Vaya gilipollez.
Puede que los funerales sean ceremonias de despedida, pero está claro que también son actos sociales. Y puede que sientas la muerte de alguien, pero, muchas veces, lo que sientes también es ese recordatorio de que ninguno duraremos eternamente.
¿Asistir a tu funeral? ¿Para qué? Seguro que, en realidad, ya sabes quién acudiría. Seguro que eres consciente de que muchas personas llorarían tu pérdida, pero que al día siguiente no notarían ninguna diferencia en sus vidas. Seguro que también sabes que muchos estarían allí porque es "lo que corresponde", o porque saben que, si no van, otros los criticarían por ello. También sabrás que mucha gente iría a apoyar a tu familia, y no porque realmente lamenten tu pérdida demasiado. Seguro que ya tienes claro a quién le importas y a quién no.
¿Y sabes qué? Es muy probable que el que más te quiere no sea el que llore más alto. De hecho, puede que ni siquiera esté allí, porque el dolor de verte en una caja sea más grande que el temor a lo que puedan pensar los demás.
La verdad, me da exactamente igual quién acuda a mi funeral. En realidad, no significa nada.

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