lunes, 31 de agosto de 2009

Anticristo

"Reina el caos"
Es curioso cómo el horror visual sólo es verdaderamente insoportable cuando, además, es psicológico. Quiero decir, que puedes ver las escenas más truculentas en cualquier película de género y no serán tan duras como las que, de alguna manera, culminan un proceso que ya te está resultando angustioso desde hace rato. ¿Un ejemplo? La violación de Irreversible, mucho más impactante que cualquier zombi cometripas. ¿Otro ejemplo? Anticristo.

La última película de Lars von Trier supera esa afición suya a torturar al espectador de Rompiendo las olas o Dogville y va más allá. Esta vez no se limita a desarrollar situaciones -aparentemente- insostenibles en las que un pobre individuo es destrozado, sino que se recrea en la violencia de las imágenes. Vamos, que ver los navajazos de un psicópata puede ser duro. Ver a una pobre chica sufriendo por los insultos o las humillaciones de una sociedad de la que no puede escapar puede serlo más. Pero ver a una persona perforando la pierna de su pareja lentamente después de que su dolor y su desesperación se te hayan metido ya hasta dentro es algo inaguantable.

Y allí, Lars von Trier se pasa. En su obsesión por impactar crea algo tan duro que es casi imposible fijarse en nada que vaya más allá del horror visual. Anticristo es una película de terror, de eso no hay duda. Pero es, o pretende ser, algo más. Entonces, ¿por qué abusar así de lo escabroso? ¿Sólo para provocar? ¿Para demostrar su maestría a la hora de dominar los sentimientos de los que nos sentamos delante de la pantalla? Sí, muy bien. Pero se pasa. La violencia es excesiva. El sexo, gratuito en la mitad de los casos. No tengo nada en contra de lo explícito ni critico que el sexo pueda ser el hilo conductor de una historia. De hecho, Shortbus me encanta. Y es perfectamente comprensible que si alguien pierde un hijo por estar distraido mientras hace el amor con su pareja se obsesione con el tema o lo demonice. Pero vaya, que aquí aparece de una forma tan arbitraria que sólo se puede entender como una relación facilona entre el deseo carnal y lo demoníaco. Innecesaria y absurda.

Y más allá de eso, ¿qué? Más allá de eso, mucho, en realidad. Sería absurdo decir que Anticristo impacta sólo por la violencia y el sexo, porque lo que von Trier cuenta o parece querer contar crea tanto desasosiego como lo meramente visual. La perturbadora historia sobre el dolor tras la pérdida de un hijo y las dificultades de una pareja para superar un incidente espantoso acaba en una especie de discurso misógino sobre la naturaleza incontrolable de la mujer y la necesaria redención de un hombre que, a pesar de ser el más crítico con estos planteamientos, acaba sometido ante la dura realidad. Y odio, de verdad que odio, los análisis que llaman misógino a cualquier discurso que se mete con una mujer. Como si criticar a una mujer supusiera, automáticamente, hacer una disección de la naturaleza femenina. Pero aquí es inevitable, es incluso obvio. Hasta lo protagonistas plantean la cuestión expresamente durante la película. Porque en Anticristo, de sutilezas nada. Los símbolos aparecen por oleadas, masticados y evidentes. Hasta un punto en el que hasta resultan cómicos, como en la escena final.

Así que, después de todo esto, lo que correspondería sería decir que no vayáis a ver este engendro ni en broma. Que esto es un sinsentido obsceno que no va a ninguna parte. Que no perdáis el tiempo. Pero es que resulta que hacía tiempo que una película no me impactaba tanto. Que llevo desde que salí del cine dándole vueltas a su historia, pensando en la tristeza, el dolor y la desesperanza representados por un zorro, un ciervo y un cuervo, y con Willem Dafoe, Charlotte Gainsbourg y sus magníficas interpretaciones en la cabeza. Y veo que hacía tiempo que me daba pereza desmenuzar una película así y que nunca había escrito un post tan largo en el blog.

Y entonces me doy cuenta de que, por mucho que Lars von Trier me enerve, por mucho que sus ejercicios de tortura me irriten y por muy demagogos que me parezcan gran parte de sus discursos, alguien capaz de despertar semejantes pasiones, de provocar rabia en vez de desprecio con sus películas y de propiciar largas conversaciones sobre si se puede ondular una imagen o abusar de El Bosco no puede ser simplemente ignorado. Puede que sea una película horrible, pero no puedo aconsejarle a nadie que se pierda Anticristo. ¿Y si está destinada a cambiar su visión del cine y yo le digo que se quede en casa? ¡Qué responsabilidad!

sábado, 29 de agosto de 2009

Cómo sobrevivir a los zombis


He decidido que últimamente me tomo demasiado en serio. Así que, para compensarlo, os voy a confesar alguna de mis miserias. Como la de los zombis.

A mi amiga Ingrid, a la que le encantaba Bukowski, le aterrorizaban. A mí, no demasiado. Al menos, no tanto como las muñecas que giran la cabeza y te miran siniestramente, el riesgo de comprar un par de zapatos sin darte cuenta de que son de distinto número o la posibilidad de llamar a un alcalde pensando que es el de la oposición. Así que pensé que podría ver Dead Set, dar unos grititos y partirme de risa con los de Gran Hermano pensando que les están poniendo a prueba a golpe de cadáveres y el policía que, "dadas las circunstancias", es decir, la invasión de muertos vivientes, está dispuesto a dejar pasar lo de que hayas saqueado el supermercado "con una advertencia". Ah, pero no pensé que dos días después, cuando tuviera que dormir sola, iba a recordar las horribles imágenes gore y me iba a morir de miedo imaginando a los zombis rascando en mi ventana.

"Pero si cierras las puertas no podrán entrar", me dijo, sensato, ese francés simpático y mono. "Ah, pero si los zombis británicos pueden correr -respondí yo-, ¿quién te dice que los españoles no puedan saltar hasta aquí?". "Sí, o bailar flamenco". Qué chistoso. Seguro que los franceses hacen huelga y comen pato.

Por suerte, el gran gato tenía una guía de supervivencia para zombis, un regalo de su hermano que no fue debidamente apreciado en su momento pero que estaba llamado a librarme de mis temores. Gran error: si tengo que cortarme el pelo y comprarme una pala shaolin para estar tranquila, mal asunto.

Finalmente, la solución vino de Facebook. Cómo no, de la mano de un test: ¿Sobrevivirías a un ataque zombi? Resultado: superviviente. Es clave responder que no te temblaría la mano a la hora de disparar a tu mejor amigo infectado, creo. Ya puedo descansar en paz.

Por cierto, ¿no os parece que la idea de disfrazarse de momia, ver a los Twangs, dormir en un cementerio y disfrutar de una comida caníbal es un plan irresistible? Se ve que no todo el mundo opina lo mismo, porque el plan de subir al Obuxofest no ha salido adelante. Vaaale, reconozco que las excusas han sido más o menos buenas. Y, así entre nosotros, quizá esto me haya asegurado el poder pegar ojo esta noche. O no. Me voy a ver Anticristo.

martes, 25 de agosto de 2009

La niña


No tengo ni idea de atletismo, el tema no me atrae en absoluto y los récords y las hazañas deportivas no podrían interesarme menos, pero cada vez que veo alguna información sobre Caster Semenya me detengo y la leo. Y ya sé lo que estáis pensando, que todo el mundo lo hace porque la historia de la chica con aspecto de maromo tiene el morbillo de las confesiones marcianas de El diario de Patricia. Pero no es por eso, de verdad. O, al menos, no exactamente.

Lo que pasa es que no puedo evitar acordarme de Calíope, la de Middlesex, la que, como Tiresias, primero fue una cosa y luego otra. Y, dramatizando e imaginándome mi película, la que me han montado los medios de comunicación, pienso en una niña grandota a la que no le dejan ir al baño de mujeres y echo de menos que Eugenides me cuente su historia. Evidentemente, si Caster Semenya me conociera, me mandaría a la mierda por gilipollas. Pero, como no lo hace, voy a seguir hilando historietas y mirando sus artículos con curiosidad.

Hablando de todo un poco, ¿alguna vez os he dicho que siempre visualizo al Cal adulto con la cara de su creador, de Jeffrey Eugenides, en la fotografía que le hizo su mujer y que sale en los libros? Y, en serio, si no habéis leído Middlesex, no sé a qué estáis esperando.

sábado, 22 de agosto de 2009

Juvilación


Del bar de los vocadillos, ese de Hernán Cortés, no se podía esperar más que un traslado por juvilación. Eso sí que es una buena imagen de marca, hombre. Y bien barata.

miércoles, 19 de agosto de 2009

La hora


Ya sé que esto es una especie de fantasía recurrente de todo el mundo, del tipo "ojalá pudiera volar" o "me encantaría ser invisible", pero cada vez pienso más a menudo en lo mucho que me gustaría poder jugar con el tiempo a mi antojo. Coger mi reloj mágico, mover con el dedo las manecillas y que los minutos avanzaran o retrocedieran hasta donde a mí me diera la gana. ¿Hora de levantarse? No para mí. ¿Fin de las vacaciones? Y un cuerno. ¿No tengo tiempo para nada? Te aseguro que sí. ¿Se te ha pasado el momento? Pues que vuelva.

En Timisoara, y en Rumanía en general, los relojes marcan la hora que les da la gana. Me di cuenta demasiado tarde como para ir haciéndoles fotos a todos, pero alguno sí que me traje. Y algún detallito más. En cuanto tenga un rato, los colgaré en flickr.

sábado, 15 de agosto de 2009

Descubrimientos: Cloe Bosco


Ese francés simpático y mono llegó y me preguntó: "¿Qué estás escuchando? Me recuerda a Tori Amos y a Amanda Palmer...". Era mi EP Womanhood, recién recogido de Correos como buen regalito postvacacional.


Sí, las influencias son obvias. Y eso no tiene nada de malo. La reconocida admiración de la señorita Cloe Bosco por los Dresden Dolls es lo que hizo que me detuviera en su blog, al que llegué un poco por casualidad gracias a Bellota. Que escuchara su música y que me enamorase de ella, del piano y de su voz. Y que le mandara un mensajito preguntándole cómo podía comprar el CD, ya que Valladolid me pillaba un poco lejos para ir a verla en directo.


Ya lo tengo en casa y no paro de escucharlo. Aquí os dejo un ejemplo, F-song, para que no penséis que estoy hablando de la maquetilla de una chica a la que no conoce ni Blas sólo porque queda muy molón. Nada de eso. Y ya quiero más.

jueves, 13 de agosto de 2009

El país más avanzado del mundo

Eso de que las terracitas tengan aspersores de nubes de agua refrescante convierte a Rumanía, a mis ojos, en el país más avanzado del mundo. Claro que no podrán entrar en la zona euro hasta que no superen esa afición a servir sopa ardiente cuando la temperatura ambiente es de 35 grados. Ah, y consigan reducir el número de cerrojos de baños públicos que no funcionan a una cifra inferior al 80%.


Ay, no me hagáis caso. Después de dos semanas de caminatas por montañas de cuevas, paseos por ciudades con nombres que hasta hace nada no sabía ni pronunciar y fiesta ininterrumpida con gente a la que echaré de menos, no se puede esperar mucho de mí.


Os dejo el Ghita de Cleopatra Stratan para ilustrar esto. Lo iba a hacer cuando me fui, pero lo olvidé con las prisas.