sábado, 4 de marzo de 2006

McGyver en Euskadi o el reflejo de la desinformación

Hace poco encontré en un foro por Internet este vídeo:

McGyver en Euskadi

Os recomiendo que le echéis un vistazo, la visión de los norteamericanos sobre el conflicto vasco no tiene desperdicio.

Pero lo cierto es que, después de ver el vídeo y reírme durante media hora seguida (esos "vascos", esas "bananas pirenaicas"...), empecé a pensar en que este tipo de cosas forman nuestra opinión sobre la realidad. Es decir, que si un norteamericano ve muchos vídeos como éste, acabará formándose una idea de lo que es España completamente distorsionada.

Es cierto que se trata sólo de un producto de ficción, pero ¿realmente cuesta tanto documentarse un poco? Y, además, ¿qué pasa con la no-ficción, con los informativos, con los reportajes?

Ayer volví del
VII Congreso Nacional de Periodismo Digital, en el que Andy Young habló sobre el proceso de verificación de datos en The New Yorker. Según contaba, su intento de ser completamente exactos y fiables llegaba incluso hasta los poemas y cuentos, y explicó el caso de un relato en el que, si no recuerdo mal, el protagonista no podía dormir por el ruido de los monos en Papua Nueva Guinea. Una persona corrigió a la publicación y les dijo que allí no había monos y, más adelante, otra comentó que la deforestación había provocado que acabara habiéndolos. Puede parecer una tontería, pero alguien como yo, que nunca ha estado allí, formará su opinión a partir de todas las informaciones que reciba, procedan de donde procedan. Evidentemente, la cuestión se convierte en un verdadero problema cuando hablamos de temas que pueden afectar a miles de personas, como la política, la economía o las informaciones sobre las guerras.

Vemos este vídeo y nos reimos de los americanos, pero ¿qué pasa con nosotros? ¿Cuántas veces recibimos información totalmente distorsionada? ¿Cuántas veces formamos nuestra opinión a partir de datos erróneos?

Está claro que no todos los medios pueden contar con verificadores de datos, pero ante esta situación se hacen necesarias dos cosas: en primer lugar, y obviamente, todos los profesionales de la información deberían trabajar con el mayor rigor, en la medida de lo posible. En segundo lugar, y tal vez esto sea lo más importante, deberíamos, como público, ser cautos con todas las informaciones que recibimos.

El País no nos muestra la realidad de la política española o internacional, la MTV no es un reflejo fiel de los jóvenes norteamericanos y El código Da Vinci no descubre la verdadera historia de la Iglesia católica. Sólo nos enseñan una pequeña parte. Nunca deberíamos olvidarlo.

Nota: la historia de los monos de Papua Nueva Guinea la he contado de memoria, y ahora mismo no tengo ni idea de si allí hay monos o no los hay. El que avisa no es traidor...


><

Publicado el 04.03.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota. Ahora que curro en un diario soy más consciente de lo difícil que es ser todo lo riguroso que sería deseable. Precisamente por eso, creo que como lectores debemos ser especialmente críticos con lo que leemos, que puede ser inexacto voluntaria o involuntariamente.

3 comentarios:

pequeñoIbán! dijo...

Tuve ya la ocasión de ver semejante video, y lo cierto es que es más que gracioso. Ahora, como bien dices, detrás de él hay una agria reflexión sobre la desinformación y la topificación

Un saludo!

Anónimo dijo...

Otra vez alli?
qué caña!!!!

elbuenaviador dijo...

El vídeo ya lo había visto antes. Y estoy absolutamente de acuerdo con esa idea de que a veces nos hacemos una imagen de algo que realmente no conocemos. Somos hábiles a la hora de montar castillitos en el aire cuando se trata de hacernos una imagen del "otro".
Y los americanos no son unos "tontos", sino unas "víctimas" de lo que les muestran, como lo somos TODOS.
Besucos desde el aire