lunes, 27 de febrero de 2006

Viaje en metro

Escuchó el ruido del metro acercándose y dio unos pasos al frente. Uno, dos, tres... demasiado tarde. Las puertas se abrían ya delante de él y una multitud de personas bajaban mientras una pareja y un chico esperaban para subir.

El vagón se alejó.

Miró el reloj que indicaba el tiempo que faltaba hasta la llegada del próximo metro. Cuatro minutos, diecinueve segundos. Dieciocho, diecisiete... Esta vez no se detendría.

Otra vez el estruendo, otra vez más y más cerca.

Un par de pasos, esta vez decididos, y después... nada. Volvió a ver las puertas frente a él, pero este vez no bajó ni subió nadie. Se fijó en un poema pegado en la ventanilla en alguna campaña del Ayuntamiento para promocionar la cultura, la lectura o vete a saber qué, pero el metro se puso en marcha antes de que pudiese terminar de leerlo.

"Está bien -pensó-, no tengas miedo. Es sólo un salto y después todo habrá terminado."

Miró nuevamente el reloj. Casi tres minutos.

"Cierras lo ojos, te acercas, saltas y ya está. No es tan difícil..."

Empezó a escuchar el sonido otra vez, lejano.

El móvil le vibró en el bolsillo. Lo cogió y leyó el mensaje. "Hijo, compra pan cuando vuelvas a casa, que se me ha olvidado. Un beso".

El metro ya asomaba por el túnel. Dio unos pasos al frente y esperó a que el vagón llegase hasta él. Las puertas se abrieron. Se metió el móvil en el bolsillo y, después, subió.


><

Publicado el 27.02.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.

3 comentarios:

Juan Cosaco dijo...

Yo creo que lo que nos salva son cosas como el poema de la ventanilla.
Salud!

Isa dijo...

si, y los diarios gratuitos, sino más de uno habríamos tenido la intención...

Bonito relato

marta marmota dijo...

A vces lo más pequeño es lo más importante, ¿no?