miércoles, 28 de febrero de 2007

Terrores audiovisuales

Cuando era pequeña me encantaba “Waku Waku”. El programa empezaba a las ocho de la tarde. Un día, encendí el televisor a menos cinco y vi a un hombre que andaba por el pasillo de una iglesia mientras el párroco le decía: “Si tus ojos son los que te atormentan, ¡arráncatelos!”. Todos coreaban: “¡Arráncatelos, arráncatelos!”, y el protagonista les hizo caso. La imagen del tipo con los ojos rojos se me quedó grabada. No pude disfrutar del “Waku Waku” y estuve reproduciendo la escena en mi cabeza una y otra vez durante bastante tiempo. Hace unos años, en el trabajo, entró un compañero en nuestro despacho y, no recuerdo en qué contexto, dijo: “Sí, como en la peli: si tus ojos te atormentan, ¡arráncatelos!”. De alguna manera, no fue hasta entonces cuando ese horrible recuerdo que yo guardaba se convirtió en una simple película que mucha más gente había visto.

En una excursión del colegio, a alguien se le ocurrió la brillante idea de poner “Creep Show II” en el autobús. Como éramos muy mayores, por supuesto, todos nos reímos y burlamos de lo absurdo de la película, pero ahora que ha pasado el tiempo estoy segura de que no fui la única que tuvo pesadillas protagonizadas por el lago que devoraba personas. El hecho de que mi centollo me confesara que a él le había pasado lo mismo no hace más que reafirmarme en esta convicción.

Siempre me han aterrorizado las muñecas. En uno de mis sueños recurrentes y terroríficos aparece una muñeca de porcelana que gira la cabeza, me mira, o incluso me habla. Recuerdo perfectamente el día en el que emitieron un capítulo de “Misterio para tres” en el que salía una de esas. Yo me fui del salón para no verlo, pero escuché cómo la muñeca le decía a una niña: “Puedo hacer lo que quiera. Y tú también”. El resto no importa, pero el caso es que hace un par de semanas, volviendo a ver “Donnie Darko”, la escena en la que Frank le dice a Donnie exactamente esa misma frase me llevó de vuelta a esa tarde en la que mi imaginación se encargó de completar todo lo que no estaba viendo por la tele.

Es sólo una pequeña muestra de mis traumas audiovisuales. Y, para terminar, una pregunta: ¿de verdad soy la única a la que le acojona el trailer de “El grito II”?

martes, 27 de febrero de 2007

Gente en punta

Hace ya bastante tiempo, vi unas fotografías en un reportaje de un semanario
-que ahora no recuerdo- que me encantaron. En ese momento pensé en recortarlas y buscar al autor, pero se me pasó.

Quizá sea conocidísimo, pero yo no tengo mucha idea de estas cosas, así que no sabía cómo enterarme. Después de muchas, muchísimas, búsquedas en Google, de diferentes maneras, finalmente lo encontré. Y, de paso, descubrí que lo que yo pensaba que eran las imágenes de una persona, realmente eran de dos.

Pero las otras las dejo para otro día... Hoy pondré sólo las de Li Wei.


La gran frase de mi centollo cuando le informé contentísima de mi feliz descubrimiento fue: "¿Pero sólo hace fotos de gente en punta?"

lunes, 26 de febrero de 2007

Aquella exigente


Buscando algo interesante por la biblioteca encontré “La mujer oculta”, un libro de relatos de Colette que me encantó. Casi todas las historias tienen como eje la descripción de un sentimiento, de manera muy breve, y lo hacen a la perfección. Me ha resultado difícil escoger, pero os dejo aquí un fragmento de una, la de la envidia hacia la que es capaz de aspirar a más.

(...)

Suspiró como si hubiera transportado un armario, contempló el mar descolorido de mediodía, el cielo casi blanco y después a su mujer que le pareció muy bonita con su sombrerito de Mercurio con un largo velo colgante.

–Tienes muy buena cara, querida. El azul del mar te pone los ojos verdes. Y además, viajando engordas. Es agradable, pero hasta cierto punto.

Ella ofreció orgullosamente su busto redondo inclinándose sobre la mesa.

–¿Por qué no me has dejado tomar aquel sitio al lado de la ventana?

–Porque ibas a sentarte junto a alguien que conozco.

–¿Y que no conozco yo?

–Mi ex mujer.

Ella no supo qué decir y abrió más sus ojos azules.

–¡Qué le haremos, querida! Esto ocurrirá otras veces. No tiene importancia.

–¿Te ha visto ella? ¿Ha visto que la has visto? ¿Me la enseñas?

–No te vuelvas de golpe, te lo ruego, porque debe estar observándonos... Es una señora morena, sin sombrero, vivirá en el hotel... Está sola, detrás de los niños de rojo...

(...)

Besó la mano que ella tendía hacia el cestillo del pan, y la joven enrojeció de placer. (...) Profesaba a su marido una evidente gratitud. Inmodesta, sin saberlo, llevaba en todo su ser las huellas demasiado visibles de una extrema felicidad.

Comieron y bebieron con buen apetito y cada uno creyó que el otro se olvidaba de la mujer de blanco. Sin embargo, Alice se reía a veces demasiado fuerte y Marc se estudiaba la silueta, ensanchando los hombros y enderezando la nuca. (...)

–¿Sabes? Ella sigue aquí –cuchicheó bruscamente Alice.

–¿Te molesta? ¿Quieres que vayamos a tomar el café en otro sitio?

–¡En absoluto! En todo caso es ella la que debería sentirse molesta. Además, no parece divertirse locamente, si la vieras...

–No hace falta. Conozco ese aire.

–¡Ah! ¿Sí...? ¿Era su estilo?

–Un estilo... No. Hablando con franqueza, ella no era feliz conmigo.

­–¡Vamos!

–Eres de una indulgencia deliciosa, querida, de una indulgencia inaudita... Eres un amor... Tú me quieres y me siento tan orgulloso cuando veo esos ojos... sí, esos ojos... Ella... Sin duda no supe hacerla feliz. Esto es, no supe.

–¡Es difícil!

Alice se abanicaba con irritación y dirigía breves miradas a la mujer de blanco que fumaba, con la cabeza apoyada en el respaldo de mimbre, y cerraba los ojos con un aire de lasitud satisfecha.

Marc se encogió de hombros modestamente.

–Esta es la palabra –confesó–. Qué quieres? Hay que compadecerse de los que nunca están contentos. Nosotros estamos tan satisfechos... ¿No es así, querida?

Ella no contestó. Prestaba una atención furtiva al semblante de su marido, colorado, regular, a sus cabellos tupidos, hilvanados aquí y allá con seda blanca y a sus manos cortas y cuidadas. Dubitativa por primera vez, se preguntó:

“¿Qué más podía querer?”

Y hasta que se marcharon, mientras Marc pagaba la cuenta y se interesaba con el chófer por el estado de la carretera, ella no dejó de mirar, con una curiosidad envidiosa, a la dama de blanco, aquella descontenta, aquella difícil, aquella exigente...

sábado, 24 de febrero de 2007

Candy

Iggy tuvo un sueño en el que no tenía que pagar por tu amor. Bela prefirió cantarle a una chica del sur. Silvia tomó el relevo de Kate para decirte que lo pasó realmente mal cuando te fuiste.

Y yo no puedo parar de escucharlo.



Otras versiones: Hardly Wait

viernes, 23 de febrero de 2007

"Estoy hasta los huevos", u otra peli que se me escapa

Vale. Estoy muy pero que muy cabreada, en serio. No es la primera vez que pasa en esta ciudad que parece no sentir más que el más absoluto desprecio por el cine, pero ello no hace que sienta menos rabia.

El lunes, cuando llegué al trabajo, comprobé que "La ciencia del sueño" ya se había estrenado en Zaragoza, en los Renoir. Pensé: "Te toca trabajar el fin de semana, pero cuando vuelvas el lunes que viene, sin falta, ve a verla o la quitarán, porque ya sabes cómo funciona esto". Pues nada, ni una semana me han dado. Hoy ya la han quitado. Por supuesto, "Noche en el museo" sigue, después de varias semanas, ¡en cuatro salas!

¿Y qué puedo hacer? Nada, no puedo hacer nada. Creo que nadie entendería que fuera y prendiese fuego a los cines. Pero, eso sí, si cuando me la baje del Emule alguien vine y me dice que soy una ladrona, haré lo mismo que prometí con el caso "Palíndromos": me reiré en su cara.

Hartita me tienen.

jueves, 22 de febrero de 2007

Pollos

Sin entrar a hacer campaña a favor del trato digno a las aves en las granjas -no porque esté en contra, sino porque no tengo demasiada información y me parecería bastante hipócrita teniendo en cuenta la cantidad de pollo que como-, os invito a ver los estupendos anuncios presentados al concurso de la organización PETA para concienciar a la gente sobre el trato que reciben estos animales por parte de la industria.

Me ha sido difícil escoger uno, así que os recomiendo que miréis las galerías que publican
20 minutos o PETA.

Adivina cuál es el afortunado.


Creo que todos tenemos todavía en mente esos anuncios de “Él nunca lo haría”. ¿Puede un cartel conseguir que dejemos de abandonar perros o que exijamos que las aves que consumimos reciban un tratamiento digno tanto durante su crianza como en el momento de su transporte o sacrificio? Por otra parte, ¿qué coste tendría esto último? ¿Es cierto, como mantienen algunos, que la carne de pollo se convertiría en un alimento sólo al alcance de una minoría?

miércoles, 21 de febrero de 2007

Preocupante

Cuando empiezas a fantasear con la idea de tener días libres para poder entrar libremente en Internet desde tu ordenador, actualizar el blog con todo lo que te está pasando por la cabeza, pasear durante horas por tus enlaces abandonados, seguir las huellas del comentario sugerente que viste en esa página y buscar información sobre todas las referencias que han llamado tu atención, te das cuenta de que hay algo que empieza a ser verdaderamente preocupante…


imagen: dddani, en devianart

martes, 20 de febrero de 2007

Viaje relámpago

Miércoles a las once de la noche. Llego a casa para preparar la maleta, salgo a las siete de la mañana. Viaje largo. En la estación de Venecia pregunto a unas chicas qué tren me lleva a Treviso, donde me alojaré. Ellas, una alemana y dos austriacas, forman parte de mi grupo. A la salida encontramos a otra, una rumana. Los italianos nos vienen a buscar. Llegamos. La parte superior de un edificio junto a una iglesia. Una croata, un maltés, una turca… Lo vamos a pasar bien. Cenamos. Risotto. Llega Pablo -pensaba que estaba perdido-, con mi esterilla y un grupo de rusos. Salimos. Probamos un típico dulce de Carnaval cuyo nombre no recuerdo. Bailamos.

Lo malo de dormir todos juntos es que en cuanto se empieza a despertar la gente ya no hay forma de echar marcha atrás. Visitamos Treviso. Precioso… ¿Comer kebab? Está bien, es más barato… Hacer máscaras y disfraces tiene su gracia, pero es mejor evitar el pegamento. Noche europea. Vino barato. Sangría desaparecida. Las frutas de Aragón triunfan. Ronquidos y sonidos extrañas. Dar patadas a los dormidos ruidosos sólo funciona durante 30 segundos.

Los venecianos se disfrazan. Los turistas también. Las máscaras son muy bonitas. Muy bonitas y muy caras. Seguimos a un paraguas-pollito. Nos perdemos. Venecia parece una zona de Disneylandia. No es feo, no huele mal. Me encanta… Nos timan con la pizza -pero está riquísima-. Las calles están llenísimas. Yo también quiero vestirme de Penélope Glamour, aunque mis orejas, mi antifaz y mi boa de plumas me gustan. Concierto, fiesta. La plaza de San Marco iluminada, espectacular y abarrotada. Frío. Cansancio. Esta noche dormiré bien.

No me gusta hacer maletas. No me gustan las despedidas. Refiero dejarlo aquí. Es difícil condensar un viaje en tan pocas líneas...

miércoles, 14 de febrero de 2007

Semáforo enamorado

Las circunstancias obligan a actualizar.

En Huesca, los semáforos nos han recordado que hoy, 14 de febrero, es San Valentín. He bajado a la calle con mis compañeros y, cuando la luz ha pasado a rojo, todos hemos exclamado “¡Ooooh!”.

Eso sí que es poesía urbana…

Foto: Javier Blasco, en Heraldo de Aragón

Ni martes y trece, ni San Valentín

Ni cuentos de terror en martes y trece, ni historias de amor en San Valentín. Para mí, sin duda, lo mejor de esta semana es el Carnaval.

Me encanta disfrazarme. Tengo una serie de ideas pendientes para esta fecha, que incluyen a Uma Thurman en Pulp Fiction -aunque necesito a un John Travolta-, a la Novia Cadáver y a Eduardo Manostijeras -ciclo Tim Burton- o a Caperucita
-¿ningún lobo voluntario?-.

Este año, sin embargo, me conformaré con un socorrido disfraz de gata. Eso sí, en Venecia. Y no pienso dar señales de vida hasta dentro de cuatro días.

martes, 13 de febrero de 2007

María Antonieta

"-Esto es ridículo.
-Esto, madame, es Versalles."

Advierto que no soy una de esas personas que adoran a Sofia Coppola y a todo lo que ésta hace. “Lost in Translation”, aunque bonita estéticamente, me parece simploncilla y, la historia me resulta muy irritante, con una tipa sufriendo por sus vacaciones pagadas en Tokio y mucho cachondeo de americanos-en-Japón sobre lo curiosos que son los orientales y lo mal que hablan inglés. “Las vírgenes suicidas” sí me gustó, pero claro, la película adapta con mucha fidelidad la preciosa novela de Jeffrey Eugenides, así que no cuenta. En general, creo que la Coppola está muy sobrevalorada y que trabaja en lo que trabaja, en gran parte, gracias a ser hija de quien es. Por otra parte, no me suelen gustar esas películas que juegan con elementos actuales en contextos o ambientes de otras épocas, y considero “Romeo+Julieta” y “Moulin Rouge”, de Baz Luhrmann, más como un experimento fallido que como otra cosa.

Dicho todo esto, supongo que no resulta sorprendente que diga que fui a ver “María Antonieta” sin esperar nada más que un alarde de lo modernita que puede llegar a ser su directora. Y, para ser sincera, al principio creí que me había equivocado. En un primer momento, la cosa prometía y, aunque es cierto que detalles como la música o los peinados a capas no son demasiado rigurosos -ni pretenden serlo-, no era algo que llamase la atención exageradamente ni que resultase molesto.

Al principio, claro. Luego se desmadra totalmente y empieza el “todo vale”, con bailes que muestran esa banda sonora de manera demasiado obvia o escenas propias de anuncios publicitarios. Habrá a quien lo de que aparezcan unas Converse le resultará muy gracioso. Supongo que lo es, pero, desde luego, también es representativo de lo que es la película: mucho envoltorio “pop” y poco contenido. Y, para colmo, durante mucho rato. Porque esa es otra: “María Antonieta” va pasando por largas “fases”. La fase en la que nada importa más que su virginidad y su enemistad con la amante del rey, la fase música, pasteles y colorines, la fase bucólica “ovejitas y jardín”, y así hasta el final -precipitadísimo, por cierto-. Saltando de una cosa a otra sin ninguna conexión coherente, ni siquiera meramente formal.

En fin, que a pesar de su cuidada imagen, esta reinterpretación de la historia de la famosa reina no me gustó. De hecho, creo que es lo peor que ha hecho la directora. Pero ya he advertido que no soy una de esas personas que adoran a Sofia Coppola…


sábado, 10 de febrero de 2007

Salió al balcón y comenzó a disparar

Y otro fragmento de “Donde mejor canta un pájaro”, de Alejandro Jodorowsky, del que ya escribí un post.

¿De dónde sacó el rifle? Nadie pudo averiguarlo. Salió al balcón y comenzó a disparar. Por suerte su cólera fue atenuada por un rechazo de la muerte: sólo quiso herir en las piernas para, según lo expresó a gritos en medio de las explosiones, impedir que las víctimas siguieran marchando en rebaños repugnantes. El odio que la embargaba era contra todos los uniformes. Tiraba, vociferando:

-¡Abajo la igualdad! ¡Viva la diferencia!

Un odio que vemos, vivimos y hasta compartimos todos los días. Como si no fuésemos todos copias del de al lado. Y como si hubiera alguna posibilidad de no ser diferente.


(Y, otra vez, vuelvo a recomendar “Revelarse vende”, del que ya hablé aquí)

miércoles, 7 de febrero de 2007

Sensualidad

Sensualidad es Juliette Lewis cantando esa versión de "Hardly Wait" de PJ Harvey en "Días extraños".

martes, 6 de febrero de 2007

“Somos hijos de las estrellas”


“Somos hijos de las estrellas”, dicen por aquí. Javi, otra vez, coge su cámara y lo retrata.

lunes, 5 de febrero de 2007

Mejoras en la calidad de vida

Esta es una entrada estúpida. Pero estúpida, estúpida.

El caso es que, por alguna razón, me apetece contarlo (supongo que el llevar horas delante del ordenador debe de tener algo que ver).

A ver, por raro que suene, no descubrí hasta ayer cómo se enciende la luz del rellano. Sí, después de cuatro meses. Al principio pensaba que estaba estropeada, pero luego vi que no, que a veces otras personas -que no eran yo- la sabían poner. ¿Por qué no preguntaste a tus compañeros de piso? Ah, buena pregunta. Ya llevaba mucho tiempo igual, y el pudor está en algún lugar de la respuesta.

Pero anoche, al volver a casa, decidí que ya estaba bien, y le pregunté a la vecina que salía. ¡Qué felicidad! Esto me va a cambiar la vida. Ya no tropezaré. Ya no subiré aterrorizada de noche, a oscuras, temiendo que Jean-Baptiste Grenouille me esté esperando en silencio en alguna esquina. Y, sobre todo, ya no volveré a intentar abrir la puerta del vecino de abajo, y él ya no volverá a salir y a preguntarme qué se supone que estoy haciendo.

Y no es poco.

domingo, 4 de febrero de 2007

"Aquí vivía yo"

Javi presentó esta imagen a un concurso. Me cuenta que la tituló "Aquí vivía yo". La foto no ganó nada de nada, pero a mí me parece muy bonita.

Hay gente que es capaz de percibir esos pequeños momentos, sacar la cámara y ¡clic! capturar el instante.

sábado, 3 de febrero de 2007

Espectáculo de hipnosis

Durante las fiestas del pueblo, la comisión contrató a un “hipnotizador” para hacer el típico número de “Ahora eres tal… Ahora eres Pascual…”. Cuando pidió voluntarios, un grupo de amigas de unos doce o trece años y alguna otra persona se ofrecieron como conejillos de Indias. El hombre las puso en fila y empezó a soltar su discurso: “Contad hasta diez… Tenéis mucho sueño…”.

El presupuesto de festejos no debía de ser suficiente como para traer al mejor, así que en su lugar vino uno que sabía hacerlo a medias. ¿Resultado? Sólo consiguió hipnotizar a la mitad de los voluntarios. En un extremo se encontraba la marmota, que no sabía muy bien qué hacer. ¿Cómo vas a levantarte cuando todo el pueblo está observando fascinado y decir: “Oiga, que conmigo no ha funcionado”? Así que decidió seguirle la corriente al tipo.

“¡Tenéis mucho frío!” A tiritar. “¡Ahora mucho calor!” Pues nada, ahora a abanicarse. “¡Habéis vuelto a la infancia, sois bebés!” La marmota, con los ojos cerrados, notó cómo la amiga que se encontraba a su derecha se le acercaba. “¡Sheila, Sheila!”, murmuró. “¡Muaaaah! Mami…”. Mierda. Con Sheila sí que había funcionado.

A estas alturas, el showman ya debía de sospechar a quiénes había hipnotizado y a quiénes no -¡gracias a Dios!-, porque empezó a hacer todas las preguntas estúpidas a las mismas personas. En algún momento, ella escuchó cómo le decía al marido de la mujer de la papelería que le había dado unas gafas mágicas para ver a la gente desnuda. La cara del hombre debía de ser un poema, porque todo el público se reía. “¿Qué estoy haciendo aquí?”, pensaba mientras sufría y esperaba no ser la próxima víctima.

Después de semejante experiencia, la marmota sabe que nunca volverá a subirse al escenario durante un espectáculo de hipnosis.

viernes, 2 de febrero de 2007

Marmota's Day

No, no voy a escribir nada sobre el Día de la Marmota


(Ni sobre la Candelaria o Candelera, ya que estamos)

jueves, 1 de febrero de 2007

Apagón

Bueno, pues ya está. Nos hemos sumado al apagón global, pero creo que, al menos en Huesca, la cosa no ha tenido mucho éxito. A ver si mañana llegan cifras, porque desde nuestro balcón, en el Coso Bajo, veíamos luces por todas partes.

Por otra parte, nuestra contribución ha sido en realidad bastante ineficaz, puesto que no nos vamos a casa a una hora concreta, sino cuando terminamos el trabajo. Es decir, que nos marcharemos cinco minutos más tarde y el hecho de haber apagado todo para volver a encender poco después habrá supuesto un gasto de energía mayor que el que habríamos tenido si nos hubiésemos quedado quietos.

En fin… ¿Alguna experiencia positiva?



imagen: Kutsche, en devianart