domingo, 2 de septiembre de 2007

Las historias de Roberto Miranda

Al final, este agosto aburrido y apático ha contado con alguna cosa buena. Una de las mejores ha sido tener el placer de leer la columna de Roberto Miranda en el suplemento de El Periódico de Aragón. Sus pequeñas historias del pueblo, tiernas y divertidas, me han encantado. El otro día me dijo que, con el final del verano, se acababa también esta sección, así que quiero rescatar algunas líneas para asegurarme de que no caigan en el olvido demasiado pronto.

El partido de solteros contra casados

La Comisión de Festejos decide recuperar el partido de fútbol de solteros contra casados, que lleva 20 años sin celebrarse en el pueblo por falta de juventud. Quieren que sea uno de los espectáculos estrella del verano, dotarlo con un gran trofeo y organizarlo al mínimo detalle.

Pero en seguida surgen las dificultades: Antonio, el argentino con cuatro hijos, que logró que reabrieran la escuela, es soltero, según la ficha oficial que obra en el ayuntamiento, pero todo el pueblo le cree casado con la señora que vive y no van a armar ahora un escándalo. Luego está el Mariano, en trance de divorcio, que se empeña en jugar con los solteros porque ya tiene una primera sentencia, aunque está recurrida. Y Alfonso y Ricardo, acogidos al matrimonio gay, contra el que objeta el cura, quien, a su vez, se apunta con el equipo de los casados, como es tradición. Sin contar a Whapa, el senegalés, con unos papeles que le dan a la vez maridado y célibe. Es tal el follón a la hora de repartir a la gente, que al final deciden formar los equipos entre los del pueblo por un lado y los del resto del mundo por otro.

Las vísperas se vivieron con gran expectación. Sobre un rastrojo plano repasado con el rulo, en una tarde de sol y los ribazos abarrotados, se desarrolló un encuentro bronco y pelotonero, sin que el balón se acercara a las porterías. Hasta que el dichoso cura, que no había tocado pelota en toda la tarde, marcó el único gol, de churro y con la coronilla, en el minuto 90. Jugaba con los del resto del mundo. A poco lo matan.

Y otras más aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.

9 comentarios:

La caja de los hilos dijo...

Roberto es un genio. Al menos eso creo que pensamos los hemos aprendido a su vera y lo leemos con asiduidad. Si os gustan sus columnas, no os perdáis el libro "Aragón tal como viene", con una recopilación de sus reportajes y crónicas por los pueblos de esta tierra. El de la roca de Anento es el que mejores recuerdos me trae.
Un saludo.

Ruvias Intelijentes dijo...

no le aviamos leido nunca pero nos a parezido dibertido i tierno. como cuando tus avuelicos te contavan sus istorias en la cozina, sentados delante de un tazon de chocolate.
que monito!!!

Txutxi dijo...

Muy buena la historieta, typical Spanish ( o mejor ¿típico de Aragón?)

Akane dijo...

jaja, la tuya es Akane con el pelo largo, no? :)

Gracias por tu comentario! ;)

Tamaruca dijo...

Me han encantado algunas expresiones. La conclusión "A poco lo matan" me ha teletransportado a mi pueblo :)

Área de Aragón dijo...

Pláceme- dijo el buen Cid - pláceme dijo de grado...

Carabiru dijo...

Jo, solo he leído este, de momento, pero está genial, divertido, cercano, ameno.

Bicos!

marmota dijo...

Sí, Akane. La retoqué un poquillo... :)

Qué pena que ya no saque más estas columnas en el Periódico!

Miss Sinner dijo...

Digo yo, si el cura juega con los casados será porque está casado con Dios. Si los católicos creen que Diso es un hombre, el cura está casado con un hombre. ¿Por qué se opone a que esos dos hombres casados jueguen en su equipo?