jueves, 26 de enero de 2006

Los autobuseros, ese simpático colectivo (I)

Si hay un colectivo al que adoro, es el de los autobuseros. Una gente majísima y amabilísima. He tenido tantas buenas experiencias con ellos, que no sé por dónde empezar...

Guardo especial recuerdo de uno que, a las 11 de la noche, se negó a abrirme la puerta -después de hacer un sprint con el que creo que superé el record mundial de velocidad- cuando ni siquiera se había llegado a poner en marcha. Muy majo él, teniendo en cuenta que los dos sabíamos que, a esa hora, iba a tener que esperar un buen rato a que pasara el siguiente, y que esa zona no era especialmente recomendable para una "pobre chica sola" como yo...

Esos "no-abriré-la-puerta-ni-aunque-me-apuntes-con-un-arma" me encantan, especialmente cuando conducen un maravilloso 29, también conocido como el autobús fantasma (dicen las leyendas que, por las noches, se puede escuchar el llanto de los que murieron esperándolo).

En fin...

Tampoco están nada mal esos que, digamos, siguen sus propias leyes autobuseras. Esta misma semana pude disfrutar de uno cuando iba a clase en el Centro de Tecnologías Avanzadas. Hay que decir que, para llegar hasta allí, había perdido un 23 por los pelos (por supuesto, el correspondiente autobusero se negó a abrirme), lo que había supuesto que también perdiese el 40. Conseguí coger el siguiente 40 y hacer el viajecito con calma, porque mi parada era la última y había un rato. En el autobús me encontré con el Pianista y, cuando llevábamos un rato, le dije:

- Javi, creo que nos hemos pasado de parada...
- Qué dices, cómo nos vamos a haber pasado de parada, si es final de línea, para y nos echa a todos...
- Pues yo creo que nos hemos pasado de parada...
- Que no...
- Avenida Juan Pablo II, ¡nos hemos pasado de parada!

De pie de un salto, botón rojo y listos para bajar en la siguiente. ¡Y el autobusero, que no nos abre! Yo:

- ¡Oiga, pero ábranos!

Ante mis ruegos, abrió, pero no parecía estar demasiado contento. En realidad, yo creo que pretendía secuestrar a Javi, porque, una vez en la calle, me dijo:

- A éste ya me lo conozco yo...

Pero bueno, vamos a ver, ¿no se supone que en final de línea paran, echan a todo el mundo y esperan un par de minutos? Y, ¿qué es eso de no abrir cuando le has dado al botón? Misterios sin resolver... Llegué a clase 15 minutos tarde, una hora después de haber salido de casa y con unas ganas de matar bastante intensas.

Y, hablando de seguir sus propias leyes, me acuerdo de cuando pasamos de pesetas a euros y se inventaron que, o pagabas con bonobús o les dabas el dinero justo, que no daban cambios. Recuerdo una entrañable escena que tuvo lugar cuando una mujer tuvo la ocurrencia de intentar pagar al autobusero con, atención, ¡una moneda de un euro!

- Señora, o me da el dinero justo o se baja.
- ¿¡Qué!?
- Son las normas. O me da el dinero justo o se baja.
- Pero que no llevo... Da igual, quédese con el cambio.
- No puedo hacer eso. El dinero, justo.
- Pero es que no llevo...
- ¿A ver, nadie puede dejarle dinero a esta señora para pagar el autobús?

!!!!!????? Estupor general... Por supuesto, entre todos los que estábamos alrededor le pagamos a la pobre mujer el autobús. De locos...

De hecho, si no recuerdo mal, al final el Ayuntamiento le dijo a Tuzsa que ya estaba bien, que eso no era legal.

Veo que eso está siendo más largo de lo que esperaba (¡hay tanto que contar!). Próximamente, capítulo II. Espero que ningún autobusero me lea...


><
Publicado el 26.01.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.
Viva los autobuseros.

3 comentarios:

Dulce Locura dijo...

Dios! Qué entrada más genial! Y esque eso de los autobuseros da mucho de sí!

Pero hay otro colectivo en el que me fijo mucho debido a que viajo mucho en tren: Los interventores.


Un beso


PD: Vuelve cuando quieras a visitarme!!!!

LaPereza dijo...

Cuando leí tu comentario sentí curiosidad por conocer tus experiencias en el inconmensurable universo del bus. Los científicos del mundo mundial deberían hacer un estudio sobre este y otros colectivos de servicios públicos, !no lo acabarían ni en toda la eternidad!

marta marmota dijo...

Interventores? jajajaja Yo creo que los taxistas son otros que dan para escribir un libro!!