sábado, 14 de julio de 2007

Middlesex

Hay libros que son estupendos por la belleza de su lenguaje, por la manera en la que un autor ha conseguido unir las palabras de forma que suenen sugerentes y evocadoras. Es el caso, por ejemplo, de "Lolita" (luz de mi vida, pecado de mis entrañas). Otros, como los relatos de Roald Dahl, lo son porque mantienen la intriga, porque te hacen no poder parar de leer hasta saber qué pasa después. Y otros te llegan porque los protagonistas se te meten hasta dentro hasta hablarte directamente y, aunque estén sobre el papel, son personas de carne y hueso a las que comprendes y a las que, de alguna manera, llegas a amar. ¿Quién no se ha sentido identificado con Holden Cauldfield al leer "El guardián entre el centeno"?

"Middlesex" es magnífico por todo ello. Hace tiempo que quería hablar de la segunda novela de Jeffrey Eugenides, pero temía no ser capaz de transmitir todo lo bueno que tiene (sigo haciéndolo, pero más me vale asumir que no lo conseguiré). La leí por primera vez hace algunos veranos, durante el tiempo que una neumonía de aire acondicionado me obligó a permanecer en la cama. Y me encantó. Yo ya había leído su precioso debut, "Las vírgenes suicidas", pero "Middlesex", que ganó el premio Pulitzer en 2003, va mucho más allá.

Es la historia de Cal, que primero fue una cosa y luego otra, pero también la de tres generaciones, la de Esmirna, la del crecimiento y la crisis económicas, la de los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos a principios de siglo, la de los disturbios raciales, la del descubrimiento de los amores prohibidos, la de la pérdida de la inocencia, la de los estudios de identidad sexual, la de la búsqueda de la felicidad... Es difícil explicar la sensibilidad con la que Eugenides nos transmite tanto las dificultades de un matrimonio por salir adelante en un país desconocido como la preocupación de una niña que siente que su cuerpo no le corresponde. A mí, por lo menos, me resulta imposible. Así que lo único que puedo hacer es dejaros aquí un pequeño fragmento y recomendaros que lo descubráis vosotros mismos.

"Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.

(...)

En mi partida de nacimiento, mi nombre figura como Calíope Helen Stephanides. En mi último carné de conducir (de la República federal de Alemania), mi nombre de pila es simplemente Cal. He sido guardameta de hockey sobre hierba, miembro durante mucho tiempo de la Fundación para Salvar al Manatí, esporádico asistente a la misa ortodoxa griega y, durante la mayor parte de mi vida adulta, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos. Como Tiresias, primero fui una cosa y luego otra. Fui ridiculizado por mis compañeros de clase, convertido en conejillo de Indias por los médicos, palpado por especialistas y calibrado por Don Dinero. Una pelirroja de Grosse Pointe se enamoró de mí, sin saber lo que era (También le gusté a su hermano.) Un carro blindado me condujo a una batalla urbana; una piscina me convirtió en mito; abandoné mi cuerpo para tomar posesión de otros: y todo esto ocurrió antes de que cumpliera dieciséis años."



Aquí hay una entrevista bastante extensa a Jeffrey Eugenides, en inglés.

6 comentarios:

Hiscariotte dijo...

Por como lo cuentas, pues sí, dan muchas ganas de leer este librito, que hasta cierto punto me recuerda a Hedwig and the angry inch. Así mismo te recomiendo Los detectives salvajes de Roberto Bolaño que acumula con maestría todo lo que mencionas: la belleza del lenguaje, la intriga de la historia y el retrato de varios personajes exquisitos. Besos.

Miss Sinner dijo...

Algunas veces parece evidente lo que somos, pero creo que todos tenemos que descubrirlo.

Un beso.

...raquel... dijo...

Lo leeré. Picaste mi curiosidad. Por cierto, templado, pero no caliente del todo.

Y tú? Dónde trabajas del todo?

...raquel... dijo...

del todo? jajajajaajaj. Se me va la olla :-S

marmota dijo...

Hedwig and the angry inch me gustó mucho!! Pero este libro abarca mucho más... Gracias por tu recomendación, ahora que me han cerrado la biblioteca voy buscando cosas interesantes como una desesperada!

Miss Sinner, en el caso del libro, el/la protagonista es hermafrodita, pero cuando nacen piensan que es una niña. Es educada como tal, pero a medida que va creciendo van apareciendo "elementos" masculinos (no sólo físicos).

Es un libro precioso.

Raquel, estoy en un diario (con contrato de becaria, agh), y colaboro con un par de revistas.

El lunático Barry dijo...

Tiene un aspecto suculento.