jueves, 7 de septiembre de 2006

Dos gotas

Siempre me han dicho que soy igual que mi madre.

Ya cuando nací todos decían que tenía la misma cara que ella. Más adelante, me crecieron los mismos ricitos rubios y se me desarrolló el mismo carácter. Mi abuela se reía cuando veía cómo me enfadaba. Decía que éramos clavaditas.

Yo todavía era una niña cuando murió, pero en el funeral todos dijeron que era su vivo retrato. No negaré que fuese cierto, aunque el físico no lo es todo. En el colegio destacaba en lengua, matemáticas y física, como había hecho ella, aunque sacaba buenas notas en general. Acabé entre las cinco mejores de la clase, y ví las lágrimas de orgullo en la cara de mi abuela cuando me dijo que mi madre siempre había sido una buenísima estudiante.

Una pequeña diferencia: conocí a mi marido en la Universidad, no en el trabajo, como había hecho ella, aunque sí que puedo decir que, igual que yo era una de las pocas estudiantes de ingeniería, mi madre fue una de las primeras mujeres en entrar en esa empresa. Dos mujeres fuertes, dos pioneras, supongo.

Tuve a mi hija pronto. Demasiado pronto, como ella. Frustró todos mis sueños y todas mis posibilidades. Yo habría podido llegar muy lejos, si no hubiese sido por esa criatura chillona que no me dejaba en paz.

Sé que ahora crees que soy un monstruo, y que te chocó enterarte de que fui yo la que le hizo las heridas a la cría, pero no sé por qué.

Al fin y al cabo, siempre me han dicho que soy igual que mi madre.

imagen: horexakias, en devianart



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Publicado el 07.09.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.

1 comentario:

Baakanit dijo...

Muy buen cuentecillo.

Me imagino las marcas que le dejaron a la protagonista!