jueves, 6 de julio de 2006

Lugares: Turquía

Unas vacaciones inolvidables. Cómo echaba de menos esa sensación...

Hace dos semanas y un par de días partía hacia Turquía con mi maleta chiquitita y sin saber muy bien qué encontraría allí. Me apunté a una asociación de estudiantes que organiza viajes y me marché a una ciudad que hace dos meses no habría ubicado en un mapa, en un país en el que nunca había estado y sin conocer a nadie. Definitivamente, esos viajes son los mejores.

Llegué después de una semana de nervios y un día de vuelos (Barcelona-Zurich-Estambul-Adana). Pasé quince días con gente de Finlandia, Eslovenia, Italia, Holanda... y, por supuesto, Turquía. Visité sitios preciosos y descubrí cosas interesantes, y me marché con esa sensación agridulce de alegría por los días pasados y pena por lo que se ha terminado.

Pero bueno, vamos por partes. Primero voy a contar simplemente unas cuantas cosas que pueden resultar interesantes para quien tenga pensado marchar allí:

- La moneda es la lira turca, que equivale a medio euro. Muchos bancos españoles no tienen, pero no supone ningún problema cambiar dinero al llegar allí, sacar de un cajero automático o, incluso, pagar con euros en algunos sitios (aunque suele resultar más caro).

- Los enchufes son compatibles con los españoles.

- Los españoles necesitan un visado para viajar a Turquía. Te lo dan en el mismo aeropuerto y cuesta diez euros.

- Lo más normal es volar a Estambul y, desde allí, tomar otro vuelo o un autobús para ir a otras ciudades, aunque algún destino turístico, como Antalya, cuenta con vuelos al extranjero. Yo volé con Onur Air un poco preocupada, porque hace un año había tenido problemas con la Unión Europea por falta de seguridad -cosa que, por supuesto, descubrí después de haber pagado el billete-. Esos problemas deben de estar solucionados, porque vuelve a volar fuera de Turquía, y yo viajé estupendamente con ellos, exceptuando el retraso de la vuelta y las turbulencias ocasionadas por una tormenta. Los autobuses son baratos y bastante lujosos, pero la distancias son muy largas.

- Importantísimo: regatear siempre, sin ningún tipo de vergüenza, y asegurarse de que lo que se compra no está defectuoso.

- Chicas: si alguien -como me pasó a mí- os intenta convencer de que como vais a un país musulmán tenéis que ir tapadas como monjas, ni caso. Las turistas van como quieren, muchísimas turcas visten de manera totalmente occidental y en las mezquitas importantes te dejan pañuelos para taparte. Si alguien planea viajar totalmente sola o sólo con un par de amigas, supongo que es mejor no llamar demasiado la atención (más que nada para no verse rodeadas por un ejército de pulpos), pero no hay problemas con llevar tirantes o cosas así.

- Los turcos no comerán cerdo, pero beben alcohol sin ningún tipo de problema. Y no sólo cervecitas, precisamente...

- La comida está bastante especiada, en general, pero está muy buena. Personalmente, me harté del pollo, la sandía, el queso y las olivas.

- Increíble: te marchas a Turquía y te pasas el día escuchando Shakira y Reggaeton. Bueno, y, por supuesto, música griega y turca. Si es que el mundo es diminuto...

En cuanto al viaje... No sé por dónde empezar.

El trayecto se me hizo eterno, aunque en el último vuelo conocí a una turca majísima y nos estuvimos contando nuestras vidas. Llegué por la noche a Adana y ya conocí a gente de Grecia, de Georgia y a varios de los organizadores turcos. Los demás fueron llegando el día siguiente. Pasamos unos días allí, aunque no vimos demasiadas cosas de la ciudad. Supongo que, en realidad, tampoco hay mucho que ver, porque cuando en el aeropuerto dije que me iba a Adana los turcos me miraron extrañados y me preguntaron qué iba a hacer allí. Eso sí, tuvimos unas cenas de lujo, noches europea y turca y ratos de bailar salsa (algo que los turcos adoraban). Por el lado malo, un calor horrible, y yo con mis camisetas hasta el cuello por la influencia de "cuidado-con-lo-que-te-pones-si-vas-a-Turquía". La verdad es que eché de menos unos cuantos tirantes en mi equipaje.

Pasamos tres días en la Capadoccia, que es impresionante. Paisajes increíbles y grutas e iglesias subterráneas. La verdad es que merece la pena.

Un día visitamos Hatay, situado más hacia el este y que cuenta con la iglesia más antigua del mundo.

Y, por último, pasamos los últimos días en Olympos y Antalya, con una playa a la que se llegaba andando a través de un bosquecillo con ruinas antiguas a los lados.

Los sitios en los que nos hospedamos estuvieron bien en todos los casos, aunque me gustó especialmente el último -y menos lujoso-. Se trataba de una especie de camping-albergue con casas entre los árboles (ver
aquí) y, aunque la comida podría haber sido mejor, y estar rodeados de pollos y patos no le hacía demasiada gracia a nadie, pasar allí el día yendo a la playa, a hacer un viajecito en barco o simplemente charlando es algo que me encantaría repetir.

Los días de pipa y de bazar no faltaron, las fiestas y las clases de turco tampoco, y lo único que siento es que me quedé sin visitar Estambul porque tenía que volver a trabajar (¿aceptamos "becaria" como trabajo?). Por supuesto, llegar a casa sin dormir después de un viaje de más de 12 horas y en dos horas ducharse, cambiarse y empezar a currar en un periódico inmediatamente es una experiencia maravillosa e inigualable que le recomiendo a todo el mundo. Volver con una extraña picadura inflamada y tener que ir a Urgencias a ver qué es, también.

Como decía, un viaje inolvidable. En cuanto pueda me marcho a Estambul, mi asignatura pendiente.



Adana


><



Publicado el 05.07.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.

1 comentario:

Anónimo dijo...

interesante. llevo años queriendo conocer turquia...