
domingo, 29 de noviembre de 2009
Estupor y temblores

lunes, 23 de noviembre de 2009
Celda 211

¿Qué había hecho Daniel Monzón hasta ahora? Un par de películas que me echaron para atrás sólo con ver el título y una Caka Kovak que prometía pero que no me pareció más que una tontería amena pero olvidable. Arranca Celda 211 con una escena cruda y desagradable, de las que te hacen apartar la vista de la pantalla, y continúa con unos diálogos más bien forzados y sobreactuados. Dijeran lo que dijeran las críticas que ni siquiera me había leído, tengo que reconocer que yo no esperaba demasiado de esto.
Y, de pronto, ocurrió. Me encontré con una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo y, desde luego, con uno de los trabajos españoles más impresionantes de los últimos años. Así, en forma de thriller carcelario. Qué sorpresa.
Celda 211 es entretenida. Entretenida en el buen sentido, no en ese que utilizas para decir que algo se puede ver pero no aporta demasiado. Durante las casi dos horas que dura no te distraes ni un momento, y además te pasas la mayor parte del tiempo con una angustia que se te agarra a la tripa y que no puedes quitarte.
Pero es muchísimo más. A través de una historia de acción que engancharía al tío más simple del mundo, plantea cuestiones a las que cualquier cultureta se podría pasar horas dando vueltas. El absurdo de la política. El clásico "quiénes son los buenos y quiénes son los malos". La moral relativa. Lo del fin que justifica los medios y lo cómodo que resulta dejar que sea otro el que se haga cargo de lo incómodo. Y, claro está, el demoledor hecho de que cualquiera podría ser un monstruo.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Don't you forget about me
Cómo me gustan las segundas oportunidades. Lamenté profundamente perderme a Amanda Palmer la última vez que estuve en Berlín, pero tuvo el detalle de dar un conciertazo unos meses después en Madrid. También me he arrepentido muchas veces de no haber ido a ver a Micah P. Hinson este verano en Las Playas, pero no pasa nada, lo voy a solucionar.
Escuché por primera vez a este hombre con pinta de popero atormentado y voz de haber vivido mucho a sus menos de treinta años en casa del gran gato. Rubén lo llevaba encima y me puso un par de canciones, que no pude apreciar demasiado por el ruido de las conversaciones a mi alrededor. Lo olvidé completamente hasta que unos días después me dio por buscarlo en el Spotify. Y se me agarró, hasta hoy.
Cada vez que escucho ese lamento que es On my way, ese I'm running out of patience to be fucking with this se me pone la carne de gallina. ¿No os pasa a vosotros? A mí, pocos grupos me han emocionado tanto últimamente.
A estas alturas ya todo el mundo sabe que va a estar acompañado de Tachenko, así que puede que el concierto de Zaragoza sea particularmente especial. Viene de nuevo. Yo trabajo, pero esta vez, sea como sea, no lo dejaré escapar.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Lo único que quiero escribir

miércoles, 4 de noviembre de 2009
El día que conocí a Leónidas
domingo, 1 de noviembre de 2009
La gorda (II)
