lunes, 13 de julio de 2009

La copia

Intentas ser como yo. Pero no eres yo.
La imagen es de María Luna y me ha vuelto a dar ganas de jugar con los clones, como en el bosque de Ruthefort.

6 comentarios:

Dani dijo...

Todos conocemos gente así, imitadores de pura cepa, dan un mucho miedito (El talento de mister Reply?). ¿Y fuera de ellos? Hay otra clase que a mí me tira 'patras', muchas veces se les descubre tras un inocente:

- "¿Y tú qué haces en tu tiempo libre?"
- "Lo normal, tomar algo con mis amigos, salir de fiesta, ir de compras..."

Lo normal!? es lo normal que no te salgas de la norma ni un ápice? Y a qué se debe? es miedo a desmarcarte o es falta de motivaciones? A mí no me gusta ninguna de las dos respuestas.

Ey Marmota, por qué no haces un post para sonsacar las rarezas de tus lectores? Prometo no participar, en realidad soy un tio muy normal.

guitarboy dijo...

... comentaría algo pero hasta que no lo haga mi original no puedo hacerlo..

Mirko dijo...

Qué casualidad, yo llevo siguiendo a esta estupenda fotógrafa en Flickr desde hace tiempo :-)

Anónimo dijo...

Hola... has aparecido ante mi por el google, y una referencia a MONJAS de un post tuyo de 2007, y en vista que voy a hacer una entrada de las MONJAS PAJILLERAS, pues pondré alguna cosa tuya de las monjas clic y otras cositas que has puesto, para acompañar la entradilla...

Mirate esto:

En diciembre de 1840, se autorizaba la creación (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Andalucía) del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga.

Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar en toda la península) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.
La autora de tan peculiar idea, había sido la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio. Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a "pajillear" a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su "pajilla" diaria. Los resultados fueron inmediatos.

El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos.

Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.

El éxito rotundo, se tradujo en la proliferación de diversos cuerpos de pajilleras por todo el territorio nacional, agrupadas bajo distintas asociaciones y modalidades. Surgieron de esta suerte, el Cuerpo de Palilleras de La Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y ya entrado el siglo XX, las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República.

Toy en el blog PIRANOIAS

http://www.piranoias.blogspot.com

Saludos:

xose piñeiro

marmota dijo...

Eeeeeh? O.O

Las rarezas acaban saliendo solas, Dani... ;)

Pues nada, esperaré al guitarboy original. :D

Sí, Mirko? To la acabo de descubrir!

Ginger dijo...

Las copias no son más que copias y para eso están los expertos, seres preparados y atentos, que son capaces de diferenciar la paja del trigo.