domingo, 5 de diciembre de 2010

Perdidamente enamorados


"La mayoría de los empleados del periódico hace años que trabajan allí. Se han casado contando con os ingresos que éste les proporciona, han tomado hipotecas gracias a este lugar, han creado familias sabiendo que el dinero financiaría la vida de sus hijos. Si este lugar se hunde, están arruinados. Durante todos estos años han vilipendiado al diario, pero ahora que amenaza con despedirlos, vuelven a estar perdidamente enamorados de él.

-¿Estamos todos? -pregunta Oliver.

Durante un minuto, habla de forma improvisada, después se pone nervioso y coge una copia del informe confidencial sobre el periódico del consejo de administración de Ott. Mientras examina las páginas, va lanzando miradas suplicantes en dirección a Kathleen. Ésta aparta la vista. Él se aclara la garganta y encuentra por fin un pasaje relevante. Lo lee en voz alta, y añade:

-Esto es lo que ha decidido el consejo. -Se aclara nuevamente la garganta-. Lo siento mucho."

Una compañera me prestó Los imperfeccionistas, de Tom Rachman. Me dijo que me gustaría porque retrataba la fauna que se puede encontrar en el periodismo y cómo todos los que dicen estar hartos de su trabajo se hunden cuando este termina definitivamente. No es que sea el mejor libro del mundo y se echa de menos conocer con más profundidad a sus protagonistas, pero es divertidísimo identificar las conductas o personajes con los que te topas en la profesión y, si no estás en esto, desmitificar esto de los periódicos.

Rachman, su autor, ha trabajado como periodista mucho tiempo. Si algo de su novela os parece extraño, creedme: sí, es así.

5 comentarios:

begusa dijo...

es que el fatalismo es tan 'cool' (para l@s que piensan que 'cool' es una mierda de palabra)...
pero cuando el culo se enfría... los gafapastismos se acaban descuajeringando...

sraly dijo...

No creo que todo sea tan extraño dentro de una redacción. O no sé, te imaginas que los jefes de tu sección fuera un cincuentón con síndrome de Peter Pan y el pene desviado hacia la primera veinteañera que pase o que, por ejemplo, aparezca como una militante militar adicta a la tortura psicológica. O que el jefe del sindicalismo no sepa la diferencia entre reportaje o entrevista. No se, no sé, por decir, ¿eh?

marmota dijo...

:)

imperfeccionista dijo...

Hola, marmota!!
Estoy leyendo "Los imperfeccionistas" después de leer la entrada de tu blog. Está entretenido. Me he encontrado reflejada en algún comportamiento... Un saludo!!

marmota dijo...

Qué honor que alguien lea un libro después de verlo en una entrada de mi blog! :D Supongo que a estas alturas lo habrás terminado...