martes, 11 de noviembre de 2008

Esto es comedia



"Ella piensa: "Le estoy diciendo quién soy. Le interesa saber quién soy". Eso es cierto, pero siento curiosidad por su manera de ser porque quiero follármela. No necesito todo este gran interés por Kafka y Velázquez. Mientras converso así con ella, me pregunto cuánto más voy a tener que aguantar. ¿Tres horas? ¿Cuatro? ¿Llegaré a ocho horas? Cuando llevamos veinte minutos cubiertos con el velo, me pregunto ya: ¿Qué tiene esto que ver con sus tetas, su piel y su porte? El arte francés del coqueteo no me interesa, al contrario que el impulso salvaje. No, esto no es seducción. Esto es comedia. Es la comedia de crear un enlace que no es tal, que no puede competir con el enlace creado sin artificio por la lujuria".

Cuando vi "Elegy", de Isabel Coixet, me encantó. Sentada entre dos parejitas, dejé que los lagrimones me rodaran por las mejillas sin ningún tipo de pudor. Pero creo que "El animal moribundo", la novela de Philip Roth en la que se basa la película, me gustó aún más. Y no por el argumento de siempre, que da como ganadora a la letra escrita en cualquier combate contra el audiovisual, sino porque, con esa sensibilidad habitual que siempre me echa para atrás de primeras y me acaba atrapando al final, la directora le quitó al libro, de una forma muy sutil, gran parte de su cinismo. O quizá no gran parte, pero sí algo.

Justo ese algo que ahora disfruto leyendo.

Se alquila



Perdonad que haya tenido esto tan descuidado últimamente. No he tenido tiempo para nada. Entre la adaptación a mis nuevas tareas laborales y la búsqueda de un pisín en el que, por fin, poder vivir como una marmota completamente independiente, he estado demasiado ocupada.

Esto último ha sido una actividad de lo más didáctica. He aprendido un montón. Sobre todo, a encontrar paciencia donde ya se ha acabado toda. Pero, aún así, creo que hay un par de cosas que deberían saber los que están "al otro lado".

1. Un zulo de 25 metros cuadrados sin habitaciones no es un loft. Y menos aún un "magnífico loft". Es, simplemente, un espacio tan diminuto en el que no se pueden hacer estancias separadas, porque no caben.

2. No está de más poner en los anuncios algún tipo de referencia al tipo de vivienda que se ofrece. Así nos ahorraremos todos conversaciones tan lamentables como la siguiente:


-Buenas, llamo por el anuncio del piso.
-Sí, es un ático de lujo de 120 metros cuadrados.
-Eeeeeh... Creo que eso está por encima de mis posibilidades.
-¿Seguro? ¡Porque deberías verlo, es precioso!

No lo dudo, señora. No lo dudo.

3. No hay nada más irritante que llamar a un supuesto anuncio particular y encontrarte con una agencia al otro lado. Bueno, que intenten retenerte a toda costa, sobre todo cuando la llamada la pagas tú. Y, por cierto, ¿cuántos números de teléfono tiene el maldito Centro de Alquileres de Particulares?

En fin, ya tengo piso. Espero que pronto sea también mi hogar.