lunes, 16 de octubre de 2006

Frivolidades

Me he comprado un vestido y estoy contenta. Lo vi hace tiempo y pensé: "es bonito, pero no te lo pondrás; es demasiado extravagante". Pero, después de más de una semana sintiéndome sola, de mal humor, en una ciudad en la que no conozco casi nada ni a casi nadie, he decidido que me da igual. Que me apetece hacerme un regalo. Y me lo he hecho.

Por la tarde voy con Blanca a ver "Cabaret". Como no supe hasta la semana pasada cuándo tendría fiesta, tardamos mucho en comprar las entradas y tenemos unos asientos horribles.

"Palco de visibilidad reducida". Desde luego, sólo vemos coronillas.

Huele a quemado. Miramos hacia arriba. Los focos están a medio metro. Blanca dice: "¿Pelo quemado?" Y nos reímos.

Lo bueno del palco es que podemos ver que en las primeras filas hay asientos libres. Está claro que hay gente que, por alguna razón, tenía entradas pero no ha ido. Después del descanso decidimos bajar a esos asientos. Desde luego, la perspectiva cambia totalmente. Ahora vemos las caras, aunque nos perdemos la orquesta. Estamos demasiado cerca. La señora de detrás le dice a su amiga: "¿Ahora llegan? Pues se han perdido toda la primera parte..."

El maestro de ceremonias aparece y dice que es el momento de que participe el público. Le digo a Blanca que, entonces, es el momento de que volvamos al palco. El maestro de ceremonias saca a un par de personas a bailar y después señala a los palcos y grita: "¡Hooola, pobrrrrrresss!" con un supuesto acento alemán. Blanca me dice que nosotras somos dos pobres listas. Yo sólo espero que el maestro de ceremonias no se haya dado cuenta de nuestra maniobra y nos señale diciendo: "¡dos pobrrrrres que se han cambiado de sssitiooo!".

No, parece que no se ha dado cuenta. En realidad, es poco probable que alguien pueda ver desde el escenario a la gente sentada en un palco lateral con los focos justo encima.

El musical nos encanta, aunque Blanca le haya cogido manía a uno de los actores. A la salida, vamos a un bar. Las camareras parecen clones. Son dos rubias oxigenadas idénticas con la misma falda negra diminuta y la misma camiseta blanca ajustada. El camarero es un tipo corriente, vestido de un modo corriente. Hablamos, nos reímos.

Y ahora, mientras el ruido de los fuegos artificiales me impide concentrarme en el trabajo que tendría que haber acabado hace un mes, escribo tonterías. Después de más de una semana sintiéndome sola, de mal humor, en una ciudad en la que no conozco casi nada ni a casi nadie, me he comprado un vestido precioso que no me pondré casi nunca, he ido al teatro con una amiga y lo he pasado bien.


><

Publicado el 16.10.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.

1 comentario:

Baakanit dijo...

Tienes una voz muy viva y entretenida, un flow natural como dirían los raperos.

Yo tambien he cometido ese acto de pobreza en juegos de baseball.

Ciao ;)