"Reina el caos"
Es curioso cómo el horror visual sólo es verdaderamente insoportable cuando, además, es psicológico. Quiero decir, que puedes ver las escenas más truculentas en cualquier película de género y no serán tan duras como las que, de alguna manera, culminan un proceso que ya te está resultando angustioso desde hace rato. ¿Un ejemplo? La violación de Irreversible, mucho más impactante que cualquier zombi cometripas. ¿Otro ejemplo? Anticristo.
La última película de Lars von Trier supera esa afición suya a torturar al espectador de Rompiendo las olas o Dogville y va más allá. Esta vez no se limita a desarrollar situaciones -aparentemente- insostenibles en las que un pobre individuo es destrozado, sino que se recrea en la violencia de las imágenes. Vamos, que ver los navajazos de un psicópata puede ser duro. Ver a una pobre chica sufriendo por los insultos o las humillaciones de una sociedad de la que no puede escapar puede serlo más. Pero ver a una persona perforando la pierna de su pareja lentamente después de que su dolor y su desesperación se te hayan metido ya hasta dentro es algo inaguantable.
Y allí, Lars von Trier se pasa. En su obsesión por impactar crea algo tan duro que es casi imposible fijarse en nada que vaya más allá del horror visual. Anticristo es una película de terror, de eso no hay duda. Pero es, o pretende ser, algo más. Entonces, ¿por qué abusar así de lo escabroso? ¿Sólo para provocar? ¿Para demostrar su maestría a la hora de dominar los sentimientos de los que nos sentamos delante de la pantalla? Sí, muy bien. Pero se pasa. La violencia es excesiva. El sexo, gratuito en la mitad de los casos. No tengo nada en contra de lo explícito ni critico que el sexo pueda ser el hilo conductor de una historia. De hecho, Shortbus me encanta. Y es perfectamente comprensible que si alguien pierde un hijo por estar distraido mientras hace el amor con su pareja se obsesione con el tema o lo demonice. Pero vaya, que aquí aparece de una forma tan arbitraria que sólo se puede entender como una relación facilona entre el deseo carnal y lo demoníaco. Innecesaria y absurda.
Y más allá de eso, ¿qué? Más allá de eso, mucho, en realidad. Sería absurdo decir que Anticristo impacta sólo por la violencia y el sexo, porque lo que von Trier cuenta o parece querer contar crea tanto desasosiego como lo meramente visual. La perturbadora historia sobre el dolor tras la pérdida de un hijo y las dificultades de una pareja para superar un incidente espantoso acaba en una especie de discurso misógino sobre la naturaleza incontrolable de la mujer y la necesaria redención de un hombre que, a pesar de ser el más crítico con estos planteamientos, acaba sometido ante la dura realidad. Y odio, de verdad que odio, los análisis que llaman misógino a cualquier discurso que se mete con una mujer. Como si criticar a una mujer supusiera, automáticamente, hacer una disección de la naturaleza femenina. Pero aquí es inevitable, es incluso obvio. Hasta lo protagonistas plantean la cuestión expresamente durante la película. Porque en Anticristo, de sutilezas nada. Los símbolos aparecen por oleadas, masticados y evidentes. Hasta un punto en el que hasta resultan cómicos, como en la escena final.
Así que, después de todo esto, lo que correspondería sería decir que no vayáis a ver este engendro ni en broma. Que esto es un sinsentido obsceno que no va a ninguna parte. Que no perdáis el tiempo. Pero es que resulta que hacía tiempo que una película no me impactaba tanto. Que llevo desde que salí del cine dándole vueltas a su historia, pensando en la tristeza, el dolor y la desesperanza representados por un zorro, un ciervo y un cuervo, y con Willem Dafoe, Charlotte Gainsbourg y sus magníficas interpretaciones en la cabeza. Y veo que hacía tiempo que me daba pereza desmenuzar una película así y que nunca había escrito un post tan largo en el blog.
Y entonces me doy cuenta de que, por mucho que Lars von Trier me enerve, por mucho que sus ejercicios de tortura me irriten y por muy demagogos que me parezcan gran parte de sus discursos, alguien capaz de despertar semejantes pasiones, de provocar rabia en vez de desprecio con sus películas y de propiciar largas conversaciones sobre si se puede ondular una imagen o abusar de El Bosco no puede ser simplemente ignorado. Puede que sea una película horrible, pero no puedo aconsejarle a nadie que se pierda Anticristo. ¿Y si está destinada a cambiar su visión del cine y yo le digo que se quede en casa? ¡Qué responsabilidad!