miércoles, 14 de octubre de 2009

La treintañera


La treintañera es una chica sensata. Siempre había pensado que lo de la píldora del día después no se podía tomar a la ligera, que había que tener cuidado con las adolescentes atolondradas capaces de liarse con cualquiera sin ni siquiera buscar un condón. Su prima la pequeña le preocupa; por mucha información sexual que le den, parece estar en las nubes, y no quiere verla con un tercer ojo desarrollado tras una sobredosis de hormonas a la décima vez que recurre a la pastillita por vaga y por inconsciente.

La treintañera es una chica sensata, pero un error lo tiene cualquiera. Claro, te pones a limpiar, cambias tus antibaby de sitio y luego se te olvida tomarlas. Y cuando te das cuenta ya es un poco tarde. La treintañera, con su contrato temporal y mileurista y su pseudonovio a-ratos-sí-a-ratos-no, tiene una cosa clara: un bebé no entra en sus planes. Así que decide acercarse a su centro de planificación familiar porque, como buena chica aplicada, sabe que es donde se supone que tiene que ir para que le informen y le ayuden.

Ah, pero esto no es un 7-Eleven. Esto cierra y ella no ha llegado a tiempo. Así que recurre al plan B y se acerca a Urgencias, donde un simpático doctor le informa de que está hasta las narices de atender a niñatas imprudentes y que no le piensa recetar nada. La treintañera, furiosa y avergonzada, decide esperar hasta la mañana siguiente.

Tras una noche en la que no pega ojo, consciente de que las horas van pasando y el tiempo juega en su contra, la treintañera vuelve a su centro de planificación familiar. ¿Tienes hora, querida? Pues no, no tenía previsto olvidar la píldora. ¡Doloreeeeeeeees, que dice esta chica que quiere la del día despuéeeeeeeeeeees! ¡Que si le puedes hacer huecooooooooooo!

Acércate a esa puerta y espera a que te atiendan, cielo. La treintañera, que empieza a sospechar que todo esto es un complot destinado a torturar a quien ha osado olvidarse de una capsulita después de diez años tomándolas, atraviesa la sala entre las miradas curiosas de todos los presentes y aguarda paciente a que la llamen.

Una vez dentro, pregunta. ¿No era tan importante la información? Pues pregunta. Eficacia, efectos secundarios. Posibilidades de fallo. Si debe seguir con su píldora este mes o no. Las respuestas son desconcertantes: ni idea, no sé, no creo que vayas a quedarte embarazada y, de todas formas, viniendo casi 72 horas después seguro que ya lo estás; tú sabrás, bajo tu propia responsabilidad.

La treintañera coge el prospecto y se lo lee. Se toma la pastillita, delante de la eficaz ¿enfermera?, que le dice que está obligada a hacerlo en su presencia. Y, como premio, un preservativo. También es obligatorio. La treintañera se marcha, humillada, pensando que la han tratado igual que a una chavalita a la que su madre pilla llevándose a su rollete a casa el fin de semana que sus padres se iban a ir a la playa.

Unas semanas después, la píldora postcoital se vende en farmacias, libremente y sin receta. La treintañera ya no teme que a su primita le salgan escamas. Y si le salen, ella sabrá.

La foto es de la galería de harry 619.

9 comentarios:

YoMisma dijo...

Pues, si, al final si es tan accesible no tendremos sustos nosotras tampoco, y si lo quieren hacer lo van a hacer igual.

Jolín que susto mujer, te leía y me estaba poniendo mala...

jaja

Saludines,
YoMisma

CRD dijo...

Ya, y los antibióticos se venden con receta (que no tiene nada que ver, porque es para evitar la aparición de resistencias, pero bueno...), y el tamiflú se da sólo en hospitales, por ahora, pero parece que va a empezar a dispensarse en farmacias, no sé si con receta o no..., y supuestamente los anticonceptivos orales también van con receta... Y luego la gente me pregunta y yo no sé qué narices decir..., ni si lo que diga va a seguir siendo igual al día siguiente.

Yo también me conozco alguna que otra historia como la que has contado. Exasperante.

thedishwashersdream dijo...

Sí, ahora la treintañera va a poder divertirse dando paseos buscando farmacias que no aleguen objeción de conciencia o lo que se les ocurra (El otro día en las noticias pusieron un vídeo de camara oculta con las mejores reacciones de los farmaceúticos. Uno hasta le decía que si se había planteado cambiar de modo de vida. ENORME).

3 entradas en 4 días, que cosa más estupenda!

Dani dijo...

Ua! demoledor, yo estaba en contra y ahora ya no se que decir...

De todos modos me sigue preocupando la posibilidad de que haya chicas que usen estas pastillas en lugar de condones... la gente está fatal, pero claro, si no hace esa burrada hará otra cualquiera.

Me estoy quedando sin argumentos a una velocidad alarmante. Te odio XD.

PD: Igual mañana te copio el artículo en mi blog (con tu permiso, claro)

Anónimo dijo...

Me solidarizo contigo, yo creo que a muchas nos ha pasado algo parecido y con las mismas reacciones por parte de esos, que se supone, incluyen una formación específica para tratar con respeto y tolerancia a los pacientes. En fin, libertad para comprar la pildora y que nadie se atreva a hacer juicios paralelos. Si la ley lo considera un derecho ¿qué autoridad tiene un tendero para negartelo?

Manuman dijo...

Pues yo digo una cosa. No hay que tener tanto miedo a que os miren a las mujeres por pedir la píldora. Es vuestro derecho y el que se ofenda que se joda.

¡Ya basta de tabús!

marmota dijo...

@manuman Hombre, ya no es que te miren, es que no te la den!

@Anónimo La de la historia no soy yo, ¿eh? Pero es una recopilación de casos reales.

@dani Copia, claro. El tema es:
1. A las adolescentes ya se les informa, joder. Y dársela se la van a dar igual. Y, si no, un aborto sería peor.
2. Los centros de planificación no informan mejor de lo que lo puede hacer un farmacéutico.
3. ¿Qué pasa con los derechos de las mujeres mayores de edad?

@thedishwashersdream Estoy en racha, pero no te acostumbres. :P

@CRD Ya, pero los antibióticos no son lo mismo. En teoría no sabes qué es lo que debes tomar si no te lo dice un médico, podrías equivocarte en el diagnóstico, por ejemplo. Me pareec más comparable el consumo de alcohol o tabaco, por ejemplo. Pero, si al final a las adolescentes se la dan igual, y la información es como la que te puede dar un farmacéutico en una farmacia, ¿dónde está la diferencia? Sólo en hacerlo más complicado.

@Yo misma No te preocupes, que acaba bien. ;)

Por cierto, los 20 eurazos que cuesta no habrá muchas adolescentes que los quieran pagar...

Ginger dijo...

Menos mal que acaba bien la historia, aunque a veces no es gracias a las facilidades de muchos médicos que se declaran objetores de conciencia. Y digo yo, ¿es justo que un médico de la Seguridad Social, al que pagamos todos los españoles con nuestros impuestos, se declare objetor de conciencia al ejercer un servicio público y encima se tome la licencia de juzgar a los demás? Yo creo que no. Por cierto, me gustaría saber más del final y de qué opinaba el pseudonovio. Besicos

marmota dijo...

@Ginger El pseudonovio? Ni idea.