miércoles, 15 de febrero de 2006

Cartas

¿Quién no ha perdido el contacto alguna vez con alguien de otra ciudad, de otro país, con quien compartió momentos estupendos? Conoces gente y, cuando te despides, te prometes a ti mismo que, pase lo que pase, seguirás llamando, escribiendo, visitando... Después pasa el tiempo y esa llamada siempre puede esperar hasta el día siguiente, y llega un momento en el que han pasado años y te das cuenta de que no tienes ni idea de cómo estará esa persona.

Otras veces, sin embargo, sucede al contrario. Se escriben cartas, se hacen visitas y esa amistad sobrevive al tiempo y a la distancia. Sería bonito que siempre sucediera así...

El otro día recordaba una pequeña historia que tiene que ver con todo esto.

Cuando ella era pequeña, con seis años más o menos, su madre se fue unas semanas a Inglaterra. Quería perfeccionar su inglés, y estuvo viviendo durante ese tiempo con una familia que la acogió como a una hija. Volvió a casa, le trajo regalos, contó anécdotas y consiguió mantener el contacto con esa gente que tan bien la había tratado. Ahora recuerda incluso la visita de una inglesa, la hija de la familia, a la que su padre y ella miraban sin poder decir nada, porque ninguno de los dos sabía hablar inglés.

Pasaron algunos años y, aunque no hubo más visitas, siguieron mandándose cartas con regularidad. Después de algún tiempo, su madre murió. La familia siguió mandando cartas, pero ni su padre ni ella podían entenderlas, ni contarle a la familia que su madre había muerto, porque seguían sin saber inglés. Miraban los sobres y las hojas con pena, y después los tiraban, porque no había mucho más que pudieran hacer. Podrían haber buscado a alguien que supiera inglés, que pudiera escribir a la familia para decir que sus cartas ya no tenían destinatario, pero no lo hicieron. A ella no se le ocurrió, y a él... Bueno, quizá fuera demasiado duro buscar a un traductor para comunicar que su mujer ya no vivía. Con el tiempo, fueron llegando cada vez menos cartas, tal vez alguna tarjeta por Navidad, hasta que llegó un momento en el que ya no recibieron ninguna más. Posiblemente, los ingleses se cansaron de escribir a alguien que, obviamente, los había olvidado.

Han pasado los años, ella ha crecido y sabe inglés, pero no conserva ninguna de esas cartas. No tiene la dirección de la familia, y le duele pensar que no podrá decirles que su madre no los olvidó. Podría haber sido una de tantas amistades que mueren por la distancia, pero no fue así. Y ellos nunca lo sabrán.


><

Publicado el 15.02.06 en MSN Spaces-el sueño de la marmota.

1 comentario:

Dulce Locura dijo...

Es una historia triste... :(

Yo también mantengo el contacto con una familia inglesa, y cada año se va perdiendo, no por una causa tan triste como esta, si no porque se me está olvidando el inglés!!!



Un besazo