domingo, 24 de diciembre de 2006

Gotas

Mañana hará un año y todavía no he borrado su teléfono de mi móvil. Volvía de pasar la Navidad con su familia cuando su coche se salió de la carretera por el hielo. Y ya está. Fin. Y ahora que todos los de clase buscamos nuestro camino como podemos, ella, que quería dedicarse al periodismo especializado en cine, ya no está aquí.

Después de las vacaciones volvimos al aula y su ausencia se palpaba. Los profesores que venían intentaban decir algo, pero no sabían qué, y todos se equivocaban con las letras de su nombre como si todo se tratase de alguna broma macabra. Cuando alguien nos preguntaba cuántos éramos siempre tardábamos un segundo de más en responder y durante algunos días estuve teniendo sueños raros y pesadillas.

Como es normal, después de algún tiempo seguimos adelante con normalidad, pero, cuando ha pasado un año, lo que más sigue quemando son todas las palabras no pronunciadas y que ya no se dirán.

Esta mierda es lo más cercano que he estado de expresar una mínima parte de lo que sentí, o de lo que siento, y he tardado casi doce meses en escribirla. No voy a borrar su teléfono. Todavía no.

No hay comentarios: