jueves, 14 de enero de 2010

Aquí, allí y en ningún sitio

Ten presente que las cosas que te metes en la cabeza están ahí para siempre, dijo. Quizás deberías pensar en eso.
Algunas cosas las olvidas, ¿no?
Sí. Olvidas lo que quieres recordar y recuerdas lo que quieres olvidar.



Bajas las escaleras de esa especie de cueva y ves a Paco, sentado desnudo y pensativo. Se apoya descuidadamente en la silla, pero parece preocupado por algo a lo que sabe que se tiene que resignar. De lejos, distante, Asun le observa. Está dolida, pero él no se da cuenta. Manuel está muy solo. Como la criatura agonizante en la arena. Como todos esos personajes que de lejos parecen niños y de cerca no son más que un grupo de seres abandonados con sus problemas que se ignoran los unos a los otros.

No sé si me pilló blandita o qué, pero hubo un momento de la visita al Torreón Fortea en el que pensé que me iba a sentar en medio de todas esas esculturas y me iba a poner a llorar. Esas figuras de resina tan humanas me hicieron volver a pensar en lo solitarios que son todos los individuos anónimos con los que nos cruzamos cada día, que cargan con su saco sin saber a dónde ir, como el padre y el hijo de La carretera. Ni te importan ni les importas, pero sus ojos están allí, mirándote fríamente y recordándote que no eres distinto a ellos.

Quería recomendaros la exposición de Steve Gibson y se me pasó. Terminó hace sólo unos días. Tampoco sé si os habría provocado la misma sensación que a mí, que se me clavó hasta el tuétano. Sólo puedo deciros que, de alguna manera extraña, volvió a recordarme al libro del que hablaba en la entrada anterior, del que sale la cita que encabeza esto. Ya os digo que me impresionó. Nada importa.

4 comentarios:

Don Nadie dijo...

Ey, muñeca, para el carro.

No estoy de acuerdo con la idea de que recordamos lo que queremos olvidar y viceversa: también muchas veces recordamos lo que queremos y olvidamos lo que nos conviene olvidar. Somos complicados, y no todo lo fácilmente predecibles que a veces queremos creer.

¿Y ese final tan pesimista con el que concluyes la entrada, eso de "nada importa"? ¿Qué tontería es esa? ¿Estás segura de que no te faltó la etiqueta "días tontos"? No es verdad que nada importe. Vete ahora a Haití y diles a quienes han perdido familiares y bienes que nada importa... y luego, si sobrevives, me cuentas qué te respondieron.

No sé, igual es que no te he entendido.

marmota dijo...

Puede que no olvidemos todo lo que queremos recordar, pero creo que sí que recordamos todo lo que queremos olvidar. Al menos lo que queremos olvidar conscientemente.

En todo caso, solo quería expresar lo que me provocaron estas figuras, una especie de sensación de consciencia de lo solos que estamos todos frente anuestros problemas, que en el fondo no le importan a nadie más que a nosotros mismos y que no tienen en realidad relevancia más allá de nuestro pequeño mundo. Claro, acababa de leer el libro ese, que me produjo una sensación similar, y supongo que me pilló del humor apropiado para entenderlo así. Me impresionó.

Por cierto, no me gusta explicar cosas que ya he sugerido. Si alguien entiende otra cosa, está bien. Es lo bonito de esto.

En cuanto a lo de Haití, es de una demagogia tan obscena que no voy ni a responder.

begusa dijo...

Yo me agarraría a las piernas de una escultura, la más grande, y lloraría hasta que sintiera que ya ha perdido el sentido... y luego quemaría todos los libros que inundan mi mesa de trabajo y me iría a tomar un helado de fresa, vainilla y todos los sabores (pese a quien pese) a una montaña bien verde...

marmota dijo...

:)