
Ah, el AVE. Maravilloso, ¿no? Es comodísimo y te plantas en Madrid en un momentito. Nada que ver con el autobús, ese medio de transporte para la gentuza.
Claro está que tienes que llevarte la ropa que utilizas para dormir en las montañas nevadas porque, si no, puedes morir congelado. Porque claro, mientras escuchamos en todas partes lo importante que es el medio ambiente y cómo el cambio climático es el peor de los males que nos acechan, en algunos lugares se sigue pensando que el aire acondicionado, cuanto más alto, mejor. Que si se puede estar a 5 grados no hay por qué estar a 25.
Una vez lo descubres, se acabó el problema. Bueno, más o menos, porque lo que ocurrirá es que te pasarás todo el día cargando con una gruesa chaqueta en pleno verano mientras la gente te pregunta que a dónde vas con eso. Al AVE, oiga. Ese medio de transporte para las altas esferas. Esas altas esferas que no tienen el más mínimo pudor en hablar a gritos por el móvil durante todo un viaje a primera hora de la mañana, cuando el populacho que ha conseguido colarse ahí por casualidad -y gratis- intenta dormir.
Por supuesto, si la conversación gira en torno a "balances", "contabilidad", "reunión con los japoneses" y "hoy-voy-a-Milán-mañana-a-París-y-pasado-a-Londres" todos tenemos que mirar al susodicho con admiración y exclamar "qué tipo tan importante, de mayor quiero ser como él". Lo de pensar que es un maleducado está completamente fuera de lugar si viste traje caro y empuña un iPhone. Incluso aunque no lo haga, que viajar en AVE y berrear sobre negocios ya es aval suficiente. Las miradas de desaprobación hay que dejarlas para los pobretones que hablan sobre intimidades, aunque sean muchísimo más entretenidas de escuchar.
Así que en mi próximo viaje de cuatro horas en bus recordaré ese rapidísimo trayecto en alta velocidad a temperaturas infrahumanas y pensaré: "ah, el AVE; eso sí que es un placer".





