengaño había sido brutal. Por lo visto, no fui la única. Resulta que él había sido igual de cándido a esa edad y que había sentido más o menos lo mismo.

Así que mi pequeña ratilla siempre ha sabido que los Reyes Magos eran algo simbólico y que los esperábamos ilusionados para hacernos regalos unos a otros. No será lo mismo, pero al menos nunca nos ha mirado como a traidores.

La imagen es de Forges, claro, y la vi en la puerta abierta. Muy apropiada, no para la entrada, pero sí para estas fechas.

Y un par de bonus por ser un día especial:

martes, 5 de enero de 2010

El folclore del periodismo


La primera palabra que eliminaría del folclore del periodismo es la palabra objetivo. Esto sería un gran paso hacia la verdad en la prensa "libre". Y quizás el término "libre" debería ser la segunda palabra en desaparecer. Liberados de estas dos tergiversaciones, el periodista y el fotógrafo pueden asumir sus responsabilidades reales.

Una de las cosas más divertidas del periodismo es que todo el que no se dedica a ello está convencido de que la objetividad tiene que ser la primera obligación del profesional de la información. Y, que, al mismo tiempo, cualquiera que sí que lo hace asume de inmediato que es imposible.

El texto que encabeza esta entrada es de W. Eugene Smith. Estaba en la exposición de la que os hablé hace unos días acompañando las imágenes de Minamata, donde entre 1953 y 1965 cientos de personas se vieron gravemente afectadas por casos de intoxicación de mercurio provocados por los vertidos de la empresa petroquímica Chisso. Su reportaje fue uno de los primeros en denunciar los peligros de la contaminación.

La fotografía, obviamente, no es de allí. Es de Deleitosa, en Cáceres, donde Smith quiso retratar la dureza del régimen franquista. Lo curioso de esta imagen, que posiblemente os suene, es que está manipulada. Estos señores del tricornio no tenían esa cara de mala leche, pero para lo que él quería contar no servían las risitas ni el cachondeo, así que los puso al sol, a que la luz les deslumbrase y les hiciera fruncir el ceño.

¿Vale? ¿No vale? Lo cierto es que, tras sólo mes y medio de estancia y después de muchas presiones, el fotógrafo tuvo que abandonar el país con los carretes escondidos. El reportaje fue censurado en España. Así que muchas risitas y cachondeo no debía de haber, por mucho que salieran realmente en la imagen.

viernes, 1 de enero de 2010

Banda sonora '09


Hay músicas que recuerdan a momentos y temporadas muy determinados. Canciones que no se pueden dejar de asociar a lo que viviste mientras las escuchabas. Quería hacer un balance del 2009 pero parece demasiado difícil. Han pasado demasiadas cosas. Así que en su lugar le voy a dar un repasillo a los discos que más han sonado por aquí este año. En cierto modo, es lo mismo.
  • Depedro, de Depedro. "¿De qué me sirve la cama, llorona, si tú no duermes conmigo?". Fue un regalo triste y a principios de año todavía seguía escuchándolo mucho. El día del concierto recibí un mensaje inesperado del regalador, que decía que no se había sentido capaz de ir. Canté todas las canciones acompañada de Lucecita, que acabaría convirtiéndose en una buena amiga. Ahora lo pongo menos, pero no dejo de considerarlo un disco redondo.
  • Who killed Amanda Palmer, de Amanda Palmer. "I could save you baby but it isn't worth my time". Y cualquier cosa de los Dresden Dolls, en realidad. Me aficioné muchísimo a cualquier tipo de música con reminiscencias cabareteras y a cantar a gritos sus letras. El concierto de Madrid fue el Ecuador de un fin de semana representativo de lo que eran esos días: diversión sin complicaciones. Unas semanas después, intuí que mi monsieur podía ser algo más que un francés simpático y mono cuando descubrí que también la conocía.
  • El primero era mejor, de Manos de Topo. "Y sí, fui feliz cuando el mago te hizo desaparecer, aunque el truco fue en vano". Y Ortopedias bonitas. La primera vez que escuché la voz del cantante pensé que esto tenía que ser una broma, pero acabó convirtiéndose en uno de mis grupos favoritos. No sólo son apropiados para recrearse en las rupturas de corazón, como decía hace unos días, sino también para reirse de ellas. Perfectos para mi 2009.
  • Love Tattoo, de Imelda May. "We're looking at the same moon, though we're miles apart". La descubrí curioseando por myspace o por algún blog y me enganché a sus canciones cincuenteras. Mi monsieur me pasó el disco. Para entonces ya había pasado aquí el suficiente tiempo como para conocer mi afición a poner lo mismo una y otra vez.
  • Here she comes-a-tumblin', de Birdeatsbaby. "What’s that skeleton inside your cupboard? What’s the use in hiding how you live?". Otro ejemplo de música de piano y teatralidad que conocí gracias a Cloe, cuyo EP también ha sonado mucho por aquí. Representativo de un año en el que volví a comprar CDs, a ponerme y quitarme disfraces y a conocer cosas nuevas.
  • Super Taranta!, de Gogol Bordello, "If we are here not to do what you and I wanna do and go forever crazy with it, why the hell are we even here?". Me lo he pasado tan bien escuchando este disco... Siempre me recordará a las noches de fiesta y a los bailes en delantal del primer año en el que viví completamente sola.
  • And the gospel of progress, de Micah P. Hinson. "You better find me some time when you have more to say". Supuso una especie de regreso a las canciones melancólicas y guitarreras. Sonidos similares para sensaciones, esta vez, diferentes.
  • 1999, de Love of Lesbian. "A todos fuck you por igual, a todos gracias por igual". Me gustan, pero ha sido el gran gato el que ha hecho que los escuche tantísimo este año. En noches perezosas de Spotify compartido. En días en los que oye que es un moñas y sabe que es porque no sé expresarme mejor.
  • On time travel and romance, de Agent Ribbons. "The bees are buzzing all around me because they heard you call me honey". Las escuché por primera vez en una de esas noches que te recuerdan que las cosas especiales aparecen donde no las esperas. Que los descubrimientos son mejores si estás en buena compañía. Y que siempre hay tiempo y ganas para tomar, al menos, una.
  • Y, para terminar, Dead Man's Bones, de Dead Man's Bones. "I saw something sitting on you bed, I saw something touching your head". Una buenísima recomendación que escribió coleto en un comentario y que ha sonado decenas de veces por aquí. Un disco muy especial que tal vez me ayude a recordar que no debo volver a dejar de lado el blog.
Feliz 2010.