martes, 3 de abril de 2007

Impúdicos probadores

Hace unos días salía este tema en la entrada sobre los espejitos mágicos. Yo me quejaba de que esas ridículas cortinillas de los probadores permiten que cualquiera que pasa te pueda ver el culo, y El lunático Barry respondía que nosotras lo pasamos mal, pero los acompañantes lo pasan aún peor.

Si mi centollo hubiera estado presente, habría asentido y gritado: "¡Eso, eso! ¿Ves como no soy el único que lo piensa?" Es cierto que gran parte de la culpa de que ponga cara de terror cuando le pido que me acompañe a mirar ropa la tienen los probadores. Entro, cierro como puedo, le oigo resoplar y quejarse, le pido que me dé su opinión, me dice "bien, bien", me pruebo otra cosa, salgo de nuevo y ya ha desaparecido.

-¿Pero dónde te metes? ¿Por qué te vas?

-¿No has terminado? Es que no puedo seguir ahí, me estoy poniendo malo. En todos lados veo tías cambiándose.

-Qué exagerado... Pues no las mires.

-¿Y hacia dónde miro?

-Mírame a mí.

-Entonces pensarán que soy un pervertido.

¿Recordáis la época en la que esto no sucedía? Entrabas, cerrabas una puerta (¡una puerta!) o corrías una gruesa cortina que, por supuesto, abarcaba toda la longitud del probador, y ya está. Todo para ti. Espacio para poner posturas, apretarte el michelín y no sufrir cuando el pantalón no pasa de debajo del muslo y todo el mundo te ve dar patéticos y desesperados saltitos.

¿En qué momento decidieron que teníamos que perder el derecho a probarnos la ropa con una cierta intimidad? ¿Y por qué?

Sólo se me ocurren tres opciones:

-Que quieran impedir que robes, visto lo fácil que es quitar una alarma.

-Que quieran impedir que folles, lo que explicaría, además, que las paredes amenacen con derrumbarse si te apoyas demasiado.

-Que fantaseen con la posibilidad de ver sensuales espectáculos en los habitáculos.

Puede que las dos primeras tengan sentido, pero la tercera, desde luego, no. Al menos en mi caso (releed unas líneas más arriba para qué necesito el espacio). Se siente, amigos.

Sin embargo, es verdad que, en ocasiones, ponerse la ropa puede ser tan sexy como quitársela. Como prueba, este vídeo. Y ni siquiera hace falta disimular para que la gente no piense que eres un salido que espía a las señoritas en los probadores.

19 comentarios:

Itoitz dijo...

Después del vestuario viene el esqueletario. (Ramón Gómez De La Serna)
Esto vapareció escrito en un probador de una tienda de mi barrio.

Ludwig Constantine dijo...

En los probadores de las tiendas de mi barrio también hay cosas escritas,Itoitz, pero son de otro tipo, aunque a veces vienen acompañadas de alguna bonita ilustración.

Marta, es cierto que los acompañantes lo pasamos mal, pero hay una cosa aún peor que ir con la novia de compras: ir con una amiga. Ahí no te sirve el recurso de mirar a tu acompañante. Serás un pervertido hagas lo que hagas. Que mal rato, por Dios, sobre todo si la amiga está de buen ver (sí, era mi caso).

electrokiss dijo...

comparto la incomodidad...

una anecdota:
dos chicas amigas salieron de compras... y en una tienda se encontraron con el pegajoso e indeseable "perfecto idiota" para no usar su nombre...

como buen pegajoso... se quedo con ellas acompañandoles...
despues de q una de las chicas se probo un vestido y le gusto...
pasaron por caja... y el le dijo a ella en el oido: aunque me provoques... no te hare caso!

plop!

increible pero cierto... pon a un idiote frente a un vestidor y ahi tienes!

besos electricos

Miss Sinner dijo...

Gensanta! ¡¡Es cierto!! ¿Y las puertas?? ¿Ande han quedado las puertas, mireusté? Qué tiempos en los que había puertas o grandes y gruesas cortinas con las que conseguir intimidad. Ahora no sólo es que las cortinas sean pequeñas, sino que como haya un foco de luz demasiado potente dentro del probador, haces numerito de striptease para la concurrencia que espera fuera. Verídico.
Además, me llegó un mail hace poco sobre los peligros de los espejos dobles y cómo reconocerlos. Acojonante.

¿Escritos en los probadores? No sé a qué clase de tiendas van tus lectores... XD

Es que odio, ¡ODIO! Comprar ropa. Ir de compras es uno de los métodos de tortura más horribles que hay. Y tendré que hacerlo próximamente, por mucho que lo retrase. Es inevitable.
Me acabas de dar una idea para un post ^^

Por cierto, he cogido las noticias de El Periódico de Aragón que mencionas más abajo para incluirlas en el espacio ;-)

El lunático Barry dijo...

Como a Miss Sinner yo también odio ir de compras, el porqué es algo importantísimo que se nos ha pasado, el papel de la Madre. Entraba y salía del probador haciendo que tu ropa interior fuese la más vista en toda la tienda.
Con mi pareja para no pasarlo mal me metí con ella en el probador (no lo hagais en Zara, mejor aún ni vayais)cuando sali las miradas eran ...mejor no describirlo.
Así que ya no entro al pasillo pecaminoso de los probadores, lo cual me cuesta algún disgusto con mi media naranja...

lacaja31 dijo...

jjaja muy bueno el post! me gusta leerte.

A mi me pasa que jamas encuentro la talla de pantalones a la primera y siempre me tengo que llevar varios al probador de distinos números. Ya he decidido que siempre que voy a comprarlos llevo siempre los gallumbos del Pato Donadl y ya de hacer el ridículo, reirme yo también!

Opino lo mismo que los demás: ir con tu madre está bien porque paga ella y vas tu donde quieres (más o menos), con tu novia chungo porque con la confianza te pasea lo que quiere...pero pase, lo malo son tus amigas. Siempre que me dicen "¿me queda bien el pantalon?" me acojono, le tienes que mirar las piernas y el culo fíjamente y dar tu opinión!!!...es un compromiso que te cagas. O les miras poco tiempo y se (me) quejan de que no ha dado tiempo a saberlo o que no aproveche de la situación... o que la miento y que a ella le queda mal o que "es que ahora se llevan asi" XD

besazo!

Mel dijo...

¡Propongo una revolucion! ¡Cambiarse en medio de la tienda! muah jua jua jua jua...
.
..
...
.....
no?

una niña... dijo...

Muy bueno!!
jijiji.
Me gusta la idea de cambiarse en medio de la tienda!
Seguro que así nos acompañarían más a comprar....
Un besito!

El Responsable dijo...

En mi caso particular no entiendo por qué mi mujer se empeña en que vaya con ella de compras ya que es habitual que me diga que el gusto para vestir lo tengo en el culo.
Si no le gusta la ropa que me compro, ¿para qué coño quiere que le de mi opinión?
-¿Que te parece esto, cariño?
-No sé, me parece un pijama.
-¡No es un pijama!, es de raso, pero no un pijama, tú lo que pasa es que no tienes ni idea de lo que se lleva.

PD: Por favor chicas, no os pongais esos pantalones por la rodilla que se llevan este año (npi de como se llaman), ni con botas, ni con medias, ni a altas, ni a bajas, ni a gruesas, ni a flacas, ni a rubias, ni a morenas, ni con nada.
OS QUEDAN HORROROSAMENTE MAL A TODAS, de verdad.

Loredana dijo...

me trausmaste!

Due dijo...

El tanga más patético y que peor queda en un pandero, lo ví precisamente la última vez que salí a comprarme unos pantalones en un probrador, cuando aquella pobre chica se dió un culazo al intentar sacarse los pantalones dos tallas menor... A quien se le ocurre poner cortinas en lugar d paredes! y sin taburetes! ni perchas para dejar tu ropa!
Nada que ver con la famosa escena de Pretti woman, sin duda.

Feliz finde guapa!

Due dijo...

Pretty, perdon

Fétido dijo...

Bien mirado tampoco están tan mal los cambios... desde algún color del cristal.

pazzos dijo...

Este cuento de probadores ganó el III concurso de cuentos para leer en 3 minutos.

http://www.sallent.info/RELATO%20GANADOR.doc

Tesa dijo...

Por fin, no podía comentar en tu blog aunque lo he visitado algunas veces, no sé si por causa del antivirus o de qué.
Parece que estamos en "temporada de probadores" sí. Yo coloqué un relato sobre el asunto cortinillas excasas y la gente lo ha creído autobiográfico. Qué cosas.
Te dejo un saludo, Martita, cruzando los dedos para que esto se publique.

guizmo dijo...

Pobre centollo XDDD

el aguaó dijo...

¡¡Extraordinario tu post!! Cuanta verdad hay en él.

Hace poco fui a comprarme un traje de chaqueta. Le pedí a la dependienta mi número, sin embargo, no solo me dio ese traje, me sugirió una talla menor de pantalón por si no me estuviera bien, a lo que yo accedí. Mientras que ella buscaba esa talla menor, me metí en mi mini-probador de cortina y comencé a probarme los pantalones. Justo cuando me había descalzado y tenía una pierna fuera de mi pantalón, aparece la señorita con el número menor casi avasallándome...la rapidez de movimientos que se realizan en ese momento es similar a la de un prestidigitador. Si a ésto le sumamos otros clientes fuera, la cosa se pone interesante. Me pregunto que hubiera hecho Michael Scofield en mi situación.

Me gusta mucho tu blog, querida Marmota.

Saludos.

marmota dijo...

Muchas gracias, aguaó! Sí, las dependientas intrusivas son lo peor...

Grcias pazzos!

Due, esa podía haber sido yo! jajaja

Te trausmé, Loredana? Y eso qué es? :)

Responsable, yo ya tengo unos! ^^

Hombre, yo a veces me cambio en medio si sólo es una camiseta o algo así, nada demasiado llamativo...

Gracias, lacaja31. A mí me pasa lo mismo con las tallas.

Barry, pues yo en Zara también me meto a mi centollo dentro. Para una tienda que hay con puertas, hay que aprovechar!

Electrokiss, si es que vais provocando! jajajaja

Escritos en los probadores? Eso no lo he visto yo...

Balcius dijo...

Nosotros siempre entrábamos juntos a los probadores. Tanto si era ella como si era yo quien se tenía que desvestir, o los dos, ya no recuerdo.

Procuro no recordar, aunque sé que era divertido. Por pequeña e insuficiente que sea la cortina, de pronto al cerrarse delimita todo lo que existe, todo lo que importa.

Como la memoria.