viernes, 23 de octubre de 2009

El mercado


Lo primero que escuchas cuando dices que te vas a vivir al Gancho
-además del "cuidado con las ratas" y el "¿y no tendrás miedo de volver sola a casa por las noches?"- es un "qué suerte, podrás hacer la compra en el mercado central". El mercado central está considerado un lugar bucólico, alejado del fatal progreso y las bandejas de polifam en el que buscar comestibles es algo agradable y personal, los comerciantes te dan los buenos días y los productos son siempre más baratos y de mejor calidad. Tentador, ¿verdad?

Poco después de instalarme empecé a visualizarme con mi carrito, monedero en mano, comprando sabrosas frutas a vendedores que me recomendarían las mejores variedades de la temporada y, con esa relación amistosa que se crea cuando llevas varios días compartiendo una misma rutina, me regalarían manzanas guiñándome el ojo.

Nada más lejos de la realidad.

Ya me lo dijo Sonso. No pierdas de vista sus manos. No pidas nada de lo que no conozcas el precio. No dudes en comprobar qué te han metido en la bolsa. Y, sobre todo, no tengas vergüenza en reclamar cuando te des cuenta de que te están timando. Porque lo harán. En cuanto te vean la cara de veinteañera despistada que en la vida ha sabido lo que costaba un kilo de patatas te timarán sin el más mínimo pudor.

He visto cómo me colocaban mandarinas podridas. He pagado plátanos a precio de caviar. He protestado por cebollas pochas y reblandecidas para, cinco minutos después y tras escuchar "ah, que te gustan duritas", llevarme a casa unas alternativas aceptables... y muchísimo más pequeñas. Y, lo peor, he escuchado cómo me cantaban a la espalda "pero qué tontas que son las mujeres" mientras, humillada y con la cabeza gacha, me marchaba aceptando mi derrota.

Así que desisto. Sólo he visto un par de ratas y volver a casa por la noche no me asusta, pero comprar en el mercado central me ha superado. Es demasiado agotador. Puede que tenga mejores productos a menor precio, pero no tengo tiempo de sacarme el carné de maruja para conseguirlos.

8 comentarios:

begusa dijo...

el ambiente marujil de los mercados siempre me ha dado asma... no entiendo a las viejas putas podridas que necesitan meterte la cabeza bajo su sobaquera para sentir que tienen un sitio en el mundo...

Treiral dijo...

Donde estén las multinacionales vendiendote artículos con tantos conservantes que no se pudrirán jamás, ¿verdad? Yo lo prefiero.

Eso o convencer a una maruja vecina que te haga la compra de vez en cuando :D

tuprimo dijo...

y siempre se te cuelan; ¡que llevo prisa!

NoSoloZaragoza dijo...

Muy buena entrada ésta, me recuerda a hace poco que fui a pillarme unos vaqueros a una tienda de mi barrio y me querían tangar más 40 euros por unos que eran cutres salchicheros... en fin, qué pena que la gente sea así.

Eric dijo...

Mi tia de unos 40 años lleva como 7 viviendo en el gancho y al final ya se ha acostumbrado a ir al mercadona, porque al fin y al cabo ahi no le timan. Por cierto, tendras una gran variedad de tiendas, es lo que me gusta de ese barrio: Teteria, tiendas de especias,... es genial.Besos!

Yandrak dijo...

Yo que estaba dispuesto a ir al mercado contigo a dejar las cosas claras... :D

marmota dijo...

No me verán más ahí!
Prefiero los conservantes que las mandarina spodridas!

JoseAngel dijo...

bah bah, se trata de localizar los puestos adecuados. Hay de todo. Y las horas adecuadas también. Te recomiendo que vuelvas a intentarlo.