sábado, 13 de marzo de 2010

Muertos inútiles


Guardó la pistola y se quitó los guantes. Ante él yacían, inertes sobre un charco de sangre, los dos elegidos. No sabía qué habían hecho ni le importaba. Sólo hacía su trabajo.

No era lo que había esperado. Ni el chándal de ella ni la camiseta ajada de él se correspondían con el ático de lujo cuya puerta acababa de forzar. Tampoco el desorden, con los cajones abiertos, la ropa esparcida por el suelo y la televisión que descansaba en el suelo, apartada del mueble en el que una leve marca de polvo revelaba el que hasta entonces había sido su lugar.

Oyó la puerta y el grito de la mujer le sacó de su abstracción. Volvió a sacar la pistola. No había terminado.

Esto es una tontería que envié, a propuesta de un compañero, al curso de escritura que estoy haciendo. Era sólo para entretenernos entre ejercicio y ejercicio de verdad. Es uno de los (muchos) motivos por los que últimamente he estado desaparecida.

Lo siento muchísimo, pero he tenido que habilitar la verificación de palabras para los comentarios. El spam empezaba a ser insoportable. La imagen es de Locustone, otro de los culpables de mi pobre ritmo de actualización.

4 comentarios:

JoseAngel dijo...

Y encima igual la que entra es la de la limpieza... qué asco de curro.

marmota dijo...

jajajaja
Por lo menos dicen que se paga bien...

Edxxi dijo...

Buen comienzo para un posible relato de novela negra.

marmota dijo...

Gracias!
Aunque creo que se quedará así...