sábado, 18 de marzo de 2006

Un pequeño detalle

Por las mañanas, en el autobús, suelo coincidir con una madre que sube con su hija. A veces llegan un poco tarde y tienen que correr, pero siempre se están riendo. La madre es francesa, creo, y la hija es una niña rubita de unos dos años, que en invierno va tapada con un grueso abrigo que ocupa más que ella. Siempre corretea de un lado a otro y le dice a su madre donde se tiene que sentar. Ella, mientras tanto, la observa con una sonrisa en los labios. Hacen un trayecto muy corto, de tan solo unas pocas paradas, y desaparecen. Por alguna razón, siempre me alegro de verlas, porque me transmiten una especie de felicidad difícil de explicar.

Lo cierto es que ese pequeño detalle convierte el tedioso viaje en algo agradable. Me gustaría decírselo, pero sé que sería demasiado extraño.

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Publicado el 18.03.06 en ¿La curiosidad mató al gato? Hoy las he vuelto a ver, qué casualidad...

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