martes, 18 de abril de 2006

La peor pesadilla

En cuarto de carrera, a la marmota se le metió en la cabeza que no podía seguir sin carnet de conducir. Estaba a punto de acabar la Universidad, confiaba en no pasar el verano en la madriguera y sabía que las autoescuelas de Zaragoza son especialmente caras, así que decidió compaginar el curro de la mañana y las clases de la tarde y sacarse el carnet en Barcelona, la ciudad donde estudiaba, yendo a clase de conducir a las ocho de la mañana.

Gran error.

Lo que no había sospechado es que las marmotas son animales especialmente poco hábiles para la conducción, lo que, sumado a la cantidad de psicópatas que circulan por la ciudad condal, convirtió el aprendizaje en algo sumamente traumático para el pequeño y peludo animal.

Es curiosa la relación que se establece con los profesores de autoescuela. De pronto pasas a compartir un ratito de tu vida cada día con un desconocido al que nunca más vuelves a ver. Todo ello, en un pequeño habitáculo. Cuando alguien es tan torpe como la marmota y, por lo tanto, tiene que recibir innumerables clases, la relación se vuelve todavía más curiosa, porque esa persona desconocida se convierte en alguien demasiado habitual.

La marmota suspendió demasiadas veces, y recibió demasiadas clases. Tantas, que me ha pedido que no diga el número. En cualquier caso, su profesor acabó convirtiéndose en una especie de extraño familiar.

En su relación cabe señalar tres fases.

En la primera, la marmota y su profesor se limitaban a hablar de las cosas típicas: "Conduces como una vieja, pon la segunda de una vez", "¡Cuidado con esa planta, que me como las hojas!".

Es destacable la banda sonora de las clases: unos días, Máxima FM: "Vamos a hacer un concurso de canalillooooooooos. Mándanos una foto de tu canalilloooooo. Chumba, chumba, chumba..."; los otros, Guns n' Roses. ¿Ambas cosas os parecen incompatibles? Para el profesor no lo eran.

En la segunda fase, la marmota y el profesor alcanzaron algo más de confianza. Ella ya se atrevía a decirle que dejase de torturarla con la Máxima FM a esas horas de la mañana y él rezongaba que cada uno le pedíamos una cosa distinta. En esta fase, se daban conversaciones del tipo:

-"¿Sabes? Ayer soñé que me presentaba al examen y suspendía..."

-"Calla, calla... Yo soñé que mi exmujer se quedaba embarazada. Vaya pesadilla..."


En la tercera y última fase, la marmota descubrió los múltiples errores que se pueden cometer en los exámenes prácticos: saltarse semáforos, parar en una parada de autobús, olvidarse de meter la marcha (y no entender por qué el coche se cae hacia atrás) o estar a punto de atropellar a un abuelito con muletas son sólo algunos ejemplos.

Por fin, llegó el momento. La marmota consiguió sacarse el carnet. Le dijo al profesor que le llamaría si se lo retiraban. Si, ya sé... Pero, ¿qué le dices a esa persona con la que has compartido tantos malos momentos en la despedida? A la marmota no se le ocurrió nada mejor.

Un día, intentó conducir el coche de su padre. En un cruce, el coche se le caló y no fue capaz de volver a ponerlo en marcha. Se formó una fila, la gente empezó a pitar y ella tuvo que acabar saliendo del vehículo y dejarle el mando a él. Ese día decidió que, después de todo, tampoco se iba tan mal en autobús, y metió el carnet en un cajón.

Eso sí, en la foto sale muy guapa.












><


Publicado el 18.04.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.

1 comentario:

carmncitta dijo...

jajajajaja, gracias por pasarme el link. A mí me daba miedo al principio, pero ahora joer hasta me gusta ese ratillo de práctica. Desconecto de todo y al estar tan concentrada no puedo darle vueltas a mil cosas...ains, es muy raro, lo sé, pero mira...

Jua, no me he planteado que le diré a mi profe el último día, yo creo me daría hasta pena si no me cobrara 40 euros la hora...xDDD

un besazo!