martes, 27 de octubre de 2009

Copito de nieve


Confesaba Ana en su blog que siempre le cayó fatal Copito de nieve y me acordé de cuando lo vi en el zoo. El gran gorila blanco, ese símbolo de Barcelona del que tanto me habían hablado, se sentaba imponente en su jaula, se balanceaba, vomitaba la comida y pasaba a recoger los restos, a estrujarlos en la mano y a volverlos a engullir. Y así una y otra vez, mientras unas cuantas personas lo contemplábamos atónitos. Toda esa visita al zoo fue de lo más traumático...

Ya veis. Supongo que es por algo así por lo que no conviene confiar demasiado en los mitos.

Ah, vengo de ver Ágora en el cine. Estaba muy bien hecha y tal pero... no sé, me ha dejado fría. Me ha decepcionado.

La foto la he cogido miserablemente del Facebook de Luke, así que os agradecería que no la utilizarais.

domingo, 25 de octubre de 2009

Cal, en la tele


Primero la peli de Tokio Blues, luego la Alicia de Burton y ahora esto. La HBO va a llevar Middlesex a la televisión. ¿Eso es bueno? ¿Es malo? Se supone que hacen buenas series y tal, y que los guiones los escribirá Donald Margulies, que ganó un Pulitzer, pero... ¡Middlesex! ¡En la tele!

¿Serán capaces de mostrar la historia de los Stephanides sin convertirla en una parodia, un decorado del cuento morboso de la adolescente hermafrodita? ¿Podrán mantener la sutileza de los sentimientos encontrados de Calíope? Y, sobre todo, ¿quién va a interpretar a la que fue niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey? ¿A Cal, ridiculizado por sus compañeros de clase, convertido en conejillo de Indias por los médicos, palpado por especialistas y calibrado por Don Dinero antes de cumplir los dieciséis?

Como esto salga bien, juro que me reconcilio con la caja tonta. Esto es broma, no seré capaz de esperar a que llegue a España. Me morderé las uñas hasta que la estrenen y la pueda conseguir por internet. Está prevista para el 2010.

viernes, 23 de octubre de 2009

El mercado


Lo primero que escuchas cuando dices que te vas a vivir al Gancho
-además del "cuidado con las ratas" y el "¿y no tendrás miedo de volver sola a casa por las noches?"- es un "qué suerte, podrás hacer la compra en el mercado central". El mercado central está considerado un lugar bucólico, alejado del fatal progreso y las bandejas de polifam en el que buscar comestibles es algo agradable y personal, los comerciantes te dan los buenos días y los productos son siempre más baratos y de mejor calidad. Tentador, ¿verdad?

Poco después de instalarme empecé a visualizarme con mi carrito, monedero en mano, comprando sabrosas frutas a vendedores que me recomendarían las mejores variedades de la temporada y, con esa relación amistosa que se crea cuando llevas varios días compartiendo una misma rutina, me regalarían manzanas guiñándome el ojo.

Nada más lejos de la realidad.

Ya me lo dijo Sonso. No pierdas de vista sus manos. No pidas nada de lo que no conozcas el precio. No dudes en comprobar qué te han metido en la bolsa. Y, sobre todo, no tengas vergüenza en reclamar cuando te des cuenta de que te están timando. Porque lo harán. En cuanto te vean la cara de veinteañera despistada que en la vida ha sabido lo que costaba un kilo de patatas te timarán sin el más mínimo pudor.

He visto cómo me colocaban mandarinas podridas. He pagado plátanos a precio de caviar. He protestado por cebollas pochas y reblandecidas para, cinco minutos después y tras escuchar "ah, que te gustan duritas", llevarme a casa unas alternativas aceptables... y muchísimo más pequeñas. Y, lo peor, he escuchado cómo me cantaban a la espalda "pero qué tontas que son las mujeres" mientras, humillada y con la cabeza gacha, me marchaba aceptando mi derrota.

Así que desisto. Sólo he visto un par de ratas y volver a casa por la noche no me asusta, pero comprar en el mercado central me ha superado. Es demasiado agotador. Puede que tenga mejores productos a menor precio, pero no tengo tiempo de sacarme el carné de maruja para conseguirlos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Look cooperante


Vale, todos asumimos que este es un mundo lleno de desigualdades, que no se puede evitar ser frívolo e inconsecuente la mayor parte del tiempo y que tampoco lleva a ningún sitio pasarse el día flagelándose por los males del planeta. Que te termines o no el plato de espinacas no supondrá ninguna diferencia para los pobres niños que se mueren de hambre en África y, ciertamente, tampoco eres la peor persona que ha existido porque un día te gastes una fortuna en un capricho estúpido que ni siquiera necesitas.

Pero vaya, esto del look cooperante supera cualquier ejercicio de cinismo que te puedas plantear. Yo Dona dice que la marca "se dirige a mujeres con carácter y comprometidas por su entorno". Pues nada, ahí queda eso.

lunes, 19 de octubre de 2009

Spécialités espagnoles


En Aigues-Mortes, las paellas llevan diéresis y las parrilladas, sólo una r. Es para que quede claro que, a pesar de las alusiones toreras que hay por todas partes, seguimos estando en Francia.

domingo, 18 de octubre de 2009

Descubrimientos: Dead Man's Bones

My suitcase is packed with all your heartbeats,
so I walk to their sound and head towards the sun,
so my shadow will cover the tears on the ground.
I'm moving away from the place where you took your last breath...


Creo que ya os he dicho alguna vez la ilusión que me hace que me recomendeis cosas que pensáis que me van a interesar. Siempre que leo una sugerencia en un comentario de los que pasáis por aquí habitualmente o, casi mejor, en uno de esos mails inesperados de gente a la que le da pudor poner algo público pero que un día decide escribirme unas líneas bonitas, os aseguro que lo apunto y lo busco.

Algunas veces acertáis al 100%. Como coleto hace unos días, que me habló de Dead Man's Bones y desde entonces no paro de escucharlos. El cantante es Ryan Gosling, el de El creyente o El diario de Noa. Puede que a alguno de vosotros eso os diga algo. A mí, la verdad es que resulta indiferente. No he visto ninguna de sus pelis y, salvo Lars y una chica de verdad, ninguna me atrae especialmente ahora mismo.

Lo que sí que me ha atrapado es esa atmósfera inquietante de sus canciones y esas melodías melancólicas. Y las veces infantiles del coro del conservatorio de Silverlake en Los Ángeles cantando historias de fantasmas con esa mezcla oscura y extraña entre pop gótico, folk y gospel que funciona tan bien. My body's a zombie for you!

Os dejo aquí este vídeo. Las imágenes son del alfabeto de Edward Gorey. Otras buenas sugerencias fueron la letra de Noam Chomsky, de Astrud, recomendada por Oscar Daniel, y Blankets, de Craig Thompson, recomendado también por coleto y zero izquierdo.

jueves, 15 de octubre de 2009

Mensajes


A veces pienso que merece la pena ir al Azul
sólo por ver las pintadas del baño.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La treintañera


La treintañera es una chica sensata. Siempre había pensado que lo de la píldora del día después no se podía tomar a la ligera, que había que tener cuidado con las adolescentes atolondradas capaces de liarse con cualquiera sin ni siquiera buscar un condón. Su prima la pequeña le preocupa; por mucha información sexual que le den, parece estar en las nubes, y no quiere verla con un tercer ojo desarrollado tras una sobredosis de hormonas a la décima vez que recurre a la pastillita por vaga y por inconsciente.

La treintañera es una chica sensata, pero un error lo tiene cualquiera. Claro, te pones a limpiar, cambias tus antibaby de sitio y luego se te olvida tomarlas. Y cuando te das cuenta ya es un poco tarde. La treintañera, con su contrato temporal y mileurista y su pseudonovio a-ratos-sí-a-ratos-no, tiene una cosa clara: un bebé no entra en sus planes. Así que decide acercarse a su centro de planificación familiar porque, como buena chica aplicada, sabe que es donde se supone que tiene que ir para que le informen y le ayuden.

Ah, pero esto no es un 7-Eleven. Esto cierra y ella no ha llegado a tiempo. Así que recurre al plan B y se acerca a Urgencias, donde un simpático doctor le informa de que está hasta las narices de atender a niñatas imprudentes y que no le piensa recetar nada. La treintañera, furiosa y avergonzada, decide esperar hasta la mañana siguiente.

Tras una noche en la que no pega ojo, consciente de que las horas van pasando y el tiempo juega en su contra, la treintañera vuelve a su centro de planificación familiar. ¿Tienes hora, querida? Pues no, no tenía previsto olvidar la píldora. ¡Doloreeeeeeeees, que dice esta chica que quiere la del día despuéeeeeeeeeeees! ¡Que si le puedes hacer huecooooooooooo!

Acércate a esa puerta y espera a que te atiendan, cielo. La treintañera, que empieza a sospechar que todo esto es un complot destinado a torturar a quien ha osado olvidarse de una capsulita después de diez años tomándolas, atraviesa la sala entre las miradas curiosas de todos los presentes y aguarda paciente a que la llamen.

Una vez dentro, pregunta. ¿No era tan importante la información? Pues pregunta. Eficacia, efectos secundarios. Posibilidades de fallo. Si debe seguir con su píldora este mes o no. Las respuestas son desconcertantes: ni idea, no sé, no creo que vayas a quedarte embarazada y, de todas formas, viniendo casi 72 horas después seguro que ya lo estás; tú sabrás, bajo tu propia responsabilidad.

La treintañera coge el prospecto y se lo lee. Se toma la pastillita, delante de la eficaz ¿enfermera?, que le dice que está obligada a hacerlo en su presencia. Y, como premio, un preservativo. También es obligatorio. La treintañera se marcha, humillada, pensando que la han tratado igual que a una chavalita a la que su madre pilla llevándose a su rollete a casa el fin de semana que sus padres se iban a ir a la playa.

Unas semanas después, la píldora postcoital se vende en farmacias, libremente y sin receta. La treintañera ya no teme que a su primita le salgan escamas. Y si le salen, ella sabrá.

La foto es de la galería de harry 619.

lunes, 12 de octubre de 2009

El oso humano


Hay veces en las que pasear por Zaragoza es todo un placer. Por ejemplo, estos días. Bueno, justo estos días no, que no hay quien se mueva en la calle entre peñistas exaltados, adolescentes descubriendo las propiedades del alcohol y turistas en busca de la gran juerga. Pongamos los días justo anteriores al comienzo de las fiestas del Pilar. Los días en los que la ciudad apareció empapelada con este cartel.

La pregunta definitiva, la que tiene en vilo a la ciencia. ¿Venimos del mono... o del oso? Ya perdonareis que no respete la ortografía original. Me la voy a tomar como un maravilloso recurso estilístico que no conviene reproducir fuera de su contexto original: los anuncios del Gran Circo Mundial.

Por si toparse cada dos pasos con un oso tocando la trompeta no fuera suficiente, los responsables del espectáculo quisieron ir más allá y se llevaron a su peluda estrella a la puerta del Corte Inglés. Esto no lo vi pero me lo contaron, como lo del perro, la mermelada y Ricky Martin. Parece ser que el bicho, bien amaestrado, se dedicó a hacer cortes de mangas a un grupo de defensores de los animales que, empuñando carteles proteccionistas, exigían su liberación. No sé si será verdad, pero no me digáis que como escena no es algo digno de aparecer en una peli de Woody Allen de las viejas, de las que se parecen a la última que ha hecho.

Ya os digo, hay veces en las que pasear por Zaragoza es todo un placer.

Ah, a Christian también le llamó la atención. Anda que no nos reímos la noche que vimos los cartelitos...

domingo, 11 de octubre de 2009

[REC]2

"¿Cómo ha podido sobrevivir?"



Qué tomadura de pelo. Te vas al cine esperando ver, no una obra maestra, sino una continuación aceptable de una película que, sin ser una maravilla, es interesante y eficaz, y te encuentras con una especie de broma que no da ni miedo.

Porque no, [REC]2 no da miedo una vez pasados los primeros 15 minutos, cuando te das cuenta de que todo va a ser un sinsentido hasta el final. Un poco de asquete sí, pero para eso sólo hay que manejar el bote de ketchup con habilidad. Y eso que con que cumpliera ese objetivo habría sido suficiente. Le habríamos perdonado que la historia fuera boba e incoherente y que no tuviera nada de la originalidad de la primera. Pero ni eso. Así que, ¿qué queda para que merezca la pena gastarse el dinero de la entrada? Nada.

A ver, ¿por dónde empezar? Se lee por ahí que la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza suple la falta de novedad con un mayor desarrollo de los personajes y de la historia. Mentira cochina. Que hablen mucho no significa que sean mejores, ni muchísimo menos. ¿Y el argumento? ¡Es delirante, y no en el buen sentido! No quiero descubrir nada, así que sólo diré una cosa: como haya una tercera parte, y es muy probable que sea así, vamos a empezar a ver extraterrestres. Sería el siguiente paso lógico a una explicación de las causas de la extraña infección que sería cómica si no fuera porque parece querer ir en serio.

Formalmente, un recurso "cámara" que funciona bastante peor que en la primera, por mucho que intenten justificarlo, y un poquito de Alien, de El exorcista, de House on Haunted Hill y de cuatro referentes más en algo que se puede llamar homenaje o se puede llamar jeta. Por lo demás, cosas inexplicables: ¿por qué cada, cómo llamarlo, "afectado" se comporta de manera completamente diferente, según convenga? ¿Por qué cierran puertas o se preparan tortillas? ¿Es que [REC]2 pretendía ser una comedia? Sí es así, tampoco lo ha logrado.

En fin, una enorme decepción. Si fuera una peli de serie B resultaría hasta entrañable. ¿Pero de esta manera? Una lástima.

miércoles, 7 de octubre de 2009

I Google You


Perdonad la desaparición y la falta de explicaciones. Me fui dos semanas a Toulouse pensando que sacaría algún rato para actualizar esto pero al final, menos mal, acabé teniendo cosas mejores que hacer. Y después volví y necesité algunos días para acostumbrarme a la vuelta al cole. Pero nada, aquí estoy de nuevo, con la casa hecha un desastre, gastando más de lo que debería y escuchando música. Lo de siempre, vamos.


¿Sabéis cuál es una de las canciones que más me pongo últimamente? El I Google You, escrito por Neil Gaiman, que canta Amanda Palmer.


Imaginad a un escritor que sueña con crear la Gran Novela. Pasar a la Historia. La Obra Definitiva. Lo que queráis, pero con mayúsculas. Se plantea una duda. ¿Puedo mencionar Facebook? ¿Y Twitter? Sí, me paso gran parte del tiempo metiendo la nariz en Internet. Más, incluso, que el que dedico a mi Arte -con mayúsculas, de nuevo-. Colgué esa presentación de mi libro de poemas en la Fnac en Youtube y cada dos días cuento en el blog a mis seguidores que me siento más creativo que nunca. Descubrí la infidelidad de mi novia gracias al Fotolog. Y no me quejo. El sufrimiento invita a la inspiración y gracias a ese foro sobre manuales de autoayuda para corazones rotos conocí a mi nuevo amor. Pero... Todo eso suena tan... banal. Tan perecedero, tan de página patrocinada. Tan poco propio de un genio. ¿Qué hago? Lo ignoro. No puedo aspirar a conmover a las generaciones venideras con asuntos triviales que parecen destinados a abastecer a programas nostálgicos de te-acuerdas-de-lo-que-hacíamos-cuando-éramos-adolescentes dentro de cuatro días.


Puede que sí, que tenga razón. Pero Amanda Palmer canta I Google You y todo el mundo se ríe. Se ríe, porque se reconoce. Ah, tú también lo has hecho. Has tecleado tu nombre para saber quién habla de ti. Y has tecleado el suyo. A ver qué hace, con quién está ahora. Si es feliz. Si te ha olvidado. O has buscado a qué se dedicaba este chico que parece perfecto antes de conocerte. Y qué le gusta. Y qué no te cuenta. O no has parado hasta encontrar algo sobre ella, la que te torturó durante tantos años. Es psicóloga y está lejos. Y ya no es guapa ni brillante.


¿Y vosotros? ¿Sonreís? La letra, en los comentarios.