jueves, 16 de agosto de 2007

Había una vez una joven estudiante...

La profesora de alemán llegó y nos dijo que escribiéramos un cuento. Debía empezar con las palabras "Había una vez una joven estudiante...".

Yo estaba malhumorada por tener que madrugar y porque la mujer, con todo lo amable que era, no nos estaba enseñando demasiado. Seguía yendo a su clase por los créditos y la esperanza de llegar a aprovecharlo, ya que entonces no sabía que acabaría haciendo más asignaturas de las necesarias y que las horas que quedaban tampoco me iban a aportar mucho. Como a esas horas de la mañana me daba cien patadas tener que pensar en una historia, hice que mi joven estudiante acabara siendo brutalmente descuartizada y convertida en comida de McDonalds.

Nada más haber terminado mi relato, la profesora pidió que le entregásemos las hojas. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi truculento ejercicio corría el riesgo de no ser apreciado, pero ya era tarde. Se lo di, preocupada porque llegase a pensar que me estaba burlando de ella y de su asignatura, y ella se sentó a corregirlos. Sin embargo, en vez de enfadarse por no tomarme muy en serio la cosa, me pidió que lo leyera en alto. Por lo visto, le había encantado.

Así que, ¿qué podemos aprender de esta anécdota? Yo creo que absolutamente nada. Algunas historias no tienen moraleja.

12 comentarios:

Palomares dijo...

Mientras estudiaba Publicidad, en una clase de Derecho nos mandaron un libro absurdo para que lo leyéramos e hiciéramos un trabajo comentándolo. el libro era muy técnico, no tenía nada que ver con la asignatura, y pronto supimos que el autor era el marido de la profesora, que así se sacaba unos ingresos extras -el libro estaba dedicado a ella, de hecho-.

En vez de denunciarlo, cada cual se buscó la manera de no leer el libro y presentar un trabajo, pero yo me lo leí de cabo a rabo y escribí un demoledor trabajo de 70 páginas en el que me burlaba cruelmente del autor, de su familia, de sus ideas y en general de cada frase del libro. Lo presenté, lleno de esa arrogancia que da la juventud, hasta que me entró el miedo de que la profesora tomara represalias contra quien tan salvajemente se había burlado de su marido. Pero yo estaba a salvo: la profesora ni siquiera leyó el trabajo y lo aprobó rutinariamente. Ella ya tenía lo que quería.

Hiscariotte dijo...

Yo creo que la moraleja es que el espíritu anti-imperialista de algunas profesoras de alemán ilumina con un brillo especial a aquellos relatos que de manera indirecta se burlan de los íconos de la dominancia norteamericana. Pero a lo mejor fue simplemente que eres una buena narradora y listo.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Al menos lo leyó, y eso siempre es de apreciar, con moraleja o sin ella.

Porque lo que cuenta Palomares es el pan nuestro de cada día en el mundo universitario. Claro, así va el país...

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Pues sí que puede tener su moraleja: a veces da buenos resultados estar de mala hostia.

En cuanto a la joven estudiante, que se joda, por puta. Además, ese día yo comí en el McDonald's, y me encantó el sabor especial de las hamburguesas. Carne de maldita zorra joven, mucho mejor que el vacuno, dónde va a parar.

Ronroneo dijo...

Y pa' cuándo la publicación de tu historia gore? ¡¡¡Queremos leerla!!!

Miss Sinner dijo...

La moraleja es Nunca se sabe.

El Ruuuben dijo...

yo creo que sí la tiene, veamos....

La profesora no te echó la bronca por tu relato de descuartizamiento y posterior jalamiento en el mc donalds... ¿Qué puede querer decir?

Pues está claro.. que a las profesoras de Alemán les gusta la carne humana con ketchup y pepinillo, jejeje...

Besicos mañicos.

Julio Suárez Anturi dijo...

La moraleja es que tu talento supera cualquier estado de ánimo pasajero. Abrazo.

canichu dijo...

le gustase o no, lo dio por bueno y dijo que le gustó, es simplemente un acto de pedagogía, ese ejercicio era para estimular vuestra creatividad y haber criticado cualquier trabajo hubiera sido ir contra la finalidad del ejercicio... hummmm.... a veces hecho de menos mi pasado pedagógico regulado... aunque intente ejercerlo en cada easpecto de mi vida... Un saludo y siento la perolata en este comentario.

marmota dijo...

Bueno, sí, Canichu, aunque la verdad es que tenía miedo de que pusiera mala cara.

Julio, me gustaría creerlo, pero lo dudo... jajaja

Ruuuben, va a ser eso! :)

Miss Sinner, eso puede ser. Pero vaya moraleja más cutre. ;)

Ronroneo, ni idea de donde para. Además, estaba en alemán (y, de verdad, no era nada del otro mundo, aunque en esas condiciones no creo que el nivel fuera muy alto en ningún caso).

Leo, qué bestia estás hoy. ¿Has intentado hacer llamadas anónimas cochinas y te han colgado el teléfono o qué? ^^

Juan, es verdad, pero en esa clase éramos muy poquitos.

hiscariotte, jejeje. Qué análisis tan profundo. Creo que la mujer tenía más sentido del humor del que parecía a primera vista.

palomares, qué bueno. Un clásico de la universidad. :)

Expediente X dijo...

La moraleja podría ser la vida es un Expediente X, nunca se sabe lo que puede pasar, tiene algún sentido lo que ocurre en la misma, etc.

Curiosa anécdota y ahí va un curioso saludo, HASTA PRONTO, NUNCA SE SABE, JE, JE.

Monchito el umpa-lumpa dijo...

Jaja, sí, no hay moraleja. Yo creo que este tipo de historias son las que triunfan en los ejercicios de clase, salirse un poco de lo habitual. En fin, si la traduces al castellano cuélgala por aquí, que el estudiante-comida de McDonald´s promete.