viernes, 15 de enero de 2010

A propósito de Haití



Prometo no volver a mencionar La carretera por muy sobrecogedoras que sean las informaciones que no parar de llegar desde Haití. En lugar de eso, citaré a Naomi Klein en La doctrina del shock, donde habla de la "recuperación" de Sri Lanka tras el tsunami que en 2004 arrasó la zona. Quizá sea un buen momento para recordarlo.

Parecía también que el país iba a poder contar con el apoyo internacional para su esfuerzo de recuperación. En un principio, la ayuda no provino de los gobiernos, que fueron muy lentos en su respuesta, sino de individuos que habían visto el desastre por televisión (...). En seis meses se recaudaron 13.000 millones de dólares, un récord mundial.

En los primeros meses, gran parte del dinero para la reconstrucción llegó a los receptores previstos: ONG y organismos de ayuda llevaron comida y agua de emergencia, tiendas de campaña y refugios temporales; los países ricos enviaron equipos médicos y suministros. (...) Pero cuando seis meses más tarde estuve en Sri Lanka, el progreso se había detenido. Apenas había casas permanentes y los campamentos estaban empezando a parecerse cada vez menos a refugios de emergencia y más a tugurios de chabolas consolidados. (...)

El ambicioso plan para rehacer Sri Lanka era dos años anterior al tsunami. (...) El gobierno de Estados Unidos estaba tan entusiasmado con el potencial de Sri Lanka como destino turístico de alto standing (...), que USAID [Agencia de Estados Unidos para el Desarollo Internacional] lanzó un programa con el fin de organizar la industria turística de Sri Lanka, (...).

Pero antes de que Sri Lanka pudiera cumplir con su destino como centro lúdico del grupo de la "plutonomía", existían algunas áreas que necesitaban mejoras drásticas de manera urgente. Lo primero que tenía que hacer el gobierno para atraer complejos turísticos de primera categoría era disminuir los obstáculos de la propiedad privada de la tierra (...). Necesitaba una legislación laboral más "flexible" (...). Igualmente, necesitaba modernizar sus infraestructuras (...). Los habituales acuerdos estaban encima de la mesa: préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional a cambio de acuerdos para abrir la economía a la privatizaciones (...).

Todos estos planes y condiciones se dispusieron cuidadosamente en el programa Regaining Sri Lanka (...).

Como todos los planes de terapia de shock, Regaining Sri Lanka exigía muchos sacrificios en nombre de una rápida reactivación del crecimiento económico. (...)

El problema para los partidarios de este plan era que, simplemente, muchos habitantes no creían que esos sacrificios valiesen la pena. Era el año 2003, y la fe ciega en la globalización hacía tiempo que se había extinguido, especialmente después de los horrores de la crisis económica asiática. El legado de la guerra resultó ser también un obstáculo. (...) Ahora que finalmente había llegado la paz, a los más pobres de entre los pobres se les pedía entregar sus pequeños terrenos y pertenencias (...) para que un Marrit o un Hilton pudiera construir un campo de golf (...). Parecía un pésimo trato, y los srilankeses respondieron consecuentemente.

En abril de 2004, los srilankeses derrotaron a todos los expertos extranjeros y empresarios locales votando una coalición de centro-izquierda autodenominada marxista que prometía abandonar el plan (...).

Ocho meses después de esas fatídicas elecciones golpeó el tsunami. (...) El gobierno recién elegido necesitaría miles de millones de los acreedores extranjeros para reconstruir hogares, carreteras, escuelas y vías de ferrocarril destruidos durante la tormenta. Y esos acreedores sabían bien que, cuando se enfrentan a una crisis devastadora, incluso los más comprometidos nacionalistas económicos se vuelven de manera repentina más flexibles. En cuanto a los granjeros más militantes y los pescadores que habían bloqueado calzadas y organizado reuniones masivas para desbaratar sus intentos previos a fin de salvar la tierra de la explotación, bien, en este momento, los aldeanos de Sri Lanka estaban ocupados en otro asunto.

La foto de Haití es de mizjellybean.

8 comentarios:

valerian dijo...

Que duro lo de Haiti. Es un poco como En la carretera. Se trata de continuar cuando tu mundo se viene abajo y te quedas sin motivos para seguir.
En la novela el hijo le preguntaba al padre si ellos eran de los buenos intentando buscar un sentido al horror, como si el desastre tuviera una lógica...
Siempre he tenido el convencimiento de que por mucho que sea lo que nos separe o nos aisle de los demás o nos derrote nunca estamos solos.

Anónimo dijo...

Saludos. Me quedo un rato por aquí, leyendo tu magnífico blog. Antoni roda. Desde "A despropósito".

thedishwashersdream dijo...

Lo leo y no hago más que pensar en ese mágnificamente hipócrita dicho de "Dónde unos ven crisis, otros ven oportunidad".

Y es que como "carroñero" suena fatal.

Dani dijo...

Y ahora me sales con Naomi Klein??

Joder Marmotilla, no me quedan sombreros que quitarme :)

marmota dijo...

@valerian Ojalá...

marmota dijo...

Gracias, Antoni!

marmota dijo...

@thedishwashersdream Agh, cómo odio esa frase.

@Dani Bueno, gracias, aunque la conoce todo el mundo! :D

Dani dijo...

todo el mundo????

Considérate afortunada :D