martes, 29 de diciembre de 2009

Cactus


Le aseguré que no estaba dispuesta a cuidar de nada que no fuera capaz de darme una buena conversación, lo que incluía bebés, perros y plantas, y me regaló un cactus. "De acuerdo, no parece necesitar mucho, será nuestro pequeñín", le dije. Y lo llamé Cactus.

Cuando David lo vio, me contó una especie de truco de la abuela moderna según el cual estas plantitas ahuyentan los malos espíritus que emite el ordenador. O algo así, pero más técnico. Hace unos días lo recordé al leer en el blog de Christian una historia similar sobre su cactus, que también se llama Cactus, y pensé que todo esto tenía una pinta muy marciana.

Así que después de buscar un poquito por internet, y a pesar de que en Ciao haya quien está convencido de que hasta pueden evitar las malformaciones durante la gestación, lo añado a mi lista de leyendas urbanas, que ya sabéis cuánto me entretienen. El cactus antirradiaciones. Me gusta cómo suena.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Y de los demás, na na na na...


Lo bueno -o malo- de las cenas navideñas, además de lo de ponerse como un cochinillo y lo de que puedes acabar bailando el gorila con tu jefe, es que acabas yendo a bares que normalmente ni pisas. En una noche de estas nos pusieron unas veinte veces -o ésa es la sensación con la que me fui a casa- esa canción de Amaral de los amigos. La de uno que se va a Buenos Aires, otra que se queda sin trabajo y de los demás ya no sé más.

Cualquier persona que viva en España ha oído estos versos algo así como 20.000 veces. Yo no soy una excepción. Pues no hay manera. No puedo escucharlos sin acordarme de Phoebe cantando al resto de la tropa en Navidad.

Mónica, Mónica, que tengas feliz Hanukkah.

Vi a Santa Claus, me dio recuerdos para Ross.

Que le dijera a Joey Tribiani que le contratarán por mucho money...

Y a Chandler y a Rachel... na na na na...

¡Es que es igualita! Siempre pienso que a Alicia, Claudia y Guille, por no hablar del resto, se les tuvo que quedar la misma cara que a Chandler y a Rachel. Tal cual.

martes, 22 de diciembre de 2009

Estaba en el metro


Estaba en el metro y lo vi, enfrascado en la lectura. Era muy, muy guapo, con esa pinta de tío despistado que no se da cuenta del efecto que produce en nosotras y que tanto nos gusta. Habría sido una de esas veces en las que intentas cruzar miraditas, quizá lo consigues, llega tu parada, te bajas y piensas, ¿por qué no he podido, simplemente, acercarme y decirle que nos fuéramos a tomar un café? Lo habría sido, estoy segura, pero guardó el libro que estaba leyendo en su mochila y me di cuenta de que se trataba de Tokio Blues. Entonces me dije, ésta es la mía.

Me acerqué y me senté a su lado. Le dije que sabía que era raro, pero que no había podido evitar sentir una especie de conexión mágica, algo excitante, algo que no me había pasado desde que mi marido me abandonó, sin más. Sin ni siquiera llevarse la ropa de la tintorería y dejándome convertida en una especie de sombra de mí misma que ya no levantaba cabeza. Parece que coló, porque puso cara de alucinado, así que seguí. Le hablé de lo mucho que me gustaban los gatos, que hasta me hablaban, y del mío, que también se había ido sin dar explicaciones. Le conté lo de las extrañas llamadas que recibía estos días y la vez que me metí dentro de un pozo porque sí. Lo de mi primer amor, esa mujer diecisiete años mayor que yo, casada. Y lo de la temporada que trabajé en una biblioteca, y los fantasmas que encontré allí.

Él comprendió el juego y no pensó que estuviera loca, menos mal. Asintió varias veces y me preguntó detalles de mis historias para escuchar las respuestas con una sonrisilla medio irónica y una falsa cara de atención. Cuando le estaba confesando que un día me puse a seguir por la calle a un chico que se parecía a mi gran amor platónico de la infancia, me besó. Así, sin más. Como en las películas. ¿No es divertido? Por suerte estábamos ya a sólo un par de paradas de mi casa, así que bajamos y nos fuimos directos hacia allá.

Se paró en el pasillo, sólo un momento, para observar con intención mis libros de Murakami y lanzarme una mirada cómplice. Y de allí, a la cama. Fue algo increíble, en serio. Supongo que lo imprevisible de la situación lo hizo mucho más intenso.

Fue sólo al terminar, cuando el sudor empezaba a enfriarse, cuando le pregunté su nombre.

–¿Pero no te acuerdas de mí? –me dijo, sorprendido–. Soy el primo de Miguel, nos enrollamos después de su fiesta de cumpleaños. Te fuiste sin despedirte, pero no pensaba...

Sí, quedé fatal. Qué queréis que os diga, las cosas se ven diferentes durante el día.


Esto es un cuentecillo que escribí para un concurso de un blog. Te podías llevar a casa el último libro de Murakami si comentabas cualquier cosa relacionada con el autor. Esto no es nada del otro mundo ni está demasiado pulido, pero cuando me enteré de que no me habían elegido me llevé una gran desilusión.

"Qué mal perder", pensaréis. Pues sí, pero entre que había muchas frases del tipo "es mi favorito, me encanta", que me esforcé bastante y que 15 ganadores entre 80 no parecía un mal porcentaje, había puesto muchas esperanzas.

Hoy, mirando de nuevo la entrada para enlazarla aquí, me he dado cuenta de que otra persona había escrito algo demasiado similar antes que yo. En fin, Serafín. Por lo menos lo comparto con vosotros.

domingo, 20 de diciembre de 2009

La realidad según W. Eugene Smith


W. Eugene Smith estaba obsesionado con mostrar la realidad. Pero no la realidad que se ve a simple vista, sino la que se siente. La verdad de una mujer, por ejemplo, que trabaja como una mula y como quien no quiere la cosa para sacar adelante a niños en un entorno durísimo. Para profundizar en lo auténtico, no dudaba en "manipular" las imágenes, en recrear escenarios que consiguieran aportar más fuerza a lo que quería contar. Arriesgado, claro, porque esta interpretación de los hechos te puede llevar a la superficialidad fácilmente.

La Lonja de Zaragoza acoge hasta el 31 de enero 200 fotografías de este hombre. No deberíais dejarla pasar, es impresionante. A mí me gustó especialmente su trabajo sobre el médico rural. Mirad a este hombrecillo, Ernest Cerniani. Va con su corbata de aspecto barato y su pinta de oficinista que camina con maletín bajo la lluvia y salva vidas. Y no lo hace en los lujosos pasillos de Anatomía de Grey, sino en los años 40 de Colorado. En esta que pongo aquí, acababa de perder a una madre y su hijo en un parto que salió mal.

Estas son las cosas que, por un momento, te hacen pensar si no deberías dejarlo todo y estudiar medicina. Supongo que, dijeran lo que dijeran, el señor Smith no lo hizo del todo mal.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Navidad inolvidable


En los años 50 sí que sabían. Ni árbol, ni luces, ni turrón, ni Papá Noel. A mí no me gustan mucho estas fechas, pero no hay duda de que un rifle es lo mejor para hacer la Navidad inolvidable. Felices fiestas y que os traigan muchos regalos para recordar.

Lo vi en el blog de Cloe y lo guardé en el tumblr.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Canciones para un corazón roto


Lo de que te rompan el corazón es una mierda, está claro. Pero como decía Xoel López cuando hablaba de los chicos atormentados que en el dolor descubren el placer, hay que reconocer que a todo se le puede encontrar un cierto encanto estético. Como Flanagan con su cinta de música para masocas (y si no sabéis de qué hablo es que no habéis sido adolescentes en los 90; adolescentes lectoras, al menos). Como esa escena de My Blueberry Nights que te da ganas de encontrar al amor de tu vida montándoselo con otra siempre que te pille subida en unos tacones de vértigo en Nueva York. Ya me entendéis.

Mi ruptura de corazón particular se saldó con un patético abandono del blog, seis kilos menos, muchos pañuelos usados y una lamentable lista de canciones de esas para regodearte en tu propia tristeza. Os dejo alguna, más algún descubrimiento posterior y un par de aportaciones de amigos.

  • Te sigo soñando, de Depedro. "Me sigues gustando, te sigo soñando, es ésta la forma que tengo, cariño, de demostrarlo".
  • You oughta know, de Alanis Morissette. "And every time you speak her name, does she know how you told me you'd hold me until you died?".
  • Un buen día, de Los Planetas. "Y no he vuelto a pensar en ti hasta que he llegado a casa, y ya no he podido dormir como siempre me pasa".
  • Años 80, de Los Piratas. "No te echaré de menos en septiembre".
  • Es feo, de Manos de topo. Bueno, y tantas otras. "Y que te vayas con otros que no hacen ni la mitad por ti... es feo".
  • The blower's daughter, de Damien Rice. "And so it it, just like you said it would be, life goes easy on me... most of the time".
  • Stand in my way, de Micah P. Hinson. "It's not what you did, it's how you did it to me".
  • Crying, de Roy Orbison. "I thought that I was over you, but it's true, so true... I love you even more than I did before".
  • Weak, de Skunk Anansie. "Lost in time I can't count the words I said when I thought they went unheard".
  • Nada que perder, de Conchita, que admito avergonzada que casi me ha hecho soltar una lagrimilla alguna vez. "Quisiera ser capaz, decirte la verdad, decirte que me va realmente mal".
  • Y, para poner un punto y final decente, Good Day, de los Dresden Dolls. "You'd rather be a bitch than be an ordinary broken heart".
La foto es de welcome, ghosts, a la que he descubierto hace poquito y que me encanta.

Editado 23.41: Muchísimas gracias por vuestras sugerencias. Subo aquí una lista de Spotify a la que podéis añadir lo que queráis.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Lo bonito del AdSense


¡Gran idea, vamos a poner unos blogs en la web del diario y así conseguiremos ingresos y audiencia! Ay, lo bonito de los AdSense de Google es que puedes meterte en el Heraldo y, debajo del blog La voz de mi amo, encontrar un anuncio de El Periódico de Aragón...

lunes, 7 de diciembre de 2009

Where did you sleep last night?


Fue un conciertazo. Desde el principio, con la telonera. Descubrí que la camarera que me pone las cervezas casi cada día tiene una voz impresionante, aprendí que Micah se pronuncia Mai-cah, me acomodé al pie del escenario e hice alguna foto que quedó fatal porque me asaltó un miedo tontorrón a pegarle un flashazo en la cara al pobre hombre.

Parece que lo de que Tachenko jugara en casa les dio un poco igual, porque el set list fue el mismo que el de Madrid, según pone en el papel, aunque no me di cuenta hasta que lo saqué del bolso a la mañana siguiente y lo volví a leer. No importa. Me lo pasé como una cría en una piscina de bolas.

Tocaron su interpretación de In the Pines. Y me hizo mucha gracia cuando dijo que no nos pensáramos que Nirvana eran los únicos que se habían arrancado con eso de where did you sleep last night y que hay algo así como cientos de grupos que también lo han hecho. Así que, ya que hace siglos que mi pequeña sección de versiones está abandonadísima, le dedico esta entrada al señor Micah P. Hinson por hacerme retomarla. Aquí lo tenéis. Y una pequeña lista de Spotify que he empezado hoy con variantes de la canción.

Ah, en youtube he colgado As you can see.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Bye bye Splash


¿Os acordáis de cuando hace tiempo me puse refunfuñona con lo de que quitaran el Splash de la Torre del Agua? Ha pasado más de un año, y ya entonces sospechaba que a esas alturas las piezas debían de estar metidas en un saco de patatas en algún almacén.

Parece ser que me equivocaba. En realidad, han tardado meses en empezar a retirar la instalación. Me cuenta un compañero que sí, que ahora sí, y que la pieza acabará en la estación Intermodal. El traslado y la adecuación del techo para colocarlo, que cuesta la friolera de 400.000 euros, se podría financiar con fondos del 1% Cultural -es decir, del Gobierno central- ya que ni el Adif ni el ayuntamiento parecen estar muy dispuestos a pagarlo. Nadie sabe cómo enterrar a este muerto, lo que resulta en sí lamentable.

Como las consignas resultonas y llamativas acaban siendo las más eficaces, me voy a agarrar a ese argumento tan majo que se repite mucho últimamente y que viene a recordar que los parisinos también querían deshacerse de la Torre Eiffel después de la Expo de 1889. Y, aunque el Splash acabe en la Intermodal, no será lo mismo, ni por tamaño ni por espectacularidad.

La Torre del Agua podría haberse convertido en un edificio único, con una obra emblemática de las que todo el mundo habla. Está claro que se trata de una construcción muy poco práctica, con sus paredes de cristal en las que no se puede poner nada y su enorme espacio interior, ese que la CAI quiere eliminar. Pero, entendiendo la enorme escultura de la gota como un bien en sí mismo, hay suficientes alternativas para que la entidad transforme la torre en el centro de arte que se comprometió a crear cuando Expo Zaragoza Empresarial le cedió el edificio por el simbólico precio de un euro. La planta baja es espaciosa, los rincones de las plantas son aprovechables, así como los pisos superiores, y la posibilidad de construir más plantas es factible.

Dicen que el mantenimiento es muy caro. Seguro que sí, y la CAI siempre lo supo. ¿No se siente capaz de rentabilizar sus posibilidades sin trasladar su elemento más significativo? Tal vez otros quieran hacerlo, otros que no se tomen esta gestión como una carga sino como una enorme suerte. Al final acabará metiendo dinero la Caixa y se llevará el Splash a Barcelona para convertirlo en otro símbolo más de la ciudad condal. Por ejemplo. La cara de gilipollas que se nos quedará entonces por aquí será histórica. Eso sí, vamos a seguir gastando fondos en apoyar una candidatura de Capital de la Cultura para la que, no nos engañemos, la capital aragonesa no tiene ni media posibilidad.

Ah, en Facebook ya somos más de mil. ¿Quién lo habría dicho? Sospecho que lo de que los políticos se hayan subido al carro ahora ha tenido bastante que ver...

martes, 1 de diciembre de 2009

La jirafa


Esto es la interpretación que Javi ha hecho de la mancha 6 de la jirafa de Buñuel. Si la queréis ver en su contexto original, dentro de una caja, tendréis que pasar por la biblioteca María Moliner de Zaragoza (la de la plaza San Agustín, no la de la Universidad), donde está expuesta junto a los trabajos de veinte artistas más.

Hacía ya días que me apetecía que se inaugurara esto. No sólo por descubrir lo que había hecho Johny, lo que había hecho Álvaro o lo que había hecho Christian, sino porque todo el proyecto sonaba interesante. Debe de ser la influencia del gran gato y su amor por el cineasta. Y, aunque tengo que reconocer que el conjunto me ha parecido algo irregular, no voy a dejar de recomendároslo.

Un secreto: si miráis la mancha 17, veréis una marmota sonriente y sin ojos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Estupor y temblores


¿Y, fuera de la empresa, qué les esperaba a aquellos contables de cerebro lavado por los números? La cerveza obligatoria con colegas tan trepanados como ellos, horas de metro abarrotado, una esposa que ya duerme, el sueño que te aspira como el desagüe de un lavabo que se vacía, las escasas vacaciones en las que nadie sabe qué hacer: nada que merezca el nombre de vida.

Y lo peor es que a escala mundial esta gente son privilegiados.

Hacía mucho tiempo que no leía un libro de un tirón. Estupor y temblores rompió la racha. Amélie Nothomb cuenta una historia al parecer muy autobiográfica sobre el año de una joven belga en una empresa nipona. Es muy crítica con la cultura japonesa, aunque no hace falta irse tan lejos para encontrar jefes gilipollas y dinámicas absurdas.

¿Sabéis qué es lo que más me ha gustado? Imaginar el "después". No es que esto sea un thriller, pero no sigáis leyendo si no queréis que os desvele el final.

Después de 12 meses de torturas y humillaciones, la protagonista abandona. Deja la compañía. A pesar de todo lo que ha sufrido, se intenta marchar "quedando bien". Ya sabéis, educadamente, sin acusar a nadie de nada y atribuyendo la decisión a sus propias circunstancias. Salvando el honor y las buenas relaciones belgo-japonesas, vaya.

Unos años después, Amélie Nothomb es una autora famosa. Escribe un libro al parecer muy autobiográfico sobre el año de una joven belga en una empresa nipona que se convierte en un enorme éxito y es traducido a varios idiomas e incluso llevado al cine. Está claro que todo esto tiene que haber llegado a oídos de la empresa Yumimoto, se llame como se llame en realidad, y a la persona que inspiró el personaje de la sádica Mori Fubuki.

Después de haberse humillado delante de todos sus jefes al estilo, se supone, oriental, se da la vuelta y les lanza esta bombita. ¿No es gracioso?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Celda 211

"Somos basura, y lo que se hace con la basura es apartarla"



¿Qué había hecho Daniel Monzón hasta ahora? Un par de películas que me echaron para atrás sólo con ver el título y una Caka Kovak que prometía pero que no me pareció más que una tontería amena pero olvidable. Arranca Celda 211 con una escena cruda y desagradable, de las que te hacen apartar la vista de la pantalla, y continúa con unos diálogos más bien forzados y sobreactuados. Dijeran lo que dijeran las críticas que ni siquiera me había leído, tengo que reconocer que yo no esperaba demasiado de esto.

Y, de pronto, ocurrió. Me encontré con una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo y, desde luego, con uno de los trabajos españoles más impresionantes de los últimos años. Así, en forma de thriller carcelario. Qué sorpresa.

Celda 211 es entretenida. Entretenida en el buen sentido, no en ese que utilizas para decir que algo se puede ver pero no aporta demasiado. Durante las casi dos horas que dura no te distraes ni un momento, y además te pasas la mayor parte del tiempo con una angustia que se te agarra a la tripa y que no puedes quitarte.

Pero es muchísimo más. A través de una historia de acción que engancharía al tío más simple del mundo, plantea cuestiones a las que cualquier cultureta se podría pasar horas dando vueltas. El absurdo de la política. El clásico "quiénes son los buenos y quiénes son los malos". La moral relativa. Lo del fin que justifica los medios y lo cómodo que resulta dejar que sea otro el que se haga cargo de lo incómodo. Y, claro está, el demoledor hecho de que cualquiera podría ser un monstruo.

Ni siquiera se permite caer en el recurso fácil de los presidiarios atractivos. No, aquí no está Prison Break ni el Morgan Freeman de Cadena perpetua, sino un montón de tipos bestias y repugnantes. Y, aún así, funciona.

El trabajo de los actores es básico. Todo el mundo hablará de Luis Tosar, pero no convendría perder de vista a Alberto Ammann, que consigue hacer creíble un papel nada sencillo y rematar una producción impecable y eficaz, que podría haber fallado en muchos detalles y no lo hace en ninguno.

¿Quién lo iba a decir? Un peliculón.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Don't you forget about me


Cómo me gustan las segundas oportunidades. Lamenté profundamente perderme a Amanda Palmer la última vez que estuve en Berlín, pero tuvo el detalle de dar un conciertazo unos meses después en Madrid. También me he arrepentido muchas veces de no haber ido a ver a Micah P. Hinson este verano en Las Playas, pero no pasa nada, lo voy a solucionar.

Escuché por primera vez a este hombre con pinta de popero atormentado y voz de haber vivido mucho a sus menos de treinta años en casa del gran gato. Rubén lo llevaba encima y me puso un par de canciones, que no pude apreciar demasiado por el ruido de las conversaciones a mi alrededor. Lo olvidé completamente hasta que unos días después me dio por buscarlo en el Spotify. Y se me agarró, hasta hoy.

Cada vez que escucho ese lamento que es On my way, ese I'm running out of patience to be fucking with this se me pone la carne de gallina. ¿No os pasa a vosotros? A mí, pocos grupos me han emocionado tanto últimamente.

A estas alturas ya todo el mundo sabe que va a estar acompañado de Tachenko, así que puede que el concierto de Zaragoza sea particularmente especial. Viene de nuevo. Yo trabajo, pero esta vez, sea como sea, no lo dejaré escapar.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Lo único que quiero escribir


Si no puedo escribir las únicas cosas que quiero escribir, pues no escribo nada.

¿Sabéis? Cuando vi Mi vida sin mí me pareció la película más triste del mundo. Y Un buen día de Los Planetas, ese grupo que tanto le gusta al gran gato aunque tengan un directo aburridísimo, es una de las canciones más deprimentes que he escuchado.

Nada, que si no puedo escribir lo único que quiero escribir, pues no escribo nada, lo siento.

La imagen es de just do it Miss Kaplan.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El día que conocí a Leónidas


Ahora que Leónidas finge que ha muerto y deja comentarios bajo seudónimos poco disimulados, creo que ha llegado el momento de hablaros del día en el que lo conocí. El día en el que lo conocí en persona, quiero decir, y no sólo tras esa fachada que siempre es lo que escribimos.

Nunca he quedado con un bloguero, y si alguien pasa por aquí y me lo sugiere es probable que me entre la timidez y le diga que no. Hay excepciones, claro. La de Christian ya os la he contado. A guitarboy lo conocí fugazmente (él lo contó). Y a Chorche lo veo de vez en cuando, pero es distinto. También me siento en cierto modo cercana a Lola o a Ana, por poner un par de ejemplos. Y hay más, por supuesto. Pero hasta esa noche no había hablado con alguien, al que hasta ahora sólo había leido, para decir: "venga, hoy vamos a tomar algo".

Es curioso comprobar que la gente nunca es como te la imaginas. A la hora de la verdad, el tipo que escribe entradas de psicópata, comentarios misóginos y se mete con los comentaristas de otros blogs sin venir a cuento, el que tiene hordas de fans cansadas de escribir cartas de amor a presidiarios desconocidos, resulta ser... normal. En el buen sentido, claro, y obviando su alucinante capacidad para beber gintonics.

Un placer, Javi. Es gracioso; en internet todos somos personajes.

Sí, ya lo sé. Él se me adelantó y yo, que soy un desastre, he tardado un montón en responder. La foto es realmente de esa noche. Me dijo que si fotografías a alguien le robas el alma, o algo así muy peliculero. Me limité a quedarme con las bebidas. Y lo pasé bien. :)

domingo, 1 de noviembre de 2009

La gorda (II)


Que no. Que los de Dove no me vais a enseñar qué es la belleza real. Que os veo venir, que no me engañareis más.

Reconozco que vuestra publicidad me encantó. Vi clarísimo que si una marca sacaba a una gorda en sus anuncios no podía haber trampa y que vuestras cremas me dejarían unas piernas firmes, no especialmente delgadas -ya sabemos que eso es imposible-, pero firmes. Por suerte, la tienda debía de estar cerrada y no pude llevarme todas las existencias, como era mi plan, antes de darme cuenta de que me estabais tomando el pelo y riéndoos entre dientes.

Oye, no voy ni a entrar en que lo de "reales" es cuestionable. Que se entiende que una foto tiene que estar bien hecha, bien iluminada y que un poquito de photoshop es completamente aceptable. Que una cosa es no tener un cuerpo de modelo y otra lucir ojeras, cara de resacosa o granos, faltaría más. O, lo peor, no parecer simpática. Eso no.

Pero, una vez traspasada la barrera de los kilos -o la de la edad o la que mejor os parezca-, ¿es necesario estar repitiendo cada cinco minutos lo majos que sois por sacar chicas de verdad? Se ve que sí, que no se puede hacer sin más. Claro, hay que dejar claro que no es que se os haya colado una foca en el cásting, sino que lo hacéis a propósito porque sois unas bellísimas personas entregadas en cuerpo y alma a devolver la dignidad a las mujeres. No vaya a ser que alguien piense que no tenéis sentido estético.

Y... y... podría acabar soltando alguna sentencia sobre lo estúpido que resulta creerse eso de que una marca de cosméticos quiere devolvernos la autoestima y... buf, me empiezo a dormir a mí misma de lo manidos que están estos argumentos.

Así que os confesaré mis verdaderos motivos. Lo que de verdad me da cien patadas es que hayáis decidido que ser gorda es ahora aceptable y estar blandita no. Que hacer dieta es una tontería pero, ¡qué casualidad!, utilizar anticelulíticos es imprescindible. Y que tengamos que daros las gracias por semejantes concesiones.

Llegáis los de Dove y empezáis a dar el coñazo con que pesar 100 kilos está muy bien mientras todo esté firme y terso, y os dais palmaditas en la espalda por ser tan sensibles. Plastas, que sois unos plastas. Sacad a quien os dé la gana pero dejad de darnos lecciones, que no sois mejores que los que pretenden imponer esqueletos de dos metros o conejitas con tetas enormes.

Ah, yo sigo usando las cremitas del Mercadona. Que funcionan igual de poco pero, por lo menos, no predican. Y no penséis que este tema me indigna realmente, es que estoy demasiado cansada como para escribir algo con más gracia. En realidad, yo he entrado en la etapa en la que para venderme algo me tienen que dar un cupón de descuento. Fase rata, la llaman.

martes, 27 de octubre de 2009

Copito de nieve


Confesaba Ana en su blog que siempre le cayó fatal Copito de nieve y me acordé de cuando lo vi en el zoo. El gran gorila blanco, ese símbolo de Barcelona del que tanto me habían hablado, se sentaba imponente en su jaula, se balanceaba, vomitaba la comida y pasaba a recoger los restos, a estrujarlos en la mano y a volverlos a engullir. Y así una y otra vez, mientras unas cuantas personas lo contemplábamos atónitos. Toda esa visita al zoo fue de lo más traumático...

Ya veis. Supongo que es por algo así por lo que no conviene confiar demasiado en los mitos.

Ah, vengo de ver Ágora en el cine. Estaba muy bien hecha y tal pero... no sé, me ha dejado fría. Me ha decepcionado.

La foto la he cogido miserablemente del Facebook de Luke, así que os agradecería que no la utilizarais.

domingo, 25 de octubre de 2009

Cal, en la tele


Primero la peli de Tokio Blues, luego la Alicia de Burton y ahora esto. La HBO va a llevar Middlesex a la televisión. ¿Eso es bueno? ¿Es malo? Se supone que hacen buenas series y tal, y que los guiones los escribirá Donald Margulies, que ganó un Pulitzer, pero... ¡Middlesex! ¡En la tele!

¿Serán capaces de mostrar la historia de los Stephanides sin convertirla en una parodia, un decorado del cuento morboso de la adolescente hermafrodita? ¿Podrán mantener la sutileza de los sentimientos encontrados de Calíope? Y, sobre todo, ¿quién va a interpretar a la que fue niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey? ¿A Cal, ridiculizado por sus compañeros de clase, convertido en conejillo de Indias por los médicos, palpado por especialistas y calibrado por Don Dinero antes de cumplir los dieciséis?

Como esto salga bien, juro que me reconcilio con la caja tonta. Esto es broma, no seré capaz de esperar a que llegue a España. Me morderé las uñas hasta que la estrenen y la pueda conseguir por internet. Está prevista para el 2010.

viernes, 23 de octubre de 2009

El mercado


Lo primero que escuchas cuando dices que te vas a vivir al Gancho
-además del "cuidado con las ratas" y el "¿y no tendrás miedo de volver sola a casa por las noches?"- es un "qué suerte, podrás hacer la compra en el mercado central". El mercado central está considerado un lugar bucólico, alejado del fatal progreso y las bandejas de polifam en el que buscar comestibles es algo agradable y personal, los comerciantes te dan los buenos días y los productos son siempre más baratos y de mejor calidad. Tentador, ¿verdad?

Poco después de instalarme empecé a visualizarme con mi carrito, monedero en mano, comprando sabrosas frutas a vendedores que me recomendarían las mejores variedades de la temporada y, con esa relación amistosa que se crea cuando llevas varios días compartiendo una misma rutina, me regalarían manzanas guiñándome el ojo.

Nada más lejos de la realidad.

Ya me lo dijo Sonso. No pierdas de vista sus manos. No pidas nada de lo que no conozcas el precio. No dudes en comprobar qué te han metido en la bolsa. Y, sobre todo, no tengas vergüenza en reclamar cuando te des cuenta de que te están timando. Porque lo harán. En cuanto te vean la cara de veinteañera despistada que en la vida ha sabido lo que costaba un kilo de patatas te timarán sin el más mínimo pudor.

He visto cómo me colocaban mandarinas podridas. He pagado plátanos a precio de caviar. He protestado por cebollas pochas y reblandecidas para, cinco minutos después y tras escuchar "ah, que te gustan duritas", llevarme a casa unas alternativas aceptables... y muchísimo más pequeñas. Y, lo peor, he escuchado cómo me cantaban a la espalda "pero qué tontas que son las mujeres" mientras, humillada y con la cabeza gacha, me marchaba aceptando mi derrota.

Así que desisto. Sólo he visto un par de ratas y volver a casa por la noche no me asusta, pero comprar en el mercado central me ha superado. Es demasiado agotador. Puede que tenga mejores productos a menor precio, pero no tengo tiempo de sacarme el carné de maruja para conseguirlos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Look cooperante


Vale, todos asumimos que este es un mundo lleno de desigualdades, que no se puede evitar ser frívolo e inconsecuente la mayor parte del tiempo y que tampoco lleva a ningún sitio pasarse el día flagelándose por los males del planeta. Que te termines o no el plato de espinacas no supondrá ninguna diferencia para los pobres niños que se mueren de hambre en África y, ciertamente, tampoco eres la peor persona que ha existido porque un día te gastes una fortuna en un capricho estúpido que ni siquiera necesitas.

Pero vaya, esto del look cooperante supera cualquier ejercicio de cinismo que te puedas plantear. Yo Dona dice que la marca "se dirige a mujeres con carácter y comprometidas por su entorno". Pues nada, ahí queda eso.

lunes, 19 de octubre de 2009

Spécialités espagnoles


En Aigues-Mortes, las paellas llevan diéresis y las parrilladas, sólo una r. Es para que quede claro que, a pesar de las alusiones toreras que hay por todas partes, seguimos estando en Francia.

domingo, 18 de octubre de 2009

Descubrimientos: Dead Man's Bones

My suitcase is packed with all your heartbeats,
so I walk to their sound and head towards the sun,
so my shadow will cover the tears on the ground.
I'm moving away from the place where you took your last breath...


Creo que ya os he dicho alguna vez la ilusión que me hace que me recomendeis cosas que pensáis que me van a interesar. Siempre que leo una sugerencia en un comentario de los que pasáis por aquí habitualmente o, casi mejor, en uno de esos mails inesperados de gente a la que le da pudor poner algo público pero que un día decide escribirme unas líneas bonitas, os aseguro que lo apunto y lo busco.

Algunas veces acertáis al 100%. Como coleto hace unos días, que me habló de Dead Man's Bones y desde entonces no paro de escucharlos. El cantante es Ryan Gosling, el de El creyente o El diario de Noa. Puede que a alguno de vosotros eso os diga algo. A mí, la verdad es que resulta indiferente. No he visto ninguna de sus pelis y, salvo Lars y una chica de verdad, ninguna me atrae especialmente ahora mismo.

Lo que sí que me ha atrapado es esa atmósfera inquietante de sus canciones y esas melodías melancólicas. Y las veces infantiles del coro del conservatorio de Silverlake en Los Ángeles cantando historias de fantasmas con esa mezcla oscura y extraña entre pop gótico, folk y gospel que funciona tan bien. My body's a zombie for you!

Os dejo aquí este vídeo. Las imágenes son del alfabeto de Edward Gorey. Otras buenas sugerencias fueron la letra de Noam Chomsky, de Astrud, recomendada por Oscar Daniel, y Blankets, de Craig Thompson, recomendado también por coleto y zero izquierdo.

jueves, 15 de octubre de 2009

Mensajes


A veces pienso que merece la pena ir al Azul
sólo por ver las pintadas del baño.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La treintañera


La treintañera es una chica sensata. Siempre había pensado que lo de la píldora del día después no se podía tomar a la ligera, que había que tener cuidado con las adolescentes atolondradas capaces de liarse con cualquiera sin ni siquiera buscar un condón. Su prima la pequeña le preocupa; por mucha información sexual que le den, parece estar en las nubes, y no quiere verla con un tercer ojo desarrollado tras una sobredosis de hormonas a la décima vez que recurre a la pastillita por vaga y por inconsciente.

La treintañera es una chica sensata, pero un error lo tiene cualquiera. Claro, te pones a limpiar, cambias tus antibaby de sitio y luego se te olvida tomarlas. Y cuando te das cuenta ya es un poco tarde. La treintañera, con su contrato temporal y mileurista y su pseudonovio a-ratos-sí-a-ratos-no, tiene una cosa clara: un bebé no entra en sus planes. Así que decide acercarse a su centro de planificación familiar porque, como buena chica aplicada, sabe que es donde se supone que tiene que ir para que le informen y le ayuden.

Ah, pero esto no es un 7-Eleven. Esto cierra y ella no ha llegado a tiempo. Así que recurre al plan B y se acerca a Urgencias, donde un simpático doctor le informa de que está hasta las narices de atender a niñatas imprudentes y que no le piensa recetar nada. La treintañera, furiosa y avergonzada, decide esperar hasta la mañana siguiente.

Tras una noche en la que no pega ojo, consciente de que las horas van pasando y el tiempo juega en su contra, la treintañera vuelve a su centro de planificación familiar. ¿Tienes hora, querida? Pues no, no tenía previsto olvidar la píldora. ¡Doloreeeeeeeees, que dice esta chica que quiere la del día despuéeeeeeeeeeees! ¡Que si le puedes hacer huecooooooooooo!

Acércate a esa puerta y espera a que te atiendan, cielo. La treintañera, que empieza a sospechar que todo esto es un complot destinado a torturar a quien ha osado olvidarse de una capsulita después de diez años tomándolas, atraviesa la sala entre las miradas curiosas de todos los presentes y aguarda paciente a que la llamen.

Una vez dentro, pregunta. ¿No era tan importante la información? Pues pregunta. Eficacia, efectos secundarios. Posibilidades de fallo. Si debe seguir con su píldora este mes o no. Las respuestas son desconcertantes: ni idea, no sé, no creo que vayas a quedarte embarazada y, de todas formas, viniendo casi 72 horas después seguro que ya lo estás; tú sabrás, bajo tu propia responsabilidad.

La treintañera coge el prospecto y se lo lee. Se toma la pastillita, delante de la eficaz ¿enfermera?, que le dice que está obligada a hacerlo en su presencia. Y, como premio, un preservativo. También es obligatorio. La treintañera se marcha, humillada, pensando que la han tratado igual que a una chavalita a la que su madre pilla llevándose a su rollete a casa el fin de semana que sus padres se iban a ir a la playa.

Unas semanas después, la píldora postcoital se vende en farmacias, libremente y sin receta. La treintañera ya no teme que a su primita le salgan escamas. Y si le salen, ella sabrá.

La foto es de la galería de harry 619.

lunes, 12 de octubre de 2009

El oso humano


Hay veces en las que pasear por Zaragoza es todo un placer. Por ejemplo, estos días. Bueno, justo estos días no, que no hay quien se mueva en la calle entre peñistas exaltados, adolescentes descubriendo las propiedades del alcohol y turistas en busca de la gran juerga. Pongamos los días justo anteriores al comienzo de las fiestas del Pilar. Los días en los que la ciudad apareció empapelada con este cartel.

La pregunta definitiva, la que tiene en vilo a la ciencia. ¿Venimos del mono... o del oso? Ya perdonareis que no respete la ortografía original. Me la voy a tomar como un maravilloso recurso estilístico que no conviene reproducir fuera de su contexto original: los anuncios del Gran Circo Mundial.

Por si toparse cada dos pasos con un oso tocando la trompeta no fuera suficiente, los responsables del espectáculo quisieron ir más allá y se llevaron a su peluda estrella a la puerta del Corte Inglés. Esto no lo vi pero me lo contaron, como lo del perro, la mermelada y Ricky Martin. Parece ser que el bicho, bien amaestrado, se dedicó a hacer cortes de mangas a un grupo de defensores de los animales que, empuñando carteles proteccionistas, exigían su liberación. No sé si será verdad, pero no me digáis que como escena no es algo digno de aparecer en una peli de Woody Allen de las viejas, de las que se parecen a la última que ha hecho.

Ya os digo, hay veces en las que pasear por Zaragoza es todo un placer.

Ah, a Christian también le llamó la atención. Anda que no nos reímos la noche que vimos los cartelitos...

domingo, 11 de octubre de 2009

[REC]2

"¿Cómo ha podido sobrevivir?"



Qué tomadura de pelo. Te vas al cine esperando ver, no una obra maestra, sino una continuación aceptable de una película que, sin ser una maravilla, es interesante y eficaz, y te encuentras con una especie de broma que no da ni miedo.

Porque no, [REC]2 no da miedo una vez pasados los primeros 15 minutos, cuando te das cuenta de que todo va a ser un sinsentido hasta el final. Un poco de asquete sí, pero para eso sólo hay que manejar el bote de ketchup con habilidad. Y eso que con que cumpliera ese objetivo habría sido suficiente. Le habríamos perdonado que la historia fuera boba e incoherente y que no tuviera nada de la originalidad de la primera. Pero ni eso. Así que, ¿qué queda para que merezca la pena gastarse el dinero de la entrada? Nada.

A ver, ¿por dónde empezar? Se lee por ahí que la película de Jaume Balagueró y Paco Plaza suple la falta de novedad con un mayor desarrollo de los personajes y de la historia. Mentira cochina. Que hablen mucho no significa que sean mejores, ni muchísimo menos. ¿Y el argumento? ¡Es delirante, y no en el buen sentido! No quiero descubrir nada, así que sólo diré una cosa: como haya una tercera parte, y es muy probable que sea así, vamos a empezar a ver extraterrestres. Sería el siguiente paso lógico a una explicación de las causas de la extraña infección que sería cómica si no fuera porque parece querer ir en serio.

Formalmente, un recurso "cámara" que funciona bastante peor que en la primera, por mucho que intenten justificarlo, y un poquito de Alien, de El exorcista, de House on Haunted Hill y de cuatro referentes más en algo que se puede llamar homenaje o se puede llamar jeta. Por lo demás, cosas inexplicables: ¿por qué cada, cómo llamarlo, "afectado" se comporta de manera completamente diferente, según convenga? ¿Por qué cierran puertas o se preparan tortillas? ¿Es que [REC]2 pretendía ser una comedia? Sí es así, tampoco lo ha logrado.

En fin, una enorme decepción. Si fuera una peli de serie B resultaría hasta entrañable. ¿Pero de esta manera? Una lástima.

miércoles, 7 de octubre de 2009

I Google You


Perdonad la desaparición y la falta de explicaciones. Me fui dos semanas a Toulouse pensando que sacaría algún rato para actualizar esto pero al final, menos mal, acabé teniendo cosas mejores que hacer. Y después volví y necesité algunos días para acostumbrarme a la vuelta al cole. Pero nada, aquí estoy de nuevo, con la casa hecha un desastre, gastando más de lo que debería y escuchando música. Lo de siempre, vamos.


¿Sabéis cuál es una de las canciones que más me pongo últimamente? El I Google You, escrito por Neil Gaiman, que canta Amanda Palmer.


Imaginad a un escritor que sueña con crear la Gran Novela. Pasar a la Historia. La Obra Definitiva. Lo que queráis, pero con mayúsculas. Se plantea una duda. ¿Puedo mencionar Facebook? ¿Y Twitter? Sí, me paso gran parte del tiempo metiendo la nariz en Internet. Más, incluso, que el que dedico a mi Arte -con mayúsculas, de nuevo-. Colgué esa presentación de mi libro de poemas en la Fnac en Youtube y cada dos días cuento en el blog a mis seguidores que me siento más creativo que nunca. Descubrí la infidelidad de mi novia gracias al Fotolog. Y no me quejo. El sufrimiento invita a la inspiración y gracias a ese foro sobre manuales de autoayuda para corazones rotos conocí a mi nuevo amor. Pero... Todo eso suena tan... banal. Tan perecedero, tan de página patrocinada. Tan poco propio de un genio. ¿Qué hago? Lo ignoro. No puedo aspirar a conmover a las generaciones venideras con asuntos triviales que parecen destinados a abastecer a programas nostálgicos de te-acuerdas-de-lo-que-hacíamos-cuando-éramos-adolescentes dentro de cuatro días.


Puede que sí, que tenga razón. Pero Amanda Palmer canta I Google You y todo el mundo se ríe. Se ríe, porque se reconoce. Ah, tú también lo has hecho. Has tecleado tu nombre para saber quién habla de ti. Y has tecleado el suyo. A ver qué hace, con quién está ahora. Si es feliz. Si te ha olvidado. O has buscado a qué se dedicaba este chico que parece perfecto antes de conocerte. Y qué le gusta. Y qué no te cuenta. O no has parado hasta encontrar algo sobre ella, la que te torturó durante tantos años. Es psicóloga y está lejos. Y ya no es guapa ni brillante.


¿Y vosotros? ¿Sonreís? La letra, en los comentarios.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Lección 6, ejercicio 2



Adoro el sonido de la palabra "bisou".

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La gorda


Lei el titular, Las curvas de la polémica, y entré a leer la noticia. Algo sobre la revista Glamour, que se había atrevido a incluir a una modelo rellenita en su número de septiembre. Pensé, ya estamos. Después de meditarlo mucho, han decidido sacar a una tía medio normal en la portada o en algún reportaje de moda, llamarla "mujer real que se siente a gusto con su cuerpo y blablabla" y lograr un montón de publicidad gratuita y palmaditas en la espalda para seguir contratando a esqueletillos.

Seguí el enlace, a ver qué habían hecho exactamente. ¿Una talla 40, para decir que nos gustan las mujeres "con curvas"? ¿Una 42, quizá? ¿O quizá habrían osado retratar a una foca de la 44? Ah, no, mucho mejor. Lizzi Miller, una chica con aspecto simpático, sano, divertido, con michelines en la tripa... para un artículo sobre cómo sentirse bien en tu propia piel. De esos que te ponen después de 50 fotos de Kate Moss y Agyness Deyn y tres páginas de dietas milagrosas para decirte que no te preocupes, que nadie es perfecto y que, aunque eres una basurilla, eso no debe deprimirte demasiado, que tu abuela te quiere igual y el palurdo de tu novio tampoco puede aspirar a nada mejor.

Qué polémica, qué valentía. Que desafío a las normas establecidas.

Los lectores escribieron para decirles lo mucho que les gustaba Lizzi, que les hacía sentir genial. Y en Glamour nos lo cuentan, encantados. Será que esto les ha hecho darse cuenta de que, en realidad, queremos ver a chicas gorditas. Que compraremos muchas más revistas femeninas si están llenas de Lizzis.

Y una mierda. Esto es un negocio, Glamour nos da lo que queremos. Y resulta que, a la hora de la verdad, nos apasionan Kate Moss y Agyness Deyn. Que las curvas están muy bien, pero yo me pongo a dieta.

Borregas. Que somos unas borregas.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Desengaño


Esto, os lo juro, está en la calle del Desengaño. Que existe. ¿No es genial?

Hice la foto hace tiempo, así que he buscado un poco para asegurarme de que no me estaba inventando el nombre y he encontrado el cartel en La ciudad nodriza. Es de los antiguos. Me encanta.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Topitos


¿Os acordáis de cuando éramos pequeños y nos decían que dibujáramos nuestro dormitorio ideal? ¿Os acordáis de que siempre había riachuelos, animales y camas con dosel? No me mudé a un piso sin amueblar sólo porque fuera más barato, sino también porque me apetecía tenerlo a mi manera. Con las gamas más baratas del Ikea en vez de con los sofás mohosos de piso de estudiantes lleno de cuadros con escenas de caza.

Y así es como me compré el mantel rojo con lunares blancos. Y después el camino de mesa. Y los cubiertos. Y la mantita. Y porque no quedaban setas, que me habría llevado una como la que le regalé a Pablo por su cumpleaños.

Puede que ese francés simpático y mono estuviera pensando también en mis dos vestidos, mis zapatos y mi pañuelo cuando me preguntó si sabía quién era
Yayoi Kusama mientras se reía por mis aficiones decorativas. Así es cómo conocí el trabajo de esta artista japonesa. Mi casa le gustaría.

lunes, 31 de agosto de 2009

Anticristo

"Reina el caos"
Es curioso cómo el horror visual sólo es verdaderamente insoportable cuando, además, es psicológico. Quiero decir, que puedes ver las escenas más truculentas en cualquier película de género y no serán tan duras como las que, de alguna manera, culminan un proceso que ya te está resultando angustioso desde hace rato. ¿Un ejemplo? La violación de Irreversible, mucho más impactante que cualquier zombi cometripas. ¿Otro ejemplo? Anticristo.

La última película de Lars von Trier supera esa afición suya a torturar al espectador de Rompiendo las olas o Dogville y va más allá. Esta vez no se limita a desarrollar situaciones -aparentemente- insostenibles en las que un pobre individuo es destrozado, sino que se recrea en la violencia de las imágenes. Vamos, que ver los navajazos de un psicópata puede ser duro. Ver a una pobre chica sufriendo por los insultos o las humillaciones de una sociedad de la que no puede escapar puede serlo más. Pero ver a una persona perforando la pierna de su pareja lentamente después de que su dolor y su desesperación se te hayan metido ya hasta dentro es algo inaguantable.

Y allí, Lars von Trier se pasa. En su obsesión por impactar crea algo tan duro que es casi imposible fijarse en nada que vaya más allá del horror visual. Anticristo es una película de terror, de eso no hay duda. Pero es, o pretende ser, algo más. Entonces, ¿por qué abusar así de lo escabroso? ¿Sólo para provocar? ¿Para demostrar su maestría a la hora de dominar los sentimientos de los que nos sentamos delante de la pantalla? Sí, muy bien. Pero se pasa. La violencia es excesiva. El sexo, gratuito en la mitad de los casos. No tengo nada en contra de lo explícito ni critico que el sexo pueda ser el hilo conductor de una historia. De hecho, Shortbus me encanta. Y es perfectamente comprensible que si alguien pierde un hijo por estar distraido mientras hace el amor con su pareja se obsesione con el tema o lo demonice. Pero vaya, que aquí aparece de una forma tan arbitraria que sólo se puede entender como una relación facilona entre el deseo carnal y lo demoníaco. Innecesaria y absurda.

Y más allá de eso, ¿qué? Más allá de eso, mucho, en realidad. Sería absurdo decir que Anticristo impacta sólo por la violencia y el sexo, porque lo que von Trier cuenta o parece querer contar crea tanto desasosiego como lo meramente visual. La perturbadora historia sobre el dolor tras la pérdida de un hijo y las dificultades de una pareja para superar un incidente espantoso acaba en una especie de discurso misógino sobre la naturaleza incontrolable de la mujer y la necesaria redención de un hombre que, a pesar de ser el más crítico con estos planteamientos, acaba sometido ante la dura realidad. Y odio, de verdad que odio, los análisis que llaman misógino a cualquier discurso que se mete con una mujer. Como si criticar a una mujer supusiera, automáticamente, hacer una disección de la naturaleza femenina. Pero aquí es inevitable, es incluso obvio. Hasta lo protagonistas plantean la cuestión expresamente durante la película. Porque en Anticristo, de sutilezas nada. Los símbolos aparecen por oleadas, masticados y evidentes. Hasta un punto en el que hasta resultan cómicos, como en la escena final.

Así que, después de todo esto, lo que correspondería sería decir que no vayáis a ver este engendro ni en broma. Que esto es un sinsentido obsceno que no va a ninguna parte. Que no perdáis el tiempo. Pero es que resulta que hacía tiempo que una película no me impactaba tanto. Que llevo desde que salí del cine dándole vueltas a su historia, pensando en la tristeza, el dolor y la desesperanza representados por un zorro, un ciervo y un cuervo, y con Willem Dafoe, Charlotte Gainsbourg y sus magníficas interpretaciones en la cabeza. Y veo que hacía tiempo que me daba pereza desmenuzar una película así y que nunca había escrito un post tan largo en el blog.

Y entonces me doy cuenta de que, por mucho que Lars von Trier me enerve, por mucho que sus ejercicios de tortura me irriten y por muy demagogos que me parezcan gran parte de sus discursos, alguien capaz de despertar semejantes pasiones, de provocar rabia en vez de desprecio con sus películas y de propiciar largas conversaciones sobre si se puede ondular una imagen o abusar de El Bosco no puede ser simplemente ignorado. Puede que sea una película horrible, pero no puedo aconsejarle a nadie que se pierda Anticristo. ¿Y si está destinada a cambiar su visión del cine y yo le digo que se quede en casa? ¡Qué responsabilidad!

sábado, 29 de agosto de 2009

Cómo sobrevivir a los zombis


He decidido que últimamente me tomo demasiado en serio. Así que, para compensarlo, os voy a confesar alguna de mis miserias. Como la de los zombis.

A mi amiga Ingrid, a la que le encantaba Bukowski, le aterrorizaban. A mí, no demasiado. Al menos, no tanto como las muñecas que giran la cabeza y te miran siniestramente, el riesgo de comprar un par de zapatos sin darte cuenta de que son de distinto número o la posibilidad de llamar a un alcalde pensando que es el de la oposición. Así que pensé que podría ver Dead Set, dar unos grititos y partirme de risa con los de Gran Hermano pensando que les están poniendo a prueba a golpe de cadáveres y el policía que, "dadas las circunstancias", es decir, la invasión de muertos vivientes, está dispuesto a dejar pasar lo de que hayas saqueado el supermercado "con una advertencia". Ah, pero no pensé que dos días después, cuando tuviera que dormir sola, iba a recordar las horribles imágenes gore y me iba a morir de miedo imaginando a los zombis rascando en mi ventana.

"Pero si cierras las puertas no podrán entrar", me dijo, sensato, ese francés simpático y mono. "Ah, pero si los zombis británicos pueden correr -respondí yo-, ¿quién te dice que los españoles no puedan saltar hasta aquí?". "Sí, o bailar flamenco". Qué chistoso. Seguro que los franceses hacen huelga y comen pato.

Por suerte, el gran gato tenía una guía de supervivencia para zombis, un regalo de su hermano que no fue debidamente apreciado en su momento pero que estaba llamado a librarme de mis temores. Gran error: si tengo que cortarme el pelo y comprarme una pala shaolin para estar tranquila, mal asunto.

Finalmente, la solución vino de Facebook. Cómo no, de la mano de un test: ¿Sobrevivirías a un ataque zombi? Resultado: superviviente. Es clave responder que no te temblaría la mano a la hora de disparar a tu mejor amigo infectado, creo. Ya puedo descansar en paz.

Por cierto, ¿no os parece que la idea de disfrazarse de momia, ver a los Twangs, dormir en un cementerio y disfrutar de una comida caníbal es un plan irresistible? Se ve que no todo el mundo opina lo mismo, porque el plan de subir al Obuxofest no ha salido adelante. Vaaale, reconozco que las excusas han sido más o menos buenas. Y, así entre nosotros, quizá esto me haya asegurado el poder pegar ojo esta noche. O no. Me voy a ver Anticristo.

martes, 25 de agosto de 2009

La niña


No tengo ni idea de atletismo, el tema no me atrae en absoluto y los récords y las hazañas deportivas no podrían interesarme menos, pero cada vez que veo alguna información sobre Caster Semenya me detengo y la leo. Y ya sé lo que estáis pensando, que todo el mundo lo hace porque la historia de la chica con aspecto de maromo tiene el morbillo de las confesiones marcianas de El diario de Patricia. Pero no es por eso, de verdad. O, al menos, no exactamente.

Lo que pasa es que no puedo evitar acordarme de Calíope, la de Middlesex, la que, como Tiresias, primero fue una cosa y luego otra. Y, dramatizando e imaginándome mi película, la que me han montado los medios de comunicación, pienso en una niña grandota a la que no le dejan ir al baño de mujeres y echo de menos que Eugenides me cuente su historia. Evidentemente, si Caster Semenya me conociera, me mandaría a la mierda por gilipollas. Pero, como no lo hace, voy a seguir hilando historietas y mirando sus artículos con curiosidad.

Hablando de todo un poco, ¿alguna vez os he dicho que siempre visualizo al Cal adulto con la cara de su creador, de Jeffrey Eugenides, en la fotografía que le hizo su mujer y que sale en los libros? Y, en serio, si no habéis leído Middlesex, no sé a qué estáis esperando.

sábado, 22 de agosto de 2009

Juvilación


Del bar de los vocadillos, ese de Hernán Cortés, no se podía esperar más que un traslado por juvilación. Eso sí que es una buena imagen de marca, hombre. Y bien barata.

miércoles, 19 de agosto de 2009

La hora


Ya sé que esto es una especie de fantasía recurrente de todo el mundo, del tipo "ojalá pudiera volar" o "me encantaría ser invisible", pero cada vez pienso más a menudo en lo mucho que me gustaría poder jugar con el tiempo a mi antojo. Coger mi reloj mágico, mover con el dedo las manecillas y que los minutos avanzaran o retrocedieran hasta donde a mí me diera la gana. ¿Hora de levantarse? No para mí. ¿Fin de las vacaciones? Y un cuerno. ¿No tengo tiempo para nada? Te aseguro que sí. ¿Se te ha pasado el momento? Pues que vuelva.

En Timisoara, y en Rumanía en general, los relojes marcan la hora que les da la gana. Me di cuenta demasiado tarde como para ir haciéndoles fotos a todos, pero alguno sí que me traje. Y algún detallito más. En cuanto tenga un rato, los colgaré en flickr.

sábado, 15 de agosto de 2009

Descubrimientos: Cloe Bosco


Ese francés simpático y mono llegó y me preguntó: "¿Qué estás escuchando? Me recuerda a Tori Amos y a Amanda Palmer...". Era mi EP Womanhood, recién recogido de Correos como buen regalito postvacacional.


Sí, las influencias son obvias. Y eso no tiene nada de malo. La reconocida admiración de la señorita Cloe Bosco por los Dresden Dolls es lo que hizo que me detuviera en su blog, al que llegué un poco por casualidad gracias a Bellota. Que escuchara su música y que me enamorase de ella, del piano y de su voz. Y que le mandara un mensajito preguntándole cómo podía comprar el CD, ya que Valladolid me pillaba un poco lejos para ir a verla en directo.


Ya lo tengo en casa y no paro de escucharlo. Aquí os dejo un ejemplo, F-song, para que no penséis que estoy hablando de la maquetilla de una chica a la que no conoce ni Blas sólo porque queda muy molón. Nada de eso. Y ya quiero más.

jueves, 13 de agosto de 2009

El país más avanzado del mundo

Eso de que las terracitas tengan aspersores de nubes de agua refrescante convierte a Rumanía, a mis ojos, en el país más avanzado del mundo. Claro que no podrán entrar en la zona euro hasta que no superen esa afición a servir sopa ardiente cuando la temperatura ambiente es de 35 grados. Ah, y consigan reducir el número de cerrojos de baños públicos que no funcionan a una cifra inferior al 80%.


Ay, no me hagáis caso. Después de dos semanas de caminatas por montañas de cuevas, paseos por ciudades con nombres que hasta hace nada no sabía ni pronunciar y fiesta ininterrumpida con gente a la que echaré de menos, no se puede esperar mucho de mí.


Os dejo el Ghita de Cleopatra Stratan para ilustrar esto. Lo iba a hacer cuando me fui, pero lo olvidé con las prisas.

martes, 28 de julio de 2009

Sin lei


No entiendo nada. Voy a buscar lei rumanos a la CAI y me dicen que no tienen. Que no tienen, que no encargan, y que ni se me ocurra volver de mis vacaciones con dinero de sobra, porque nadie me lo cambiará. ¿Cómo es posible que no pueda conseguir moneda de un país europeo con miles de personas viviendo en Aragón? ¿Alguien me lo explica?

Pues nada, que me voy a descubrir Rumanía. Con euros, eso sí. Hasta dentro de dos semanas.

La foto de Timisoara es de Panoramas. Ya traeré las mías.

lunes, 27 de julio de 2009

Bicho vs. bichette

Me dijo que le recordaba a esto:


Pero yo creo que, más bien, me parezco a esto otro:


:(

La segunda imagen es de Furryscaly. La primera, ni idea.

jueves, 23 de julio de 2009

Pulpo


Hoy me apetecía comer pulpo. Pero el pulpo decidió comerme a mí.

La foto es de Locustone. ¡Me encanta!

martes, 21 de julio de 2009

Verano del 2009


Horchata, té frío y granizado en las terrazas. Llevar a ese francés simpático y mono al Plata. Cantar (¿recitar?) Kill the mosquito en Las Playas. Buscar sorpresas escondidas en las riberas. Mi primera paella, con amigos agradecidos. Ver al mejor padre del mundo jugar al hula hoop con la Wii. Reír, disfrazada, con los personajes del Rocky Horror Show en el albergue. Noches de Buñuel y Woody Allen, con pizzas o con galletas. Cine, cervezas y Christian sin corbata. José Cuervo y discursos cumpleañeros. Picnic frente al Ebro. Tapitas y raciones.

Vale, ya no tenemos la Expo. Pero el verano en Zaragoza no está nada mal.