domingo, 10 de enero de 2010

Se va a morir

Solo tenía hambre, papá. Se va a morir.
Se morirá igualmente.
Está muy asustado.
El hombre se puso en cuclillas y le miró. Yo también estoy asustado, dijo. ¿Entiendes? Muy asustado.
El chico no replicó. Se quedó sentado con la cabeza gacha, sollozando.
Tú no eres el que ha de preocuparse por todo.
El chico dijo algo pero no pudo entenderlo. ¿Qué?, dijo.
Levantó la cara húmeda y tiznada. Sí que lo soy, dijo.


Creo que no he vuelto a ser la misma desde que leí La carretera. Como en El señor de las moscas o el Ensayo sobre la ceguera, la historia del ser humano en situaciones extremas resulta siempre desasosegante. Si además el único objetivo es seguir un camino que no lleva a ninguna parte, la cosa se convierte en insoportable.

Supongo que yo moriría en cuanto la temperatura bajase de 17 grados. Ya me estoy muriendo ahora, aquí en mi casa... O en cuanto llevase día y medio sin comer o cuatro caminando medio descalza. Sería mejor así, sin llegar a tener que enfrentarme a mis propios límites morales sin ni siquiera alguien a mi lado que me recordase que éstos existen. Y sin plantearme el sentido de seguir buscando la última lata de lentejas sobre el planeta.

En una de esas conversaciones que empiezan con comentarios de cine y acaban con reflexiones delirantes, hablaba hace unos días con Iñaky y Eduardo sobre el fin del mundo. Sobre cuánto tardaríamos en reconstruir la civilización si ésta fuera completamente arrasada.

¡Cientos de años! No, hombre, tanto no. ¿No ves que ya tenemos los conocimientos? Sólo tendríamos que volver a utilizarlos. ¿Estás seguro? ¿Sabes cómo se hace el plástico, cómo funciona un ordenador o cómo se extrae el carbón? La sociedad sabe mucho, pero ninguno de nosotros, como individuos, tenemos ni idea de casi nada.

Genial, lo llevamos claro. ¿Y en la película, qué pasaba? Que escogían a unos pocos elegidos sabios y útiles y se los llevaban en naves. Ya... Pues uno de publicidad, otro de audiovisuales y una periodista no iban a tener ni media posibilidad.

Ya tengo dos propósitos de año nuevo. Uno es imprimirme la lista de premios Pulitzer de novela y utilizarla como guía, visto lo muchísimo que me han gustado los que he leído hasta ahora. El otro es aprender a hacer fuego. Sólo por si acaso.

La foto es de Locustone, al que le gustan los árboles que dan miedo.

11 comentarios:

Yandrak dijo...

"La sociedad sabe mucho, pero ninguno de nosotros, como individuos, tenemos ni idea de casi nada". Me parece una reflexión maravillosa así como una buena manera de llamar la atención hacia dónde camina el individuo...

P.D. ¿Te gustaría ser una de las elegidas para salvar el mundo o para hacer renacer la civilización? Umm, yo tengo mis dudas de si me gustaría...

JoseAngel dijo...

Pues si te gustó la novela, ahora llega la película. La novela era tremenda, pero casi la estropeaba el final relativamente feliz: como sucede en '2012', aunque a otro nivel, claro, el fin del mundo siempre resulta no ser el fin del mundo. Parece que el tema da un horror especial, y se resiste el personal a escribirlo, o a filmarlo. Aunque todos los días es el fin del mundo para alguien, claro, por muchos que sigan vivos para decir cómo continuó la historia.

coleto dijo...

"Ensayo sobre la ceguera" me encantó y "el señor de las moscas" tambien me gustó mucho.

"La carretera" todavía no he tenido tiempo de leerla, lo único que la gente me ha dicho que el final te deja un poco a medias.

Que no sabemos nada del funcionamiento de este mundo lo tengo claro desde hace tiempo. Además yo tengo conocimientos de la teoría del funcionamiento de la tecnología (soy ingeniero), pero de ahí a saber hacerlas... Que sepa qué hacen los electrones en un chip no evita que me sorprenda lo que hacen los ordenadores y me pregunte cómo c... funciona.

Sobre premios pulitzer supongo que te habrás leído "La conjura de los necios", si no es así, ya sabes ;)

thedishwashersdream dijo...

A mí el libro que más impresionado me ha dejado siempre es 1984, aunque voy a tener que leerme La carretera y Ensayo sobre la ceguera, a ver si lo superan.

Sí te sirve de consuelo, en caso de catástrofe o colonización de nuevos planetas, los que hemos estudiado Derecho somos de largo lo más inútil para la nueva sociedad (que es algo de lo que uno se da cuenta viendo Perdidos, no hay ni un sólo abogado o similares entre los personajes clave. Cuando las cosas se ponen feas, es mejor tener a un médico o a un soldado irakí a tu lado)

Jesús dijo...

Yo siempre me he preguntado a dónde hubiera llegado la civilización si todo hubiera dependido de mi cabecita, desde el principio (supongo que un millón de clones y yo, claro. Uno sólo no hace nada).

En un supuesto apocalipsis creo que sería muy útil un diseñador gráfico. Así quizás no haríamos grandes avances, pero al menos luciría bonito :)

Uncactus

begusa dijo...

jajaja... me mola mucho lo del fuego... me apunto! (así por lo menos el tiempo que aguantáramos rodeadas de catástrofe estaríamos calentitas)

satrian dijo...

Como supervivientes en un mundo apocalíptico, me temo que la mayoría duraríamos poquito, eso sí en las adversidades se valora de verdad a la persona, y muchas veces te llevas sorpresas.

Lola dijo...

pff, yo me lo leí justo el 1 de enero del año pasado y me dejó mal cuerpo pero me encantó el libro

por una parte tengo ganas de ver la película aunque me da reparo

un besote!!

Palomares dijo...

Es una bonita manera de clasificar los libros, por el efecto que te produjeron. El señor de las moscas y La carretera, como dices, y yo le sumo Desgracia, de Coetzee.

Creo que yo no duraría ni medio asalto en el Apocalipsis, ya me cuesta hasta abrir las latas de atún... (qué angustia con las latas de melocotón, por favor). Mi única oportunidad de superviviencia sería que el apocalipsis fuera un apocalipsis zombie... Ahí ya sería otra cosa... Sería uno de los primeros zombies. Un aristócrata zombi.

Don Nadie dijo...

Me ha gustado esta entrada, de verdad, y apunto "La carretera" en mi lista de libros pendientes. Los otros dos que mencionas me encantaron. Por cierto, si no lo has leído ya te sugiero "Ensayo sobre la lucidez", otra historia inquietante de Saramago, con personajes comunes a "Ensayo sobre la ceguera".

Sobre lo que dices de morirte por estar día y medio sin comer puedes estar tranquila: yo estuve cuatro días sin hacerlo en cierta ocasión y aquí estoy para contarlo. Eso sí, cuando comí después de aquello -media empanadilla; no pude con más- mi cuerpo reaccionó como si fuera veneno.

No lo había pensado, pero al leerte me he dado cuenta de que saber hacer fuego sería algo fundamental si nuestro mundo se fuera al garete. Aunque en este caso sí contamos con ventaja respecto a nuestros antepasados. Para los primeros homínidos que lo usaron el fuego debía de ser algo muy misterioso, pero un humano actual sabe (más o menos) lo que es el fuego y cómo se produce. No digo que sea fácil hacerlo con medios de circunstancias, pero desde luego sabríamos cómo empezar a intentarlo.

marmota dijo...

@Yandrak No lo sé. No creo que llegara hasta allí, de todas formas.

@JoseAngel Hombre, tanto como feliz... Podría haber sido mucho peor, pero no lo llamaría feliz. No sé si quiero ver la peli.

@coleto Sí, es otro de mis libros favoritos. :)

@thedishwashersdream Hombre, no hay nada más inútil que una periodista. :D 1984 también me gustó mucho, sí.

@Jesús Luciría bonito, jajajajajaja!

@begusa jijiji Sí, es importante...

@satrian Deberíamos ir todos a Supervivientes, a ver quién ganaba... ;)

@Lola Ya, a mí también me da reparo...

@Palomares Para lo de los zombis, remito a otra entrada que escribí hace poco :D Una palanca es una herramienta muy útil en esos casos.

@Don Nadie Obviamente, lo del día y medio era una exageración. Quizá dos, si me puedo comer el gato de alguien. ^^ El Ensayo sobre la lucidez también me gustó mucho, no tanto como el de la ceguera, pero mucho.