jueves, 15 de marzo de 2007

A mi amiga Ingrid le encantaba Bukowski

A mi amiga Ingrid le encantaba Bukowski. La recuerdo a menudo con un libro suyo en la mano. Hace algún tiempo leí “Pulp” y, aunque me resultó entretenido, no me pareció nada del otro mundo. Por eso, la semana pasada, cuando fui a la biblioteca buscando algo que leer, pasé de largo por sus obras. No fue hasta después de un rato, cuando no encontraba nada que me interesara y se me empezó a echar el tiempo encima, cuando decidí coger algo suyo. Se trataba de la recopilación de relatos “Se busca una mujer”, y contenía algunas historias que me encantaron.

Como ya hice cuando hablé de Colette y de Roald Dahl, os dejo aquí un fragmento de una, “No hay camino al Paraíso”:

Yo estaba sentado en un bar de Western Avenue. Era alrededor de medianoche y me encontraba en mi habitual estado de confusión. Quiero decir, bueno, ya sabes, nada funciona bien: las mujeres, el trabajo, el ocio, el tiempo, los perros...

(...)

Bueno, pues yo estaba allí sentado y aquí que entra una con el pelo largo y moreno, un bello cuerpo y tristes ojos marrones. (...) Pidió un vino seco. Entonces me preguntó lo que estaba bebiendo.

–Escocés con agua –contesté.

–Y sírvale al señor un escocés con agua –le dijo al barman.

Bueno, esto no era muy normal.

Abrió su bolso, cogió una pequeña jaula, sacó de ella unos hombrecitos y los puso sobre la barra. Tenían alrededor de diez centímetros de altura, estaban apropiadamente vestidos y parecían tener vida. Eran cuatro: dos mujeres y dos hombres.

–Ahora los hacen así –dijo ella–. Son muy caros. Me costaron cerca de 2.000 dólares cada uno cuando los compré. Ahora ya valen cerca de 2.400. No conozco el proceso de fabricación, pero probablemente debe ser ilegal.

Estaban paseando sobre la barra. De repente, uno de los hombrecitos abofeteó a una de las pequeñas mujeres.

–¡Tú, perra! –dijo–. No quiero saber nada más de ti.

–¡No, George, no puedes hacerme esto! –gritaba ella llorando–. ¡Yo te amo! ¡Me mataré! ¡Te necesito!

–No me importa –dijo el hombrecito, y sacó un minúsculo cigarrillo, encendiéndolo con gesto altivo–. Tengo derecho a hacer lo que me dé la gana.

–Si tú no la quieres –dijo el otro hombrecito– yo me quedo con ella, yo la amo.

–Pero yo no te quiero a ti, Marty. Yo estoy enamorada de George.

–Pero él es un cabrón, Anna, un verdadero cabronazo.

–Lo sé, pero le amo de todos modos.

Entonces el pequeño cabrón se fue hacia la otra mujercita y la besó.

–Creo que se me está formando un triángulo –dijo la señorita que me había invitado al whisky­. Te los presentaré. Ese es Marty, y George, y Anna y Ruthie. George va de bajada, se lo hace bien. Marty es una especie de cabeza cuadrada.

–¿No es triste mirar todo esto? Erh... ¿Cómo te llamas?

–Dawn. Un nombre horrible, pero eso es lo que a veces les hacen las madres a sus hijos.

­–Yo soy Hank. ¿Pero no es triste...?

–No, no es triste mirar todo esto. Yo no he tenido mucha suerte con mis propios amores, una suerte horrible, a decir verdad.

–Todos tenemos una suerte horrible.

–Supongo que sí. De todos modos, me compré estos hombrecitos y ahora me entretengo en mirarlos, es como no tener ninguno de los problemas, pero tenerlo todo presente. Lo malo es que me pongo terriblemente caliente cuando empiezan a hacer el amor. Es la parte más difícil para mí.

–¿Son sexys?

–Muy, muy sexys. ¡Dios, me ponen de verdad caliente!

(...)

George estaba besando a Ruthie, acariciando sus pechos. Ruthie estaba empezando a calentarse.

–Ruthie está empezando a calentarse –le dije a Dawn.

–Sí que lo está. Está empezando de verdad.

Yo también me estaba poniendo cachondo. Abracé a Dawn y la besé.

–Mira –dijo ella–, no me gusta que hagan el amor en público. Me los voy a llevar a casa y que lo hagan allí.

­–Pero entonces no podré verlo.

–Bueno, sólo tienes que venir conmigo y podrás.

(...)

Abracé a Dawn. Comenzamos a besarnos. Cuando parábamos, sus ojos pasaban de mirarme a mí a mirar a los hombrecitos fornicando, y luego volvía a mirarme de nuevo a los ojos. Yo seguía siempre su mirada.

El pequeño Marty y la pequeña Anna también estaban mirando.

Mira –decía Marty–, ellos lo están haciendo. Nosotros deberíamos hacerlo también. Incluso las personas grandes van a hacerlo. ¡Míralos!

–¿Oíste eso? –le pregunté a Dawn–. Ellos dicen que vamos a hacerlo, ¿es verdad eso?

–Espero que sea verdad –dijo Dawn.

(...)

14 comentarios:

confin dijo...

Para mí lo mejor de Chinasky sus libros de alter ego, -mujeres- el q más... y leerlos siguiendo las agujas del reloj.
Pero lo mejor, mejor son sus poemas... tiene muchos, muchísimos... y algunos muy buenos.

Dale duro

Mirko dijo...

Je,je qué divertido...yo también quiero unos hombrecitos de ésos...aunque mirándolo bien..¿quiénes son los hombrecillos de quién?

Anónimo dijo...

Hola, me llamo marta y soy super
coooolta

Carabiru dijo...

joer pal último comentario... hay de todo por aquí...

Pues como ha dicho mirko... ¿quien es el juguete de quien????

Me apunto el nombre del escritor.

Baakanit dijo...

Muy jocas esa situación. La imaginación se aloca después de unos tragos.

Saludos

Baakanit dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El detective amaestrado dijo...

Bukowski me gustaba mucho cuando empecé a leerlo en la época del Insti. Ahora ya no sé si me entusiasmaría tanto

Dark Santi dijo...

A mi me pasó recientemente, pero sin señores grandes. Es realmente extraño, pero sin duda fue así...

¡Qué ganas de leerlo, oye!

pazzos dijo...

Cuando le despertó el barman diciéndole que ya era hora de cerrar, no encontró ni rastro de la jaula, ni de Marty,George,Ruthie o la pequeña Anna. Husmeó el aire en pos del rastro del perfume de Dawn. Nada.
Buscó en la barra el cerco de la copa de vino que ella se había tomado.
Sobre el mostrador quedaba solo su vaso de whisky escocés. Más vacío que nunca.

Miss Sinner dijo...

Pues ni idea.


Tenías razón, has bajado el ritmo. Espero que no tengas mono XD

Un beso, Marta.

marta marmota dijo...

Dark Santi, cuéntanos más!


Pazzos, está bien tu final, aunque para entonces ya estaban en casa de Dawn. Es que corté algunos trozos para que no fuera tan largo...

Maria dijo...

¡¡¡Que hisToria maS eXtraña!!!

Anónimo dijo...

Niñaaaaa es un genio
¡¡¡Culturízate!!!

el huge dijo...

Lo que me encanta es la manera de cortejo (por no decir ligue) que se saca de la bolsa la mujer grande.

Ya quisiera cualquiera que llegara una extraña voyeurista y completamente de la nada comenzara a decirte cosas como "mira, vamos a ver a los vecinos que generalmente andan follando a estas horas, sirve que les hacemos un dos (o un cuatro para el caso)".

En fin...